miércoles, 29 de diciembre de 2010

Se acaba...

Pues nada, otro año que se acaba y se nos va.
No entra, ni mucho menos dentro de mis planes, hacer balance de este 2.010. No, porque tengo que reconocer que, para mí, no ha sido muy bueno precisamente. Vamos, no ha sido nada bueno. Vaya, que ha sido un año cabrón, para qué darle más vueltas...

Lo único bueno que ha tenido el año ha sido...
Un necesario cambio de aires, el 17 de mayo,


Un subidón de adrenalina, el 11 de julio,

Una emoción sin igual, el 31 de agosto,

Y algún que otro espectáculo en el Cielo, durante el día...


O durante la noche...




Vamos, que está claro que las únicas veces en las que he estado realmente bien, tranquila y en paz conmigo misma, y con el resto del mundo, han sido momentos que siempre han tenido que ver con los sentimientos y con las emociones; con las risas, las sonrisas y con la gente.
¡Pos claro que sí! ¿Es que alguien lo dudaba? :)

Pero es que da la casualidad de que, justo con eso mismo, han tenido también que ver los muchos días (demasiados días) jodíos de este año. Sí, también con los sentimientos y las emociones. Pero, claro está, con sentimientos y emociones negativos.
Con las decepciones, desilusiones y desengaños de personas que no te esperas...
Con las mentiras y falsedades de quien aseguraba que nunca te engañaría...
Con la resignación de que, por mucho que lo intentes, siempre hay algún otro que se lleva el premio...
Con la frustración que produce la confianza convertida en desconfianza...
Con la dichosa sensación de no aprender nunca y tropezar una y otra vez con la misma piedra...
Vamos, sí, un año como pa tirar cohetes, ya veis...

De todas formas, se acabó. El 2.010 se apaga, y con él, todas sus malas artes para chincharme. O bueno, para chincharnos, si es que vosotros también habéis tenido la visión de que el año se os cachondeaba en tó la cara. :)

Y ahora, pos bueno, tenemos todo un año por delante para darle caña y comérnoslo con patatas; para intentar cumplir todos nuestros sueños y todos nuestros deseos (aunque luego haya que inventarse otros nuevos); para seguir aprendiendo cada día con las lecciones que nos da la vida (aunque luego se nos olviden y las tengamos que re-aprender); para vivir al máximo cada segundo como si fuese el último (aunque también se nos olvide y de vez en cuando nos lo tengan que recordar)...

Pero vaya, que digo yo que en realidad, se trata de eso. De seguir ahí, siempre, contra viento y marea; con tó lo que nos echen, sea eso lo que sea...

Y es que, sí, eso es justo lo que espero:
Que sigáis ahí conmigo en este 2.011 también.
Que seáis felices todos los días del año. Pero todos, ¿eh?
Y que se cumplan, de verdad que sí, todos vuestros anhelos... Pero todos todos, ¿eh? :)
Ale, gente, ¡un beso mú grande y mú enorme!


P.D: Todas las fotos del post las he hecho yo. Bueno, la de "¡Iniesta de mi vida!" no. Ya me hubiera gustado a mí estar allí en ese momento, ya... Y la de las copas tampoco, que yo sólo la he "tuneao" una mijilla. :)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Ya sí...

¡¡¡Gente!!! ¡Que ya está aquí! ¡Que ya ha llegado! ¡Ya sí!
Y es que, para mí y desde siempre, la Navidad ha empezado el día de las notas y el del Sorteo Extraordinario de la Lotería... Vamos, que me da igual lo que lleve diciendo el Corte Inglés desde hace dos meses... Que para mí la Navidad empieza el día que oigo cantar los números de la suerte a los churumbeles del Colegio de San Ildefonso... ¡Pues eso!

Así que, ya está aquí. O sea que... ¡Feliz Navidad a toítos!
Que paséis unos días de fiesta estupendos.
Que disfrutéis en compañía de vuestras familias y vuestros amigos.
Que se cumplan todos vuestros sueños y vuestros deseos.
Que Papá Nöel os traiga muchas cosicas, si es que habéis sido buenos. Y si no, ¡pos también! Vayamos a andarnos ahora con tonterías ni ná, ¡hombre ya!
Y que como dice una amiga mía, que aprovechéis el momento. Sí, que aprovechéis cada instante que vivimos, que esos no se vuelven a repetir jamás. Y si lo hacen, nunca serán de la misma manera. Cada momento es único... Así que, eso, a disfrutar de cada minutillo que la vida nos regala, ¿eh?

Ale, un beso mú enorme y mú navideño para tod@s.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Retales de mi vida...



Eso digo yo, ¿dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité?
¿Dónde estás ahora, cuando realmente me haces falta?
¿Dónde estás..., que ya no estás...?


martes, 14 de diciembre de 2010

Esas cosillas que me cuentan...

Esto de dar clases de apoyo a los chavales por las tardes tiene su aquél. Sí, porque me cuentan cada cosa que, a ratos, lo flipo...

Y es que, aparte de intentar que entiendan la jodía trigonometría, la puñetera estequeometría química o el dichoso estilo indirecto del idioma de Shakespeare, consigo que se genere una confianza y una complicidad que va mucho más allá de una simple clase particular, y en la que después siempre me buscan para contarme algo y para saber qué opino yo de ciertos temas y de ciertas cosas. Que no os imagináis cómo tengo el msn y el tuenti de mensajillos de ellos... Cosa que, por otra parte, me llena de orgullo y satisfacción, todo hay que decirlo... :)

Y es que, claro, los chiquillos no me ven como ven a sus padres (que estoy convencida de que ellos no se enteran de la misa la mitad de sus historias), pero sí me ven lo suficientemente mayor como para que les interese saber cómo veo yo las cosas que les preocupan, o las cosas que viven... Y es lo que yo les digo:
-"Pero, josmíos, si a mí me dais cien mil vueltas, criaturas..."-.


Bueno, pues eso, que el otro día uno de mis alumnillos me dejó "cuajá". No me sorprenden, porque ya nada de lo que me digan me sorprende, pero sí que me dejó ahí, cavilando...
Es un crío al que conozco desde siempre, porque vive al lado de mi casa. Lo he visto crecer, como quien dice. Pero ahora ya tiene 17 años. Ya es un tío... O, bueno, eso se cree él.

El caso es que, en mitad de la clase de inglés que estábamos dando, me contó que el día anterior lo había dejado con su novia, con la que llevaba saliendo un año. Yo le dije que no parecía que le hubiese afectado mucho, después de estar un año juntos. Y me dijo que no, que bueno, que igual volvía con ella después del fin de semana, pero es que quería salir de fiesta y quedar con la otra...
Le miré directamente y pregunté (ingenua de mí):-"¿Qué otra?"-. Y él:-"Bueno, es que con mi novia llevo un año, pero con la otra llevo 7 meses..."-. Y ya no me pude callar:-"Ay, niño, con lo buena gente que eras tú hace ná, y lo cabroncete que te has vuelto..."-. Y ya nos echamos a reír los dos.
Y siguió:-"Es que yo quiero vivir la vida y soy todavía muy joven, ¿no? Mi novia me ha dicho que me quiere mucho y eso... Pero claro, si este finde ella también se va de fiesta, me va a sentar muy mal que ella salga por ahí... No sé, dime qué piensas tú"-.

Y yo, ¿qué iba a pensar? ¿Que era un cabrón desalmado? ¿Que no pensaba en nadie nada más que en él? ¿Que encima de hacerle la pirula a su novia engañándola con otra, él se iba a sentir dolido si se enteraba de que ella había salido a divertirse también en vez de quedarse en su casa llorando porque su novio la había dejado el día de antes? ...

Pues sí, justo eso fue lo que pensé, ¿para qué os voy a engañar? Pero tampoco le dije las cosas así, claro. Y es que me salió la vena moralista, ésa que me sale de vez en cuando.
Que, a ver, yo no le monto el pollo a ningún chiquillo, y menos cuando me cuentan algo en confianza (por muy heavy que sea, que algunas veces no os digo ná de las cosas que me entero), pero sí les digo las cosas para que ellos las piensen y se den cuenta.

Así que simplemente le dije que me parecía muy bien que quisiese pasarlo bien y divertirse, pero lo ideal era hacerlo sin jugar con los sentimientos de la gente ni haciéndole daño a nadie.
Le dije que cuando fuese un político o algún otro cargo público, podría engañar y mentir todo lo que quisiera, pero ahora, ¿pa qué? (Aquí nos volvimos a reír).
Le dije que la vida da muchas vueltas y que, tarde o temprano, todo saldría por algún lado. Y que seguramente cuando fuese él el que quisiese de verdad a alguien, le podrían hacer la misma trastada... Le gustó el refrán ése de "quien a hierro mata, a hierro muere"...
En fin, eso es lo que le dije. No sé qué habrá pasado después...
Porque, bueno, tengo que decir que los chiquillos por lo menos me escuchan. Luego harán lo que les dé la gana, sí. Pero por lo menos, se paran a escuchar...
Digo yo que algo les llegará a algún rinconcillo recóndito de su conciencia... O eso espero... :)

PD: Otro día contaré las conversaciones que tenía con una cría a la que di clase cuando ella tenía 9 años. Uff, esto sí que era traumático. Es que no os podéis ni imaginar por dónde me salía la criaja ésa cada día... Aunque, bueno, supongo que aquello me sirvió de entrenamiento para que ahora no me sorprenda ná de ná de lo que me cuenten los chiquillos... Eso sí, por aquel entonces, con la chiquilla ésta, yo terminaba estresá de cada clase con ella. -"Niña, esas cosas háblalas con tu madre, haz el favor..."-.
Esta cría sí que era una adelantá a su tiempo y lo demás son cuentos...

jueves, 9 de diciembre de 2010

Imagina

Puede que nos gustase más o que nos gustase menos... O puede que nos cayese mejor o peor...
Puede que su vida nos pareciera extravagante o puede que nos pareciera controvertida...

Pero la cuestión es que ayer hizo 30 años de su muerte y su música no se ha dejado de escuchar en ningún momento.
Y yo, que tenía 5 años cuando fue asesinado y no tenía ni idea de quién era por aquel entonces, ahora puedo decir que sí, que conozco toda su música y todas sus canciones.
Está claro que eso es lo que ocurre con todos los genios que pasan y dejan su contribución, ¿no?

Su himno sigue sonando continuamente. Utópico como el primer día, sí, es verdad, pero ahí sigue. Y su mensaje sigue vigente treinta años después.
Vamos a darle una oportunidad a la Paz...


domingo, 5 de diciembre de 2010

Reivindico el espejismo...

A ver... Soy de las que piensan (y siempre he pensado), que la verdadera belleza está en el interior. Claro, que eso es evidente que nos pasa a todos los feuchos. Imagino que para consolarnos o algo.
Pero es que siempre he tenido la certeza de que hay cosas más importantes, ¿no? Que no todo se basa en una cara bonita ni en un cuerpo espectacular... Porque luego te llevas cada sorpresa con la gente con la que te encuentras, que aprendes a no juzgar a las personas sólo por el envoltorio. ¿Sí o qué? Voy bien, ¿no?

Y es que estaréis de acuerdo conmigo en que hay gente que nos parecen tan guapos, que nunca nos ha hecho falta fijarnos en cómo son físicamente. Es más, es que a veces, no hemos necesitado ver a esas personas ni una sola vez para saber lo guapos que son. Quizá porque nunca hizo falta verlos con los ojos ya que siempre los hemos mirado con el corazón.
Vamos, lo que me pasa con vosotros, que tengo clarísimo que sois más guapetones tós que pa qué... :)


Y es que, sí, aunque suene a tópico, la verdadera belleza no se lleva sobre la piel. Lo cual, dicho sea de paso, mola, porque así, los menos agraciados podemos sobrevivir en este mundo de locos, que sólo se dedica a machacarse en los gimnasios o a entrar en los quirófanos por esa manía absurda de encontrar la perfección. Cuando todos sabemos y es perfectamente evidente, que la perfección no existe. Al menos, de una manera objetiva.

Siempre he tenido claro que lo realmente importante es ser una buena persona, y que lo demás importa menos. Sin embargo, todavía hay momentos en los que parece que eso es secundario y todo el mundo desearía tener un perfil griego o unas medidas espectaculares.
De todas formas, la belleza es tan subjetiva que para lo que unos es la "belleza suprema", para otros no deja de ser una cosilla del montón, "que tampoco era para tanto". Digo yo que si todos fuésemos iguales y tuviésemos los mismos gustos para las personas (o para las cosas en general), sólo tendrían éxito unos pocos. Pero lo cierto es que, en contra de lo que pueda parecer algunas veces, el mundo no gira en torno a la belleza externa. Quizás porque todos tenemos claro lo efímera que es, y que en realidad, siempre perdurarán otras cualidades.Y además, ya lo decía Ortega y Gasset cuando aseguraba que la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora. Y jo, si lo dice un filósofo, habrá que hacerle caso, ¿no?
Bueno, pues esta teoría de la que yo me siento orgullosa, mi hermano la conoce (porque me ha oído argumentarla siempre) pero no la comparte. Ya sabeis, el cabroncete de mi hermano. Claro que él no tiene ese problema porque es bastante guapo.
Cuando sale alguien en la tele que no es precisamente un "adonis", el niño siempre me dice:-"Anda, físicamente, dime algo bonico que tenga ése"-.
Y le puedo hablar de la mirada, de la sonrisa, de las manos (que es lo primero que siempre me llama la atención de la gente)... Pero no hay forma de convencerlo. No, porque hoy el niño me ha mandado un correo con una foto y con un mensaje:-"Si le encuentras algo que valga la pena, te invito a una cerveza"-.

Siento decir que me he quedado sin cerveza...

P.D: Yo, sinceramente creo (quiero creer), que esta foto es un montaje... Pero si no lo es, sinceramente quiero creer que a buena persona no le gana nadie a esta criatura...

martes, 30 de noviembre de 2010

¿Famoso?

A ver, pregunta... ¿Alguno de vosotros tiene un culo famoso? ¿Sí...? ¿No...?
Ná
, si es sólo por curiosidad. Porque da la casualidad de que el mío sí que lo es... ¡Mía tú qué pava! ¡Y yo sin enterarme! Hay que ver qué cosas más raras, ¿eh?
Amos a ver, que os lo voy a contar...

Resulta que hace mil años que no me compro un chándal, de esos de dos piezas. Desde que teníamos educación física en el instituto creo que no me compro ninguno. Y salir a la calle con uno, si no voy a hacer algo de deporte, ni de coña. Vamos, que ante todo, una mijilla de glamour, que una ya tiene una edad...
Lo que me compro ahora son las sudaderas por un lado y los pantalones o las mallas por otro. Chándal ya os digo yo que no recuerdo ni el último que tuve, porque es que además, siempre pasaba lo mismo: Se rompían los pantalones antes que las chaquetas, y para eso, pues mira, lo que estaba diciendo, pantalones por un lado y sudaderas por otro.
Y es así, en plan cómodo, como suelo estar en mi casa.

Bueno, pues resulta que a finales del invierno pasado, cuando ya no me hacían falta, me compré unos pantalones de chándal, mú suavicos y mú forrados de felpa por dentro. Me compré sólo los pantalones, porque sudaderas tengo por un tubo. Pensé que me harían un buen uso para soportar los envites de los inviernos venideros... Que por estas latitudes, supongo que os imagináis la mala leche que tienen.

Vale, pues el otro día saqué el pantalón del armario y me lo puse después de ducharme. ¡Qué calenticos y qué cómodos son! ¡Y qué pereza da quitárselos después!
Sí, porque tuve que salir de casa un momento, y aunque siempre me cuelo unos vaqueros cuando tengo que hacerlo, decidí que tampoco pasaría nada por ir en chándal al súpermercado. Además, que los vaqueros están mú fríos los cabrones.
¡Ja! ¿Quién me mandaría a mí...?

Antes de llegar al súper, están arreglando una calle, y claro, algún albañil con ganas de guasa te encuentras. Pero yo sólo oí:-"Ven acá, que sólo quiero que me firme un autógrafo, anda"-.
Ni siquiera sabía que se refería a mí. Oí como los otros albañiles que estaban allí se echaban a reír. Y el hombre volvió a intentar llamarme la atención:-"¡Morena! ¿En serio que es famoso? ¿Me dejas que me haga una foto con él?"-. Y ya los miré... Y sí, coño, ellos también me estaban mirando con la sonrisilla picarona. Y yo pensando:-"Ah, pues sí, es a mí"-.
Puse cara de no entender y pasé de largo. De vuelta a mi casa, me fui por otro camino. No me apetecía volver a pasar por delante de ellos y que siguieran con el cachondeo.
Hay ratos que hasta una sabe que es mejor que no se te cruce nadie. Ni siquiera un albañil graciosillo, con su cuadrilla de graciosillos alrededor.

Volví a mi casa y me fui a un espejo. ¡Porras! ¡Que sí! ¡Que es famoso!
No me acordaba yo de ese reclamo (por llamarlo de alguna manera) cuando los compré. ¿Y cómo es que no lo vi cuando los saqué del armario el otro día, coñio?

¡Cagontó!
Evidentemente, cuando llegó mi madre le tuve que decir que me hiciera una foto. -"Mami, esto hay que contarlo, que seguro que no todo el mundo tiene un culo famoso. Vamos, la Jennifer López y para de contar..."-.
Pero vaya, que no vuelvo a salir a la calle con esos pantalones si yo puedo evitarlo. ¡Vamos, hombre! ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Eso sí, luego no pude evitar pensar también:-"¡Joé! Los albañiles estos sabían hasta inglés... Digo, digo, ¡la preparación! Seguro que para hacerse entender con las extranjeras que pasen por delante de la obra, claro... ¡Ande hemos llegao, desde que 'semos' europeos, oyes!"-...
:)

jueves, 25 de noviembre de 2010

Si te he visto...

Pues hace una semana ya que tendría que estar trabajando en el laboratorio de la empresa, como todos los años de los últimos cinco. Sí, que ya hace una semana que empezó la campaña...
Pero resulta que no, porque este año mis jefes han decidido prescindir de mí y buscarse a otra muchacha a la que poder mangonear mejor de lo que ya podían conmigo.
Ea, es que yo ya no me dejaba. Y más, después de tanto tiempo sin verle futuro a mi estancia allí.

Es que he estado ocho años en la empresa, contando con el verano de prácticas tuteladas de 2.002. Ocho años, que se dice pronto.
He tenido contratos que han durado sólo 14 días y contratos que han durado 4 meses. Eso sí, con un tiempo prudencial entre contrato y contrato para que a mí no se me ocurriese, ni por asomo, acostumbrarme a estar allí.
He empezado a trabajar un viernes, para luego, al firmar mi contrato, ver que empezaba a contar desde el martes siguiente.
Me han llamado para empezar de un día para otro, y de la misma manera, me han echado de un día para otro... -"Mañana ya no vengas, que ya has terminado"-.
...

Y es que, claro, al principio cuando me llamaban, lo dejaba todo para estar allí. Cursos que estaba haciendo, clases particulares que estaba impartiendo... Pero en vista de lo que iba viendo, dejé de hacerlo. Así que cuando me llamaban para trabajar, y sabiendo que me echarían cuando ya no les hiciese falta, las clases no las volví a dejar. Al fin y al cabo, era lo único seguro que tenía, ¿no?

La cuestión es que al principio les pareció bien que sólo fuera por las mañanas para que yo pudiera seguir con mis clases por la tarde. Pero últimamente ya no les hacía tanta gracia. Y que yo no quisiera ir los sábados, les hacía mucha menos gracia... Hay que joerse...
Es que para ellos era una contrariedad que yo no estuviera disponible cuándo y cómo a ellos les saliese de las narices.
Porque yo pensaba:-"A ver, si me vais a echar sin miramientos cuando ya no os haga falta, ¿tengo que echar más horas que un tonto o ir los fines de semana sabiendo como sé que no va a servir para nada?"-. Además, joé, que yo no iba a heredar de ninguna de las maneras el chiringuito. Eso, ellos, que para eso son los dueños.

No sé. Vosotros me entendéis, ¿no? Igual me estoy equivocando de cabo a rabo, no lo sé... Pero es que esta situación llega a cansar y mucho, cuando ves que no te tienen en cuenta pa ná.
Porque es que, a ver, yo me puedo partir la cara por la empresa si la empresa hace lo propio conmigo, ¿no? Si no, ¿pa qué?
Lo que pasa es que para la empresa yo siempre he sido un gasto que nunca podía asumir. Que esto no me lo invento, ¿eh? Que son palabras textuales de una de las muchas veces que me echaron... ¿Os lo podéis creer? En aquel momento me sentí como un aparato de aire acondicionado que se estropea en pleno mes de agosto, en el momento económico más jodío y más inoportuno. -"Porras, no, ahora no, que no tengo un duro, coñio"-. Pues yo igual.

Bueno, el caso es que me enteré hace más de una semana porque la Wiza me contó que estaban buscando a alguien. No porque ellos quisieran hablar conmigo para preguntarme a mí primero si había cambiado de idea con sus condiciones, qué va. Y al pronto pues me sentó fatal. Sí, porque, aunque yo ya lo sabía, se me hizo demasiado evidente que nunca he contado para nada, que nunca he formado parte de esa empresa y que siempre he sido el último mono, a pesar de todo el tiempo que he estado rulando por allí.
Pero bueno, después pensé lo típico de que no hay mal que por bien no venga, o lo de que cuando se cierra una puerta se abre una ventana, o incluso, lo de arrieritos somos y en el camino nos encontraremos...
No sé, decidme más cosas, anda... :)

P.D: Es que se me ha olvidado otro refranillo que también viene como anillo al dedo: A todo cerdo le llega su San Martín...
:D

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Quién dijo... qué?

A ver, ¿quién dijo que con cuatro años las criaturas no tenían pasado, eh? ¿A quién se le ocurrió decir que si nos hubiéramos conocido en preescolar, todos estaríamos en las mismas condiciones porque todos habríamos vivido más o menos lo mismo?
Coño, a ver si fui yo la que lo dijo en la entrada anterior... :)

Bueno, pues la cuestión es que, como siempre, me equivocaba. Que hay churumbeles que ya antes de salir de la guardería (en algunos sitios lo llaman kinder), han sufrido el primer desengaño doloroso de su vida. Y si no, atención al vídeo...



Me da penilla el príncipe azul de chocolate. Es que se le ha caído todo su mundo al suelo. Y le viene grande la situación. Tanto, que ni el abrazo de una madre puede consolarlo.
Porque sí. Porque le rompió el corazón la maldita Tracy...
Porque cree que ya nunca más volverá a tener novia...
Porque piensa que ya nunca se va a casar...

No me digáis a mí que la criatura no siente de cerca y de verdad la decepción y el desamor. Que todos creemos que eso es cosa de gente más mayor. Pero no, no es verdad.
Que lo podemos ver desde fuera y nos hace hasta gracia, pero imaginaos cómo se siente el chiquillo.
Joé
, que es que para él, Tracy era la mujer de su vida y no se imagina con otra novia... ¿Es o no es tierno?
Angelico, el príncipe azul de chocolate...
:)

¡Feliz semana, gente!

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sólo le pido...

Creo que no digo ná del otro mundo cuando afirmo que todos hemos tenido nuestras historias en la vida. Y a estas alturas de existencia, cuando conocemos a alguna persona nueva, nunca podemos saber todo lo que seguramente arrastra con ella.

Cada uno de nosotros hemos tenido vivencias, hemos tenido movidas y experiencias, buenas o menos buenas, pero todas al fin y al cabo, nos han hecho ser como somos ahora, en este momento.
Habrá quien haya tenido una vida más fácil, y habrá quien la haya tenido mú complicá. Pero todo lo que decimos, lo que pensamos, lo que sentimos... Todo eso forma parte de nosotros y de nuestras experiencias.
Y claro, nadie puede venir a decirte cómo tendrías que ser, qué tendrías que pensar o qué tendrías que cambiar... ¿Pero tú qué sabes de mi vida, tí@? Si me acabas de conocer...

Y es que, a estas edades ya, estoy convencida de que a todos nos han partido el corazón alguna vez, (o varias veces, según los casos); a todos nos han decepcionado personas que en la vida pensaríamos que lo harían; todos hemos tenido malos ratos, sinsabores, frustraciones... Cada uno los nuestros, porque a cada uno nos afectan las cosas de una manera diferente. Al fin y al cabo, cada uno somos un mundo, y a todos no se nos llega de la misma manera, claro.
Pero en algo sí que coincidimos todos: Cada cosa que hemos vivido durante nuestra existencia nos ha convertido en lo que somos ahora.
Que si nos hubiéramos conocido en preescolar, con 4 años, pues prácticamente todos estaríamos en las mismas condiciones, porque apenas tendríamos pasado... Pero ya tan grandes, pues...

Y bueno, digo todo esto porque tengo la sensación de que cuando empecé con el blog, me resultaba más fácil escribir. No os conocía, no me conocíais, y podía escribir de lo que me diese la gana.
Y ahora que os conozco, que algunos lleváis dos años conmigo, que ya me parecéis amigos de toda la vida, y que seguramente me conocéis mucho más que alguna de la gente a la que veo a diario, pues me cuesta más explayarme.
Pero no me interpretéis mal. No me cuesta escribir porque me importe que sepáis mis cosas y lo que pienso o lo que siento en un momento dado. No es eso. Es que os preocupáis si yo tengo (o parece que tengo) un día tonto, y eso como que sí que me fastidia un poquillo. Porque digo yo, ¿qué necesidad tenéis vosotros de eso?
Aunque, bueno, eso también va a ser porque me queréis y no os caigo muy mal del tó, ¿no? :)

Y es que, antes de tener blog, no se enteraba nadie de cuando la Lou estaba regular. Porque ésa es otra, yo siempre estoy de cachondeo, siempre me estoy riendo, siempre estoy cantando, aunque el día esté siendo un cabroncete sin sentimientos...
Como hoy, que no es que el día haya sido un cabroncete sin sentimientos, si no que me he puesto a cantar en mitad del supermercado a grito pelao, la canción que estaba saliendo por el hilo musical... -"... Sólo le pido a Dios, que el futuro no me sea indiferente...-". Y la gente asomándose por los pasillos de estanterías para saber por dónde andaba el loro. Y el loro, la Lou, sin cortarse un pelo:-"Soy yo... Estoy aquí"-. Si es que no tengo remedio... Y tampoco vergüenza. Queda claro, ¿no? :)

Pero eso, que yo normalmente canto, me río, revoluciono al resto del mundo... Esto, sobretó esto, me encanta.
Pero bueno, que también hay ratos en los que tengo una décima de segundo (o quizás, un minutillo entero) de nostalgia o de melancolía, imagino que como todos. O un día jodío de los de verdad, también imagino que como todos...
Y entonces, pues parece que me pongo muy seria, y me da por escribir algo o por subir una canción, porque una estrofa me recuerda algo o a alguien (sobretó a alguien, que esto suele ser lo más habitual). Es lo que tiene el blog, que es una especie de ventana al viento...
Pero vaya, que de todas formas cuando eso pasa, que sepáis que yo sigo cantando y riéndome, ¿eh? Digo, digo... ¡Con lo que a mí me gusta!
:)
Gracias por estar ahí, siempre...


lunes, 15 de noviembre de 2010

Testamento (I)


... Le debo una canción a lo que supe,
a lo que supe y no pudo ser más que silencio:
le debo una canción, una que ocupe,
la cantidad de mordaza, amor, de un juramento...



miércoles, 10 de noviembre de 2010

Encantador español de perros

Pues resulta que mi hermano tiene la simpática teoría de que mi familia es una manada y de que él es el macho alfa de la misma. Yo estoy convencida de que a este niño se le ha ido ya el perol pero del tó.
O eso, o que los domingos no tiene ná que hacer por las mañanas y se dedica a ver "El encantador de perros" en Cuatro.
Yo sinceramente creo que César Millán le ha sorbío el seso. Si es que mi hermano alguna vez, tuvo una mijilla de seso, claro.

De todas formas, lo peor de todo es que le ha metido en la cabeza a la Frida... Os acordáis de la Frida, ¿no? Sí, sí, la cocker spaniel ésa que vive por aquí...

Bueno, pues eso, que le ha metido en la cabeza a la Frida, supongo que en alguna de esas charlas que tiene con la perra poniendo en práctica lo que aprende de César Millán en cuanto a psicología canina, que ella está por encima de mí en la jerarquía familiar. Además, que encima el tío me lo explica a mí así:-"Mira, pa que te enteres... En esta familia, primero está papá; luego va mamá; detrás voy yo; después está la Frida, y por último, estás tú"-. Y se queda tan pancho...

Tengo que decir que mi hermano es dos años menor que yo. Vamos, que sí, que será menor que yo, pero ya es un tío y tiene los wevecillos negros. Así que, ni os imagináis la cara de imbécil que se me quedó ante tal declaración de intenciones. ¬_¬
Será que se aburre y se dedica a buscar la mejor manera posible de darme por saco y tocarme la moral, porque si no, es que no me lo explico.
Y yo, que siempre he dado por hecho que este niño es adoptado, que no me lo han confirmado pero yo siempre he tenido mis sospechas, pues ya me lo acabó de demostrar con ese amor filial que me tiene.

Pero lo peor de lo peor, lo que ya no tiene nombre, lo que ya es pa mear y no echar ni gota, es que la Frida es consciente de su rango en la familia. Pero tanto, que cuando le llevo la contraria, le digo algo que no le cuadra, no le doy la galleta que ella cree que le tengo que dar o le cierro la puerta en las narices, me pone esta cara.

Sí, así como diciendo:-"Me estás cabreando..."-. Bueno, y me chilla, me gruñe, se me abalanza histérica ladrándome... ¿Será cabrona?
No me digáis que no es para echarle de comer aparte... Sí, sí, y a la Frida también.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El Suspiro del Moro

El Suspiro del Moro es un puerto de montaña situado a 12 kilómetros al sur de Granada, y desde donde puede verse la ciudad de la Alhambra por última vez, si vas por esa ruta.

Imagino que ya lo sabéis, pero se llama así porque cuando los Reyes Católicos tomaron el Reino de Granada en 1.492 y desterraron al último rey musulmán y a su séquito, fue allí donde el rey Boabdil el Chico se paró para observar por última vez su Palacio. Y claro, se echó a llorar por todo lo que había perdido.
Fue entonces cuando su madre, la sultana, le soltó aquella famosa y lapidaria frase de:-"Llora. Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre"-.
Que bueno, que hay que reconocer que una mijilla machista sí que era la muchacha, por muy sultana que fuera, ¿eh?
Porque a ver, ¿qué pasa? Que los hombres no lloran, ¿no? Pero claro, hace más de cinco siglos de esto, así que, ¿qué podíamos esperar? Si es ahora, y algunas veces...
Bueno, ya está, joé, que me salgo del tema.

Vale, la cuestión es que ésa era la versión oficial de la historia. Y hasta ahora, la única que yo conocía. Pero es que resulta que hay otra versión de la que yo no tenía ni pajolera idea. Y ésta es, la versión calorra. O sea, la versión gipsy. Sí, vamos, la versión gitana.
La he oído hoy y no he podido dejar de reír en todo el día, porque ha sido digna de una clase magistral, vaya.

A ver, yo iba en el autobús tranquilamente a mi bola, y detrás de mí iba un gitano, granaíno cerrado, y de esos cuya voz
rayan la contaminación acústica. Él iba hablando con una muchacha. No se conocían de ná, eso era evidente, pero yo siempre he dicho que el autobús sirve, entre otras cosas, para hacer vida social. Y otra de las cosas para las que sirve es para enterarte de la vida de tó el mundo. Vamos, que me he enterado de a qué sitio tenía que ir él, cuántos hijos tenía, qué carrera estudiaba ella en la Uni... Pues eso, que todo el autobús íbamos pendiente de la conversación porque ya os digo que era imposible no oírlo hablar.

Bueno, el caso es que no sé cómo ha llegado el tema, pero al mencionar el Suspiro del Moro, le dice él a ella:-"Neeeena, ¿tú zabeh por qué ze le llama azín a eze zitio?"-.
Ella, que estaba muy entretenida con la charla, le dice:-"Pues la verdad es que no"-. Supongo que sí que lo sabía, pero le ha dicho que no para escuchar su explicación. Cosa que, y dicho sea de paso, estábamos deseando todos los demás también, porque la gracia que tenía el gitano hablando no se puede relatar.
Y él:-"Po yo te lo vy a contar ahora mimmitico, en una volá"-.
Tengo que decir que el gitano utilizaba palabras muy suyas, ¿eh? Bueno, y alguna muy mía también, todo hay que decirlo. El idioma granaíno es lo que tiene: Que se utiliza mucho por aquí...
Algún día hablaré de los términos y vocablos más típicos.

Pero hoy sólo os voy a transcribir la explicación tal y como él la ha contado. Porque además en ese momento, se ha quedado todo el autobús callado para enterarse bien de lo que iba a decir... Y esto ha sido lo que ha dicho:
-"Cusha, nena... Había una vez un moro llamado Bed-Jazmín (el gitano lo ha dicho así, tal cual), que cuando los payos lo esharon de aquí de Graná y ze tuvo que ir, ze paró en eze zitio y ze puzo a zuspirar y a llorar. Y entonces la madre lo cohió y le diho:
-"Pero, peazo de
hío de la gran puta, ¿ahora lloras por lo que tan quitao los payos? ¡Po haberle eshao cohoneh!"-.

Mirad. No os podéis imaginar la carcajá general que se ha oído en todo el autobús. Ni el conductor podía parar de reírse. Y es que, estoy convencida de que absolutamente nadie, conocía esta versión de la historia de Graná...
:)


domingo, 31 de octubre de 2010

Dos mesecillos...

Ahora, con la perspectiva del tiempo pasado, me planteo muy seriamente que si hubiese estado en mi mano hacerlo, pues igual este año habría borrado el mes de agosto del calendario. Así, ale, de un plumazo. Vamos, que si hubiese podido, habría saltado de julio a septiembre y no me habría importado ná de ná perderme un mes.

Y es que agosto fue un poco asquerosillo. Por no decir una buena mierda, con perdón.
Digamos que yo, que venía arrastrando una jodía mala racha desde abril, si no antes, pues en agosto se intensificó y toqué fondo. Eso se tradujo en explotar en el peor momento posible, de la peor manera posible y con la persona menos indicada. Aunque, por lo visto, eso es una ley universal siempre...

A punto estuve de perder a alguien muy importante por aquellas fechas.
A punto de llevarme por delante todos mis principios y todos mis valores.
A punto de cargarme una amistad de las que yo atesoro como oro en paño.
A punto de dar un carpetazo del que me habría arrepentido el resto de mi vida...

Y es que, todavía me acuerdo, y ni siquiera sé quién coño era aquella personaja que se metía en mis zapatillas por las mañanas. De hecho, es que también me acuerdo de quedarme en algún momento así como en stand-by y pensar:-"Joder, Lou, que tú no eres así"-.
Además, que la persona que yo esperaba que estuviera ahí, en el momento chungo, pues no estuvo realmente. Y casi fue peor el remedio que la enfermedad, porque yo fui a decirle cómo estaba y cómo me sentía, pero no sirvió absolutamente de nada. Y eso, que me sentó peor que si me hubiera estado quietecica y callaíca. Claro, supongo que eso influyó de alguna manera también en el hundimiento, evidentemente.

Pero lo que son las cosas... El mes se salvó justo el último día. Así mismitico fue: in extremis. Y ya nunca jamás de los jamases podría borrar el mes de agosto de 2.010.
No, porque justo ése día, el 31 de agosto, nació mi sobri.
Una amiga mía tuvo a su primera churumbela. Y yo, que desde mucho antes de que naciera la cría (nueve meses antes para más señas), ya era la tita Lou, pues ahora que no venga nadie a decirme que no es mi sobri con todas las de la ley.
Al que no le guste que no mire. Se siente, es lo que hay. ;)

Y a mí, que siempre siempre me han gustado los chiquillos, pues os podéis imaginar cómo ando. Porque es que no hay cosa que me produzca mayor ternura, mayor paz interior y mayor tranquilidad en el alma, que sostener a un crío en brazos y mirarle esa carilla. Es que se me olvida todo lo demás, vaya. Tanto, que hasta consigo reconciliarme conmigo misma, con mi conciencia y con el mundo.
Y a ellos les debe pasar algo parecido, porque es cogerlos yo y quedarse dormidos enseguida. O eso, o que se aburren como una ostra con la Lou, y se quedan sobaos, que tó puede ser...

Vale, pues aquí os presento a mi sobri, que hoy precisamente, cumple dos meses.

Se llama Mª Carmen, como la madre y como la abuela... ¡Imaginación al poder!
Vamos hombre, con el montón de nombres bonitos que hay por ahí sin necesidad de repetirlos en la misma casa y mira tú...
No sé, un nombre así a bote pronto que se me ocurre..., pues no sé, 'Lourdes', por ejemplo, ¿no? 'Lourdes' está muy bien. Anda que no es bonito ese nombre ni ná. Amos, amos...
Pero mira que llamar también Mª Carmen a la cría... Vamos, lo que yo decía. Imaginación, lo que se dice imaginación, está claro que la madre de la criatura no tiene ni chispa. Cómo se nota que es de letras...
Pero vaya, que a mí me da igual, que yo a mi sobri la llamo 'Lurditas' desde el primer día, así que... Bueno, o eso, o 'pitufa'. Ya depende...
:)

lunes, 25 de octubre de 2010

San Antonio, San Antonio... (II). El ritual

A ver, como está claro que el temita éste ha traído guasa, mucha más de la que yo esperaba, pues nada, aquí va la segunda parte para quien le pueda interesar y para que no se quede nadie con la duda.

Es que ya he visto que hay algunos interesados con esta historia. Bueno, en realidad y mejor dicho, algunas interesadas... Porque lo que es yo, os vuelvo a decir, por si no quedó claro en la entrada anterior, que estoy igual de interesá en hacer esto, que en correr una maratón descalza por un campo lleno ortigas...
¡Ay, señor! Lo que nos va un cotilleo, un casamiento o una historia de éstas de 'amós' y cariño, joé.

Vale, pues el ritual que hay que hacer con la estampita, según me explicaron las petardas ésas de mis amigas (que sí, que son mis amigas y las quiero lo que no está en los escritos, que ni ellas saben cuánto, pero eso no quita pa que sean un rato petardas); pues eso, el ritual que además me hicieron aprender de memoria y repetir hasta la saciedad para que no se me olvidase, es éste:

- Se dobla la estampita de San Antonio por la mitad, y luego por la mitad, y luego otra vez por la mitad. Vamos, que quede bien doblaíta en tres o cuatro veces.
- Se pone en el suelo y se pisa con un pie. Pa qué la vas a pisar con otra cosa, ¿no? Pues sí, con el pie.
Y ahora lo más importante. Se dice:
-"San Antonio, San Antonio, hasta que no me salga novio, no te desdoblo"-. (Frase matadora donde las haya. Menuda amenaza para el santo, joé. ¡Angelico!).
- Luego ya, se guarda la estampita doblada en la cartera o en el monedero, y se olvida una de ella.
Pero muy importante... En cuantito aparezca el novio, deprisa a desdoblar la estampita, ¿eh? Vayamos a tonterías, que una promesa es una promesa. Y una amenaza, no digamos ná.

¡Jo! No me digáis que el pobre San Antonio no tiene el Cielo ganao si cada dos por tres le hacen una cosa de éstas...
:)

P.D: Espero que los que no podíais dormir sin saber cómo era esto, consigáis ya hacerlo a pata suelta... :D

viernes, 22 de octubre de 2010

San Antonio, San Antonio...

No, no tenía yo bastante con que mi tía Lola, la casamentera de la familia, me calentara la cabeza cada dos por tres con la misma historia de siempre, no. Que estoy totalmente convencida de que se dedica a rezar en sus ratos libres, o sea, tooooodos los días, para que a mí me salga un buen novio.

No, no tenía yo bastante con oír, cada vez que sonaba el teléfono en mi casa y era ella, la típica pregunta de marras:-"¿Y qué? ¿Cuándo vamos de boda?"-. Que a mí ya no me pregunta porque le doy cada chanteo que para ella se va. Pero vaya, que la muchacha no se queda con las ganas y ahora se dedica a preguntarle a mi madre cuando habla con ella:-"Y la Lourdes, ¿qué? ¿Tiene ya novio? ¿Y cuándo se va a casar?"-. Que yo esa parte no la oigo, claro. Yo sólo escucho la contestación de mi madre:-"Pues no, hija. Ésta está muy tranquila"-. Y ya pues me imagino cuál ha sido la pregunta, claro.
Cualquier día se me va la cabeza, le arranco a mi madre el teléfono de las manos y le digo a su hermana que a mí no me van los tíos, que soy un poco lesbiana. A ver si así se queda toda pillá, y se le pasa el avenate de preguntar todas las veces.
Le diré que sólo soy un poco lesbiana, porque si le digo que lo soy del tó, pues igual le da un jamacuco, que yo sé cómo es y sé cómo piensa. Y bueno, será mú casamentera, sí, pero es mi tía...

Es que no sé en qué momento de mi vida le habré dicho yo a nadie que me quiero casar, vaya. Que estoy convencida de que para querer a alguien y estar bien con él, pues eso, basta con quererlo y estar bien con él. Punto. Lo que diga un papel a mí me da exactamente igual...
Y menos mal que mi madre ya lo tiene asumido y sabe que me iré a vivir con quien sea cuando llegue el adecuado (si llega). Pero, vamos, que tampoco voy a compartir mi vida con cualquiera.
Lo que pasa es que me da la impresión de que mi vida sentimental es algo así como un problemilla que hay que solucionar. Una especie de cuestión de Estado o algo. Porque ya digo, no tenía yo bastante con mi tía o con alguna que otra vecina que me debe conocer poco y me pregunta también, sin saber a lo que se expone, que es que resulta que ahora mis amigas pos van y también se preocupan por estas cosas. Vamos, vamos... Lo que me faltaba por ver ya.

Joder, que es que se encomiendan a San Antonio por mí, porque como yo no lo hago, alguien tiene que hacerlo por lo visto...
Pero ahora resulta que eso ya no es suficiente tampoco, y me han regalado una estampita del pobre santo, que debe de estar más solicitao que todas las cosas. Y yo, que lo que no quiero es darle trabajo extra al hombre, pues ni lo molesto ni ná. :)
Pero sí, sí, ese par criaturas que dicen llamarse amigas mías, me han explicado muy rebien cómo hay que hacer el ritual de la estampita para que me salga novio.

Con lo fácil que sería ir a la Torre de la Vela de la Alhambra el día 2 de enero (día de la Toma) y tocar la campana que hay allí, que tiene el mismo efecto que el santo.
Vamos, que si no lo hago, teniendo la Alhambra tan cerquita y teniendo un 2 de enero todos los años, es porque realmente no me quita el sueño, ¿no?
Bueno, pues debe ser que a ellas sí que se lo quita el que yo no tenga un maromo con el que pasear de la mano las tardes de otoño por el centro de Graná...
...
O_O
...

¡Jopé! Dicho así, de esta forma tan idílica y tan romántica, pues..., pues... ¡¡¡Ofú!!!
Bueno, bueno, que os dejo, que me estáis entreteniendo. Que tengo una estampita y un ritual que hacer...
:)

sábado, 16 de octubre de 2010

Alegría

Definitivamente, hay días que no deberían acabarse nunca. Y además, de verdad.
Días que empiezan muy tarde y acaban demasiado pronto. Y a pesar de llevar semanas pensando en ellos, siempre pasan en versión supersónica. Eso siempre es cierto cien por cien. No me digáis que no, porque todos sabéis que es así. ;)

Hay momentos que sólo y exclusivamente pueden ser simplemente eso, momentos. No podría ser de otra manera. Supongo que es para que así podamos valorarlos como realmente se merecen, intentando aprovecharlos al máximo.

Hay lugares a los que volvemos después de un tiempo, y parece como si nada hubiera cambiado. Aunque nuestras huellas hayan intentado ser borradas con el paso de los días... O de los años...

Y hay gente, hay personas, que me tocan el corazoncito cada vez que aparecen. Cada vez que me sonríen. Cada vez que me abrazan...

La cuestión es que todo esto me provoca tal sentimiento en el corazón y en el alma, que luego estoy semanas flotando en una nube y me cuesta bajarme de ella... Precisamente, porque no quiero hacerlo, claro. :)

Si es que os tengo que querer, joé... ¡Gracias!




"¡Alegría!
Como la luz de la vida,
¡alegría!
Como un payaso que grita,
¡alegría!
Del estupendo grito
de la tristeza loca, serena...
Como la rabia de amar,
¡alegría!
Como un asalto de felicidad..."

jueves, 7 de octubre de 2010

Solamente yo decido


"Yo decido cuándo salto y con quién me río;
y si lloro, yo decido a quién le muestro mis lágrimas"
.
(Amaral)
= = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = =
Bueno, pues como esto, absolutamente todo. Que la frase define perfectamente lo que pienso.
Porque otra cosa no, pero tengo muy claro que soy yo la que decide siempre sobre mi vida. Y nadie me puede exigir que no lo haga. Nadie me puede obligar a que me muestre o me deje ver cuando yo realmente no quiero o no me apetece. ¿Por qué tendría que hacerlo?
Y es que personalmente creo que nadie tiene el derecho de echarme en cara si guardo silencio o si no quiero contar mis cosas en un determinado momento. O si se las cuento a unos y a otros no. Que la confianza que tengo con todo el mundo no es la misma, vaya. Vamos, digo yo...

Joé, es que a mí no se me ocurre ir a ningún amigo a decirle con el tono cabreao:-"Oye, a Fulanito le has contado no-sé-qué, y a mí no me has contado ná"-.
Imagino que si a mí no me lo cuenta es porque o no lo cree oportuno o porque no le da la gana directamente. ¿Y quién soy yo para obligarle a que me cuente lo que no quiere contarme? Aparte de que quizás, seguramente, a mí ni me interese ni me importe, claro.

Porque a ver... Si alguien viene a contarme algo, pues mira, lo escucho, que eso se me da mú rebien. Pero yo no obligo a nadie a hacerlo. Y menos, me enfado con él o le monto un pollo del copón si no lo hace.

Llamadme ingenua, pero así pensaba que funcionaba esto. Y por eso doy por hecho que, de la misma manera que yo lo veo así, pienso que a mí nadie debería exigirme nada tampoco, y menos, escudándose detrás de la amistad. Vamos, que hasta yo tengo claro que una amistad no se basa en exigencias. Porque si eso es así, ni es amistad ni seguramente vale la pena.
Pero la gente te presiona, oye. Te atosiga, te reclama, te coacciona... Y lo que es peor, haciéndote chantaje emocional. Que ya es, cuanto menos, cabreante...

No sé... A ver si voy a ser yo la que está equivocada con todo esto...

viernes, 1 de octubre de 2010

Parecidos Razonables

Y ahí estaba yo, después de haberme subido un rato a la bici, pensando en el hambre que me da a mí lo de pedalear sin rumbo. Porque, para el que no lo sepa, yo pedaleo siempre sin rumbo. Es que mi bici es estática. ¡Je! :)
Y eso, que no se me ha ocurrido otra cosa al volver de mi tour personal, que ponerme a buscar en los armarios de la cocina algo para picar.
Que digo yo, me podía haber dado por mirar en el frutero, que siempre tiene cosas decentes para comer. Entiéndase aquí decente como sano.

Pero no, qué va. Yo debo tener una vena investigadora o algo, porque lo que está a la vista pues no me mola. Demasiao simple. Yo tengo que arrebuscar... Por los armarios, por los cajones...
Y sí, me he encontrado un cacho de pastelito de chocolate, bizcocho y merengue (hombre, por Dios, que somos del Madrid :), precisamente en el armario de los pastelitos de chocolate. ¡Qué casualidad más casual, oyes!
Pero es que parecía que me estaba llamando el hijo de su madre y tó, versión cantos de sirena:-"Louuuuuuu... Louuuuuu... Mírameeeeee... ¿No te parezco atractivo?"-.
Y sí, sí que me ha parecido atractivo. Ya ves tú si me ha parecido atractivo. Atractivo de la muerte, y me quedo corta. Pero es que además, no veas cómo estaba de buenérrimo*.
(*Buenérrimo: Dícese del superlativo de buenísimo).

No, pero si cuando dicen por ahí que el chocolate da un placer que pocas cosas lo dan (por no decir ná más que una), no andan mú desencaminados del tó, no.

Y claro, mientras me lo estaba comiendo, pues nada, sin problemas: A disfrutarlo con todas las de la ley. Eso sí, cuando ya me lo había acabado y me estaba rechupeteando los deíllos, ha sido cuando me ha entrado un cargo de conciencia del copón. Vamos, tanto, que después de estar duchadita y en pijama, me he vuelto a cambiar de ropa para ir a subirme a la bici otra vez. Ná, otro paseíllo sin rumbo fijo para intentar bajar la dichosa fruta que me tenía que haber comido y que no me he comido. ¡Ains!

Y es que me he puesto a pensar en que, claro, una ya tiene una edad. Y esos excesos, por mínimos que sean, tarde o temprano pasan factura. Cada vez más temprano, dicho sea de paso.
Que cuando tenía 18 años, no había problemas con ná... Pero ahora ya, a estas alturas, es que hay problemas con tó...
Y que no, joé, que yo no quiero parecerme jamás de los jamases a Homer Simpson, hombrecoñoya!!! ;)


Ale, gente, ¡feliz fin de semana! :)

P.D: Gracias Manolo (mi Manolo, jeje), por esta foto tan esclarecedora y visionaria.

viernes, 24 de septiembre de 2010

El yerno de mi madre

Sí, a ver... Que yo no tengo pareja, es verdad, pero mi madre sí que tiene yerno desde hace unos cinco años.
Y es que os puedo asegurar que yo algunas veces creo que vivo en una peli como la de "El Show de Truman". Sólo que la mía sería "Aventuras y Desventuras de un Diablillo". Vamos, que a ratos busco la puta cámara oculta, porque me pasa cada cosa, que alucino por tiempos... Bueno, ¿qué os voy a contar que no sepáis ya?

Vale, la cuestión es que hace casi cinco años, un día que estaba con mi madre en el mercado, nos asaltó un matrimonio mayor, parándose enfrente de nosotras. Yo no los había visto en mi vida y no me sonaban absolutamente de ná. Pero la mujer, por lo visto, sí que me conocía, y fue la que llevó la voz cantante, porque el marido estuvo allí como convidado de piedra.
Y sin más nada, ella:-"Tú eres Lourdes, ¿verdad?"-.
Yo miré a mi madre por el rabillo del ojo... -"Pues sí"-.
Ella:-"¿Y tú no conoces a nuestro hijo Fulanito?"-.
Ahí, directa al grano. Me entraron los sudores de la muerte, vaya. Chispa más o menos...
Yo:-"Pues la verdad es que no"-.
Ella:-"Pues él sí que te conoce a ti... Pero claro, es tan corto, que no te habrá dicho nunca nada"-.
Palabras textuales de amor de madre. Que ya podía haber utilizado otra expresión, como por ejemplo, "es tan cortado" o "es tan tímido"... Pero qué va... "Es tan corto". A ratos, ver cómo una madre vende a su hijo no tiene precio, en serio.

Yo sí que me quedé un poco pillá, porque fui incapaz de decirle nada. Y ella siguió a su bola:-"Pues mi hijo tiene casa, ¿sabes? Y también tiene coche... Y es muy trabajador"-.
Y yo pensando:-"Pero, ¿qué coño me estás contando?"-.
Y ella seguía:-"Porque tú tienes tales Carreras, ¿verdad? Y trabajas en tal sitio, ¿no? Pues mi hijo es hijo único... ¿Tú tienes hermanos?"-.
Yo estaba flipando (y buscando la cámara). Lo único que quería era salir de allí porque me estaba empezando a estresar lo que no estaba en los escritos.
Luego me enteré de que se habían estado informando en el supermercado al que voy a comprar; que yo tengo confianza con las niñas que trabajan allí, y les habían preguntado a ellas... ¡Hay que joerse!

Vale, pues no pasó ni una semana de ese encuentro con mis suegros, cuando por fin vi al susodicho. Al igual que los padres, ni lo conocía de vista, ni me sonaba de ná.
Salía yo del "súper" y me crucé con la madre en la puerta. Y detrás de ella, entraba él. Se puso encendío, vaya. Es que se le encendió hasta la calva... Y yo pensando:-"Ay, jodía suegra, que no me dijiste que además no tenía ni un pelo de tonto... Que eso sí que te lo callaste"-.
Pues nada. El "hola" fue obligado. Y aquello fue como la presentación en sociedad, más o menos. A partir de ese día, ya me lo encontraba por todas partes. Vamos, que él sabía por qué calles pasaba yo y a qué horas, y ahí estaba él, esperando. O haciéndose el encontradizo... O apareciendo de sopetón... Pero sólo para decirme "hola", porque en realidad, no pasó de eso. Claro que yo me ponía tan seca, tan seria y tan poco receptiva, que seguramente, le daría yuyu decirme más nada.

Pero es que, vamos a ver, a mí lo que me tocó la moral y ya me echó para atrás, fue que mandase a sus padres a allanarle el camino, porque él no se atrevía. Joder, por muy cortado o corto que uno sea, me parece un poco demasiado exagerado, ¿no? Que además tiene 10 años más que yo, que ya es para que se sepa manejar una mijilla. Digo yo...
Igual si hubiese venido él de primeras, pues habría sido más natural la cosa. Habríamos hablado (jopé, si yo hablo hasta con las piedras); nos habríamos conocido, y ¿quién sabe si hubiésemos llegado a algo? A pesar de su chándal y sus zapatos, sí, a pesar de eso...
Pero como resulta que no, pues no. Y eso, joé, que no...

De todas formas, todavía cuando lo veo por la calle y voy con mi madre, como por ejemplo esta mañana, siempre digo:-"Cuchi, mami, está ahí tu yerno..."-.
Vamos, que sí, que ya se ha quedado como el yerno de mi madre. :)

sábado, 18 de septiembre de 2010

De tanto que tropiezo...

Pues estaba pensando en lo bien que se me da tropezar una y otra vez. Concretamente se me da de escándalo tropezar con la misma piedra. Vaya, que soy de las que tropieza quinientas mil veces con la misma... Y ya lo hago con un arte...

Será que no aprenderé nunca. O será que la jodía piedra juega muy bien al despiste y se mimetiza cada vez mejor con el ambiente. Y claro, de una vez pa otra pos no la veo. Dichosa china, guijarro, canto rodao...
Pero es que siempre me pasa, oye. Y claro, luego siempre me pongo verde a mí misma:"Pero, ¿cómo coño has podido caer otra vez en lo mismo, Lou? ¿Cómo has dejado que esto vuelva a ocurrir? ¿Que no te acuerdas de la última vez? ¿Es que no aprendes o qué? Eres tonta. No, tonta no. ¡Mú tonnnta!".
Bueno, a veces la piedra de turno es tan grandísima, que puede que tropiece con ella una vez, pero ya no me vuelve a pasar. (Menos mal...). Porque también es verdad que del porrazo que me pego la primera vez, me quedo tan a cuadros y me hace tanto daño, que ya sí me mantiene alerta y me obliga a pasear por otros caminos. Por el caminito de la piedra gorda ya no se me ocurre volver a pasar, no.

Lo que sí es cierto y me he dado cuenta, es de que ahora ya, con el paso de los años, consigo reponerme antes de cada batacazo. No sé. Lo asimilo antes, lo asumo deprisa, y ale, a volver a empezar para darme otro... Que va en mi condición ser así de imbécil, ¿qué le vamos a hacer? :)
O bueno, como dice Shakira, será que "de tanto que tropiezo, ya sé cómo caer". Y yo añado: "... y me levanto más rápido". El corazoncito se sacude el polvo y sigue pa'lante.

A ver, que a mí me duelen las cosas y la gente, ¿vale? A veces, demasiado. Que además tengo la desgracia de que me afecta todo siempre. Y me puede la tristeza, la impotencia... Vamos, que la Lou, de inteligencia emocional, nada de nada. Cero patatero. Nula total, vaya.
Pero a lo mejor, ahora consigo curarme antes, yo qué sé. Me hace daño, sí, es verdad, porque eso no puedo evitarlo, pero me empieza a dar igual más pronto...

Lo he leído en alguna parte y seguramente, es verdad. Los corazones son una especie de puzzle. Pensamos que se rompen cada vez que los decepcionan o los desilusionan, pero en realidad, sólo se desarman.

Las primeras veces es muy difícil volverlos a armar, pero con la práctica y la experiencia, todo se hace más fácil.
O quizás es que hay cosas que cada vez nos importan menos, ¿no? Y el hecho de que la gente nos decepcione en un momento dado, es hasta normal. Vamos, que ya estamos como predispuestos a que eso pase, porque tampoco sería la primera vez. Si no pasa nunca, pues mejor. Pero si alguna vez pasa, como ya contábamos con que podría suceder, pues no debería ser tan grave...
Bueno, bueno, vamos a no generalizar, que todo es relativo. Porque a ratos sí que es grave, sí. ;)

Luego miras a la gente a la que le da igual tó, los que tienen un cacho de carbón en el pecho, y piensas:-"Joé, míralos qué felices son; qué bien viven; que les importa todo un pimiento. ¡Yo también quiero ser así! ¡Y que me dé igual tó siempre! ¡Y que no me acuerde de ná nunca! ¡Y que nada me importe lo suficiente!"-.

De todas formas sé que en el fondo, no lo pienso de verdad. Yo no quiero ser así. Y eso que algunas veces estoy tan cansada que me dan ganas de mandarlo todo a tomar viento y desaparecer...
Pero vaya, que yo me aguantaré con mi rompecabezas, y trataré de armarlo lo mejor que pueda cada vez. Porque también os digo que muchas de las veces, las piezas saltan tan alto y se van tan lejos, que luego me cuesta un mundo encontrar alguna, que se me queda por ahí perdida...