martes, 25 de agosto de 2015

Mis recomendaciones veraniegas

Pues nada. Agosto se termina, y con él, el mes vacacional por excelencia. Lo digo por la gente que haya tenido vacaciones ahora, claro. Que yo, he estado desconectá una mijilla, pero tampoco me he ido de parrandeo por ahí, por el mundo, así que...

Lo que sí he hecho es leer mucho, que eso también mola. He leído tres historias, a cual mejor. De esas historias de más de 1.000 páginas, sí.

En realidad, desde enero para acá, llevo unos 25 libros leídos. O sea, que sí, que yo me cargo la media. Pero es que me encanta, así que no tengo mérito ninguno.

Pero ya digo que estos mesecillos de verano me he empapado de tres historias geniales.

La primera llegó a mis manos a mediados de junio.


La historia de una familia de judíos que son expulsados de Rusia a finales del siglo XIX y que se van a vivir a Tierra Santa. Explica muy bien el origen del conflicto entre judíos y palestinos.

No había terminado de recuperarme de esa movida, cuando me prestaron este otro tocho:


La historia que cuenta la rebelión de los moriscos en la Alpujarra granadina, y posterior expulsión de la península. Y cuyo personaje principal, Hernando de Juviles, se encuentra entre dos religiones por ser hijo de una mujer árabe y el sacerdote cristiano que la violó. (Muy cristiano no sería el payo, está claro).

Y sin darme tiempo a descansar de las historias, me prestaron el último, ya a primeros de agosto:


La historia de una mujer, Amelia Garayoa, cuyas andanzas tiene que investigar su bisnieto remontándose a la época en la que a ella le tocó vivir: La Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la construcción del Muro de Berlín, su caída...
De los tres, éste ha resultado ser el que más me ha llegado.

Y es que resulta que, leyendo estos libros, me he dado cuenta de la pena que me da cuando se acaba la última página. Le coges tanto cariño al personaje principal, y tanto odio a la gentuza con la que se encuentra por el camino, que entre unos y otros te hacen partícipe de todas su peripecias. 

Y me pasa siempre que cuando me quedan menos de 50 páginas, me cuesta más continuar leyendo. Porque no, porque no quiero que se acabe. Porque cuando se acaba, ese personaje se va. Y eso no me mola.
Es verdad. Es como si las criaturas cuyas vidas e historias lees, se hubieran hecho amigos tuyos, y supone un esfuerzo enorme dejar que se vayan.

Lo bueno de todo esto es que, de una forma o de otra, una parte de ellos se queda contigo para siempre.
:)


sábado, 8 de agosto de 2015

En aquellos tiempos...

El otro día, con el mando de la tele en la mano, me vino a la memoria cuando era una cría y la tele era otra cosa.

Sí, porque bueno, ¿recordáis cuando sólo había un canal? ¿Recordáis que, además, empezaba a las tres de la tarde?

Me acordé de los dos rombos que aparecían en la esquina superior derecha, y que nos obligaba, sí o sí, a irnos a dormir.

Me acordé de la carta de ajuste al término de cada emisión. Y luego también recordé el himno español, que seguramente entonces, no hería sensibilidad ninguna. Ahora parece que sí, y si todavía saliese, afectaría a muchas criaturicas españolas, que no soportan ni su himno ni su bandera.
(Cosa que no entenderé nunca, pero bueno).



Me acordé, además, que había programas para todo el mundo. El "Barrio Sésamo" para los críos; "el parte" para los mayores; "El hombre y la tierra" para los amantes de la naturaleza; "Tocata" para los melómanos...
No sé, lo pienso ahora, y es que había para todos. Actualmente, con más de 30 canales, la mitad de las veces no hay nada decente que ver.

Me acordé también de cuando por fin se empezó a emitir por las mañanas. Jesús Hermida fue el pionero y el que dirigía el programa matinal. 
Y me acuerdo de que cuando yo tenía 10 años, conocí la primera telenovela en televisión: "Los ricos también lloran". Empezaba sobre las nueve y media de la mañana. Terminaba a las diez, y llegábamos tarde todos al colegio. Hasta el maestro que teníamos aquel año llegaba tarde.
Sí, las telenovelas enganchaban ya entonces. Pero ahora ya no me dejo "engatusar". 

En fin, que sí, que lo pienso ahora y sé que sólo con un canal éramos más que felices. Era lo que había y punto. Ahora, con tanta supuesta variedad, me da una pereza ver la tele que pa qué.
:)