Sube desde el río Genil hasta la calle Recogidas, que por cierto, es otra de las más emblemáticas de la ciudad.
En la calle San Antón hay un hotel que ya está cerrado, y que fue el lugar que elegimos para celebrar nuestra Cena Fin de Carrera cuando acabamos. Han pasado ya unos cuantos años, sí.
Y en la calle San Antón lo mismo te encuentras a Lucas Alcaraz entrando a comprar chuches a unos chinos, como te encuentras a un pajillero muy entretenido a las tres de la tarde, dale que te pego al manubrio.
Sí, gente sí, hay un pajillero en la ciudad. Por lo que he oído, no es nuevo para la policía porque ésta tiene constancia de su existencia. Pero eso, que yo no lo sabía. Yo me he enterado en el último mes, que lo he visto ocho o diez veces. Siempre en el mismo sitio, siempre a las mismas horas. Es lo que tiene que yo tenga que pasar por esa calle todos los días.
Se pone en una galería de las que atraviesan San Antón a Acera del Darro o en el portal de algún piso, con un jersey de cuello alto tapándole la boca y unas gafas de sol tapándole los ojos. Se saca la "cosita" y allí está, esperando a que pase la gente y le mire escandalizá, para que él pueda darse un homenaje.
Cuando yo paso, lo hago olímpicamente. Quiero decir que no le miro. Que sé que está ahí, pero eso, que no le doy el gustillo de mirarle. El tío lo intenta. Hace ruido con una bolsa o carraspea, buscando que le mire. Pero eso, que no.
Me planteo que a esas horas salen los críos del colegio de más abajo, y pasan por allí para volver a sus casas. Se ve que al tío asqueroso eso le da igual.
La semana pasada me pilló con el día cabreao. Fue la última vez que le he visto, también es verdad. Así que, algo es algo.
Sí, porque cuando pasé por la calle, allí estaba el tío en la acera de enfrente, con su jersey negro de siempre tapándole media cara, y con su pilililla de siempre en la mano.
No pude evitarlo y le hice el gesto.
No. No le sentó bien. De hecho, salió del portal con tó el pellejillo colgando sin esconderlo ni ná, y se fue por la acera calle abajo para adelantarme y meterse en otra galería a seguir con su tarea. Y ya le tuve que decir:-"Pos a lo mejor llamo a la policía. ¿Te apetece, picha-corta?"-.
No. Se ve que tampoco le apeteció, porque enseguida desapareció de allí. Y eso, que ya no le he visto desde entonces. Igual en un arrebato salvaje, se quedó con la minga en la mano y ya no puede jugar con ella como lo hacía antes. Yo qué sé... Ahora que ya voy con el móvil preparado para hacerle una foto y gritarle:-"¡Te van a conocer en todos los rincones de la tierra, jomío! ¡Hasta tu madre te va a ver en el feisbu y/o/u mi blog!"-...
Desde luego, menuda fauna. Estamos rodeados de descerebrados y de gente tocá de la aceituna, ¿eh? Porque es que, muy normal esto no es.
O mira, quizás sea la primavera, quién sabe...
:)


