Pues veo yo eso de ser padres muy complicado, ¿eh? Pero mucho, mucho. Sobretodo, a estas alturas de vida, con los tiempos que corren. Y mucho más, cuando los chiquillos llegan a la edad adolescente, con lo jodía que es esa etapa ya de por sí.
Seguro que todos los padres del mundo darían cualquier cosa por que sus hijos se quedaran eternamente con la edad justa para llevarlos de la mano a todas partes... Pero no, los hijos somos todos unos desagradecidos, y nos da por seguir creciendo. Es que no tenemos vergüenza, vaya.
Al estrés y preocupación que supone que los críos quieran estar en la calle a todas horas y salgan por ahí, sabiendo de todos los peligros que hay fuera, tb hay que añadirle la falta de ganas o de ilusiones que tienen los chiquillos por las cosas... Pero claro, ni se les puede encerrar en casa, para evitarles ningún daño; ni se les puede dejar como casos perdidos, cuando empiezan a flaquear. Y lo que está claro es que hay que tener mucha mano izquierda con los chavales a esas edades.
Yo no tengo hijos (y por el camino que voy, no sé yo...), pero trato con muchos chiquillos adolescentes a diario. Así que lo suelo ver continuamente... A veces, parezco la madre de todos... Bueno, no, qué leche. Parezco la hermana mayor. Eso, sí, definitivamente, la hermana mayor suena mejor...
Vale... Es que hoy era el día de las notas. Viernes de Dolores, nunca mejor dicho... Y ahí tengo a mis alumnillos conectándose al msn, o llamándome por teléfono (qué detalle), para ponerme al día con sus resultados. Siempre lo hacen. Además, que si aprueban ellos, apruebo yo tb... Para mí tb es una satisfacción, la verdad.
Y ahí están, contándomelo. Y sí, hay de todo, como en botica. Porque sí, porque yo puedo pasarme todo el trimestre dándoles caña, buscando la manera de hacerles entender las cosas, esforzándome en conseguir que no se desanimen por una mala nota en un examen, pero luego son ellos los que tienen que apechugar...
Y claro, a veces los planetas no se alinean como deben y la gente suspende, a pesar de haber estudiado y todo eso. Y cuando la gente suspende, pues se puede venir abajo. Pero aquí nadie tira la toalla mientras yo pueda evitarlo. Además, que no, que no me da a mí la gana de que se den por vencidos... (No lo hace Luis Fonsi, lo van a hacer mis chavales... Amos, anda...)
Y eso que alguno me dijo ya hace un mes que iba a dar las matemáticas por perdidas porque no aprobaba ni un examen... Es que, es lo que tiene el bachillerato, claro, que las mates son algo más dificilillas que las simples tablas de multiplicar o las divisiones por dos cifras...
Y allí estuvimos su madre y yo, intentando hacerle ver que no podía hacer eso, que había que aprobar esa asignatura tb como todas las demás, y que no era cuestión de dejar las cosas a medias...
Recuerdo que como la mujer no dejaba de calentarle la cabeza (que a todos nos lo hacen de vez en cuando), él vino a mi lado con la carilla descompuesta, buscando apoyo. ¡Angelico! No pude hacer otra cosa que darle un abrazo mientras le decía que no se preocupase, que no le iba a dejar pelearse solo con las mates.
Digo yo que, después de tres cursos que hace que conozco al chiquillo y voy a su casa, la madre no pensaría que me dedico a la corrupción de menores, ¿no? Que al fin y al cabo, era sólo un abrazo de ánimo, porque estaba claro que al muchacho le hacía falta... Pero, joé, están las cosas como para tontear mucho, vamos...
Bueno, pues eso, que yo entiendo que a veces el desánimo les puede. A ver, si nos puede a los demás, ¿por qué no iba a poderles a esas criaturillas de 16 años, que no ven nada claro en su futuro, que no saben qué van a hacer con su vida y que se ven incapaces de conseguir algo? Si nos pasa a todo el mundo, aunque tengamos el doble de edad...
En fin... Y eso, que hoy lo he vuelto a ver. Es lo que tiene estar en mitad de todos los fregados siempre: Que no me pierdo ni una movida, claro...
La muchacha en cuestión llegaba a ver a su madre, que estaba en el trabajo, con las notas en una mano y con la solicitud para darse de baja en el instituto en la otra. Así, directamente. Además, que ya lo tenía decidido.
Pero, claro, venía en caliente, con las lágrimas saltadas y cabreá con el mundo. Estar repitiendo, y que encima, te queden asignaturas pues es lo que tiene. ¡Qué jodiíllo es el bachillerato, Señor!
Y allí estaba la madre para, con esa mano izquierda que decía antes, capear el temporal. Sí, porque es evidente que, en ese momento, es complicado acertar con las palabras, con la entonación, y sobretodo, con las soluciones... Y tampoco es cuestión de hacer que la chiquilla se encabezone más de la cuenta con su decisión, si encima se le empieza a tocar la moral, así que... -"Luego hablamos en casa, cuando estés más tranquila, y ya vemos lo que hacemos. No te preocupes"-. ¡Chapó!
Definitivamente... ¡Qué complicado es lo de ejercer como padres! Supongo que de eso no nos damos cuenta hasta que lo somos... Y yo me he dado cuenta sin serlo, así que digo yo, que algo llevo adelantado, ¿no?
Frasecilla célebre del día: "Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener piano no lo vuelve pianista" (Michael Levine)