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martes, 18 de diciembre de 2018

La última se llamaba Laura


Porque cuando llego a mi casa y me encuentro con esta noticia, enseguida se me parte el alma. Enseguida se me saltan las lágrimas. Enseguida me identifico con la víctima y siento como si la conociera.
Sí, porque yo he llegado sana y salva hoy. Pero ella no pudo.

Y cuando piensas que puedes comentarlo con la persona más cercana que tienes en ese momento, que da la casualidad de que es un hombre, resulta que no. Porque parece que él se siente más identificado con el put*o asesino y se ofende por los miles de comentarios y gritos de mujeres indignadas.

Porque cuando lo único que necesitas es que él te escuche y te entienda, resulta que tienes que oír argumentos y justificaciones que para nada te hacen un favor en ese momento.

-"Es que la presunción de inocencia..."-.
-"Es que todavía no se sabe si es 'autor' o 'autora'..."-.
-"Es que debería quitarse la palabra 'machista' y llamarse violencia sólo..."-.
-"Es que las denuncias falsas..."-.
-"Es que las mujeres que también asesinan..."-.

Que sí, joé, que no digo que eso no sea verdad. Pero no es el momento.
Hoy, precisamente hoy, no me hables de eso. Porque hoy no estamos hablando de eso.
Necesito que me escuches, que entiendas cómo me siento. Que entiendas cómo me hace sentir esta put*a historia una y otra vez.

Y tú te sientes ofendido, no sabemos por qué. Tienes un verdadero problema con eso. Y lo primero que haces es criticar, justificar(te), echar mierda.
No, a mí no me des lecciones de moralidad. Hoy no. Porque lo primero que me dices es que no te haga sentir culpable por ser hombre, cuando a mí ni se me había pasado por la cabeza. 
¿Por qué tendría que hacerlo? Tú no tienes nada que ver.
Todo te lo tomas como algo personal, cuando no es contigo el tema. Pero claro, tú también eres hombre. Será eso. 

Joder, pero si hasta te ofendes cuando tus chistes machistas, bordes o sexistas no caen bien en un momento determinado o a una persona determinada. Ea, porque son sólo chistes, ¿no? ¿Por qué deberían molestarnos? Es que somos unas exageradas y no tenemos sentido del humor.

En fin, que yo sólo quería que me escucharas hoy. Sólo eso. Y me decepciona muchísimo, no te imaginas cuánto, darme cuenta de que contigo no puedo contar cuando me siento así.

Eres un hombre que no va violando ni matando, ni tienes intención de hacerlo. No nos estamos metiendo contigo. Deja ya de ofenderte como un subnormal y persigue como nosotras a los hijos de put*a que sí lo hacen.
Punto final.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Contra un muro

"Los palos y las piedras rompen mis huesos, pero las palabras no pueden herirme".

Menuda trola más grandísima, vaya. Estoy convencida de que todos sabéis que las palabras te pueden destrozar tantísimo por dentro, y de tal manera, que nunca se podrá comparar a un hueso roto. 

Cuando te rompen el corazón, cuando te parten el alma, la herida queda ahí para siempre. Y si esas palabras asesinas vienen de alguien que nunca hubieras imaginado, el dolor es tan grande que cuesta superarlo.
Una palabra inapropiada de alguien impensable tiene más filo que la mejor de las espadas.



Tengo un amigo que lo ha sufrido ahora. Dice que no tiene ganas de nada, que está apático. Y yo sé lo que es: Es la decepción. La decepción que te produce alguien al que habías defendido a capa y espada. Alguien por el que habrías puesto la mano en el fuego y descubres que te la habrías quemado sin remisión. Alguien que te ha mentido descaradamente a la cara cuando tú confiabas ciegamente en él.

Casualidades de la vida que ese alguien es la misma persona que me decepcionó a mí hace ya diez años. Se ve que es su "modus operandi", y el cabr*ón se dedica a eso en su vida: A decepcionar una y otra vez a la gente que le rodea. Aunque él piense que es perfecto en su forma de hacer y de decir las cosas, lo que es en realidad es un mierdecilla, que de hombre sólo tiene la fachada.
¡Cuchi! Y seguro que es él el que se siente ofendido cuando las gentes dejamos de hablarle, "no sabemos por qué"... 

Y se lo dije a mi amigo:-"Sé exactamente cómo te sientes, porque yo he pasado por ahí. Te lo conté en su día pero no quisiste ni planteártelo, porque no podías pensar que él pudiera ser así. Y ahora te ha tocado a ti. No sabes cuánto lo siento, porque sé lo mucho que duele..."-.

A mí me lo habían advertido. Yo se lo había advertido a él... Pero aquí no aprendemos hasta que no somos nosotros mismos los que nos estampamos contra el muro.

sábado, 28 de abril de 2018

Así nos va

Indigná con la sentencia de la Manada es poco decir para cómo me siento realmente...

Esta muchacha lo explica todo en pocas palabras.

lunes, 12 de junio de 2017

Cuando te hinchan la vena

Me pregunto por qué hay profesores malafollás que les dicen a sus alumnos que no van a aprobar su asignatura ni en un millón de años. O que les dicen que nunca van a llegar a nada en la vida. Que minan su confianza y que les hacen sentirse unos inútiles, y que nada vale la pena.

Será que hay profesores muy subiditos que no tienen otra manera de conseguir que los chiquillos aprueben. Digo yo. O será que están hasta las narices de su profesión y dejan salir la frustración a raudales y de esa manera tan ruin y tan cruel.

No sé. Yo sólo sé que demasiadas veces he tenido clase con una de mis criaturas, de 16 ó 17 años, que se ha echado a llorar delante de mí porque su profe le ha suspendido un examen en junio y le ha dicho (antes de la recuperación, dicho sea de paso), que no le va a aprobar la asignatura. 

Y yo, que he visto a esa criaturica esforzándose durante todo el curso, estudiando, haciendo ejercicios, poniendo todo el interés del mundo, y aprobando sus exámenes parciales, me pregunto cómo se le puede decir una cosa así porque haya suspendido el examen global. Está claro que para animarle, desde luego, no. 

Es que me indigno, coñio.

Te dan ganas de ir a ostiar al profesorzucho de turno y decirle:-"¿Eres tonto o bailas con la música del telediario? Tú no eres profe ni eres ná. Bueno, un truño es lo que eres"-. 
Porque sí, porque yo me paso el curso entero diciéndoles a los críos que el esfuerzo siempre vale la pena. Que lo van a conseguir mientras sigan ahí, intentándolo a muerte. Que pueden hacer cualquier cosa que se propongan. Que no se rindan, que yo sé que pueden... Vamos, lo que viene siendo el efecto Pigmalión bien entendido.

Y me mata que un/una imbécil eche por tierra todo eso que yo les digo, soltándoles una lapidaria frase que no hace nada más que hundirlos cuando más falta hace que los animen. 

No lo entiendo. No lo entenderé nunca y me revienta el higadillo tener que verlo tantas veces.

Está claro que el Señor Miyagi tenía razón.


lunes, 30 de marzo de 2015

Donde nadie...


Porque sí, porque la gente siempre está totalmente cualificada para decirte cómo tienes que ser y cómo tienes que vivir; qué es lo que tienes que pensar y cómo tienes que sentir o sentirte en cada momento... 
Sí, son gente con mucha experiencia en la vida que, por lo que se ve, ha caminado en tus zapatos y sabe perfectamente quién eres y quién deberías ser.

Pero si no entras dentro de los parámetros en los que se supone que deberías estar y vas a tu aire, pues eso, que ya eres carne de prejuicios y, por supuesto, de juicios. 
Y eso cansa. Demasiado, a veces.

Porque eres un bicho raro.
Porque no eres normal.
Porque tu forma de pensar no es la correcta.
Porque tu forma de sentir no está bien.
Porque no deberías mostrar tu alegría o tu tristeza.
Porque la persona a la que amas no es la adecuada.
Porque no deberías dejar que adivinen tus sentimientos.
Porque podrías darle un poco de cuartelillo a esa persona a la que le gustas...
¿Pero por qué? Si a mí no me gusta...
En fin.

Hay muy pocas personas (poquísimas) con las que realmente puedes ser tú al cien por cien, en cualquier situación y en cualquier momento. Una, quizá. Dos como mucho. Esas personas con las que es fácil estar porque no te exigen nada y no te piden nada. Y puede que no te comprendan, pero al menos, no te censuran.

Con el resto del mundo, o finges, o disimulas y no te dejas ver tanto, o enseguida ya eres lo peor de lo peor, y tienes que aguantar que quieran comerte la cabeza para que seas como ellos quieren que seas.

Con lo fácil que es dejar a la gente en paz, que haga lo que quiera, que diga lo que quiera, que piense y sienta como quiera, sin tener que encasillar a nadie ni tocarle las narices a diario. Que bastante complicada es la vida ya de por sí, como para que encima te pongan trabas continuamente a que puedas ser tú.

El vive y deja vivir de toda la vida, vamos. 
Que ya sabéis que de vez en cuando, pues lo tengo que volver a repetir para que no se nos olvide.
:)


martes, 18 de noviembre de 2014

No te rindas

Y es que estoy segura de que a veces, muchos de nosotros, nos hemos sentido perdidos y desorientados sin saber muy bien por qué. 
Siempre decimos:-"Es que estoy de bajón"-. Y es verdad, es un momento, un instante que hace que nos sintamos mal y no sepamos a ciencia cierta a qué se debe. 

Suele ser una decepción, es un mal gesto o una mala palabra, que en condiciones normales igual ni nos afectaría, pero que ese día en concreto nos hace venirnos abajo y nos hunde. 
Quizás es cansancio, es nostalgia, es una falta de aire en un momento dado.

Ayer, una chiquilla muy apañá a la que di clase en el pasado y que ahora está haciendo Medicina lejos de su casa, se encontraba regular. Muchas veces no hace falta que alguien dé muchos detalles para que se le note que no está bien. Es el tono, son las formas.

O quizás es que tengo la suerte de sentir el estado de ánimo de la gente, incluso a través de la pantalla de un ordenador. Y claro, ya me intereso, pregunto, me entero...

No es la primera vez que me pasa.

Pero eso, que es que a ratos no nos damos cuenta de que aquí, quien más y quien menos, tiene sus batallas diarias. Vive sus historias, sus movidas, sus preocupaciones. Y eso suele hacerlo solo.
El hecho de tener a alguien al lado que te diga "Ánimo, todo va a salir bien" o "Ya sabes que aquí me tienes para lo que sea", ayuda, sí. Pero la mayoría de las veces eso no es para nada suficiente. 

No, porque lo que se necesita justo en ese momento de zozobra y de agitación, es un simple abrazo y no se puede dar.
La distancia es jodida siempre. 




Ánimo, que para ti (para vosotros) siempre estoy aquí.

jueves, 15 de marzo de 2012

Redoblando esfuerzos

"En esta vida, todo lo que merece la pena, cuesta conseguirlo".

Qué razón tiene el hombre que lo dice en el anuncio de la tele.

... Porque siempre hay que luchar por las cosas que nos importan y las cosas que queremos. Siempre... Y aunque al pronto parezca que los esfuerzos han sido inútiles y que no hemos conseguido lo que nos proponíamos, estoy convencida de que ese esfuerzo siempre vale la pena.

Y es que, aunque hayamos puesto todo nuestro empeño, aunque lo hayamos dado todo, y aunque los resultados no hayan sido los que esperábamos, a la larga y no tirando la toalla ni en el momento de la más absoluta desesperación, seguro que conseguimos la victoria. Más tarde o más temprano, pero ese momento siempre llega para el que sabe esperar.

Toda la vida he tenido muy claro que el esfuerzo y la constancia siempre tienen su recompensa. Y la clave está en no rendirse nunca y seguir intentándolo las veces que sean necesarias. Al final, quien resiste, gana. Es así de simple.

Por supuesto que a veces nos cansamos. Claro que sí. Por eso necesitamos de alguien que nos recuerde estas cosas. Alguien que no nos deje rendirnos en ese momento jodío de desánimo que surge cuando, después de muchos intentos y sacrificios, no conseguimos lo que buscabamos con tanto afán.

Pues sí, justo así llevo yo toda esta semana de perros. Ea, con mis alumnillos, que están con el bajón... Porque, a la vista de los últimos resultados, alguno se me ha derrumbado en algún momento y algún otro me ha dicho de mandarlo todo a tomar viento. Y yo:-"Pues tú puedes decir lo que quieras, pero yo no te voy a dejar solo. Así que..., seguimos, ¿no?"-.

Y sí. Seguimos.
:)

jueves, 17 de marzo de 2011

Pues... He fracasado...


Pues sí, gente, sí... A pesar de intentarlo de todas las maneras posibles desde que empecé a ir a su casa, al final no hemos conseguido ná de ná.

Esta mañana me llamó la madre de la petarda de 11 años. Ná, para decirme que lo íbamos a dejar porque no veía resultados. (-"¿Ya te has dado cuenta de lo que te llevo diciendo desde los comienzos?"-). Me ha pedido que fuese a su trabajo para pagarme las últimas clases que me debía y para comentarlo todo...

Y yo, pues me lo he tomado con calma. Tampoco he salido corriendo, la verdad. Seguramente, porque ni me apetecía, claro. Así que, después de desayunar tranquilamente con mi madre y de comprar el pan, allá que he ido y allá que hemos hablado la madre de la susodicha petarda y yo en su despacho.

Pues eso, que me ha dicho que la niña no me hace caso (-"Si no te hace caso ni a ti, ¿qué esperabas? ¿Que a mí sí?"-), y que quizás debería haberme puesto más seria con ella desde el principio. Y yo:-"¿Más todavía? Pero si nunca he estado tan seria con nadie, joé"-. Porque ya que tienen clases extras, intento hacerles las horas amenas a las criaturas. Pero como con esta niña no se podía, no lo hice ni una vez...
Me ha comentado que estoy dos horas con la cría, pero que cuando yo me voy, ella se tiene que quedar con la petarda hasta las once de la noche haciendo deberes. Y así no hacemos nada. Ya... ¿Y a mí qué me cuentas?
Pues menos mal que yo siempre le he dicho la verdad y nunca le he ocultado nada a la doña, porque si no pensaría que la madre me estaba echando la culpa de los malos resultados de la niña. Porque se lo dije desde el principio. Porque nadie podemos hacer lo que tiene que hacer ella misma. Porque si la niña no quiere, ni yo ni nadie podemos hacer nada... Y a pesar de todo, accedí a darle clases a la petarda por compromiso y por la amistad que desde siempre me une con su madre, que si no...

Me ha dicho también que se había dado cuenta de que la niña y yo no nos llevamos bien, porque para su hija es un alivio cuando yo no voy, y para mí (¿para qué os voy a engañar?) pues también. Y claro, es lo que yo digo: Si para llevarme bien con la cría le tengo que reír todas las gracias y dejar que se me suba a la chepa, pues no, no me llevo bien con ella. Ni me llevaré nunca. Porque además, ni soy su amiga, ni quiero serlo.
Y que conste que a mí me sienta fatal estar de mal rollo con alguien, porque me gusta llevarme bien con todo el mundo. Y mucho más, si nos tenemos que ver todos los días. Pero ya os digo que con la cría era imposible. Que le dabas una falange de un deíllo, y se pillaba el brazo entero y parte del otro...

Eso sí, no le digas a la madre que la niña está muy consentida aunque sea lo más evidente del mundo porque te dice que no, que es que sólo tiene 11 años...
Sí, ya, 11 años y la otra tarde se puso a hacerle, según la petarda me estaba explicando literalmente en ese momento, una pajilla al perro.
Yo me quedé a cuadros, pero a su hermana de 16 años se le cayó la cara al suelo cuando vio que sujetaba al perro boca arriba y lo sobeteaba por cierta parte. -"Pero niña, ¿dónde has aprendido tú eso?"-. Porque en el colegio de monjas al que va, no creo yo, ¿no?... ¿O sí?

Total, que al salir del despacho de la madre, y a pesar de saber que he hecho todo lo que he podido con la dichosa niñata; a pesar de tener claro que yo sólo he ido a intentar ayudarla, pues realmente me he sentido muy mal. Y quizás es eso, el mal sabor de boca que deja el fracaso...

domingo, 8 de agosto de 2010

...


... Y es que últimamente estoy tan cansada, tan cansada de verdad, que no consigo ni siquiera dormir.
Y que estoy tan harta de todo, tan quemada por todo, que no quiero oír absolutamente nada. Nada.

Porque lo único que realmente me apetece es rodearte con mis brazos y pedirte, sólo mirándote y sin necesidad de hablar, que tú hagas lo mismo.
Porque lo único que quiero simplemente es apretarme fuerte contra ti, esconder mi cara en tu cuello y quedarme para siempre ahí... Contigo...

Ésa es la única manera que se me ocurre para conseguir un poco de descanso para mi alma.

viernes, 16 de julio de 2010

Otro más...


Pues ná, ya está aquí a la vuelta de la esquina el 17 de julio... Otra vez...
Y es que, joé, que mañana es mi cumpleaños... Otra vez...
Y no es que me importe cumplir años, ¿eh? Al contrario, porque a mí me mola. Pero eso, que pasan mú deprisa... Demasiado deprisa.

Definitivamente, los años pasan volaos, ¡cachisenlamar!
Y eso, que aquí está el día... ¡Otra vez!

Y aquí estoy yo, en la víspera. Sí, feliz pero de bajón.
Y es que me siento exactamente igual que cuando terminé el último examen de la Carrera. Que después de tanto tiempo, tanto estrés, tantos nervios, tantos problemas y tantas historias (porque ya os digo que aquellos 5 años no fueron precisamente un camino de rosas), pues conseguí acabar y llegar al final. A la meta...
Y llegar al final de algo difícil y costoso es una alegría muy grande, es verdad. Pero luego, yo personalmente, y sin saber muy bien por qué, me tiro una semana así como un poco arrastrá.
No sé, digo yo que me dará un bajón de tensión, y toda la adrenalina que tenía por ahí acumulada, desaparece. Cuanto más largo y estresante es el proceso, peor me quedo. Y estaréis de acuerdo conmigo en que después de un subidón, siempre hay un bajón, ¿no? Así que esto debe ser cansancio emocional o algo...

A ver, no sé si a vosotros os pasa, pero imagino que todos, cuando conseguimos algo que deseamos con todas nuestras fuerzas y todas nuestras ganas; algo que sabemos que es difícil y que nos cuesta un mundo, pero que al final conseguimos, la alegría y euforia inicial son enormes, pero luego te quedas ahí pensando con incredulidad:-"Bueno, ya está..."-. Y después te preguntas:-"Vale, ¿y ahora qué?"-.
Porque es que, cuando tu vida ha ido enfocada a conseguir algo, cuando parece que sólo vives para eso, y por fin lo consigues, pasando por encima de dificultades, momentos de nervios y ganas de tirar la toalla a ratos, puede parecer que te queda algo así como un vacío. Un vacío que hay que volver a llenar. ¿Cómo? Pos ná, que digo yo que con otro sueño por cumplir, ¿no?

Así que ahora ya sabéis cómo se sintió Frodo cuando, después de tres películas de malos ratos y penurias, por fin consiguió arrojar el Anillo Único al fuego donde fue forjado, allí en el Monte del Destino. Y sí, se quitó un peso de encima... Pero se quedó como alelao.

Pues así estoy yo ahora, que llevo una semana en éxtasis pero cansada. Joé, ¡ni que hubiéramos ganado un mundial por primera vez en la historia! :)

Pero bueno, que en mí es normal esto y que ya se me está pasando...
Y ná, que mañana es mi cumple.
Y que, además, es el segundo que paso con vosotros.
Y que estáis todos invitados a la fiesta virtual, que hay bebidas y tarta para tó el que se quiera asomar por aquí.
Y que no tenéis ni idea de lo que me encantaría a mí que estuviéseis todos más cerca para poder celebrarlo de verdad, cara a cara, y con la música a tó trapo. La íbamos a liar pero parda... :D

martes, 23 de marzo de 2010

Mejor, un huracán

Pues vaya, porque hoy soy yo la que necesita que el viento sople en esta dirección. Bueno, más que viento, un huracán.

Y es que a ratos me noto más quemá que la pipa un indio. Lo cual, yo sé que es peligroso. Porque vivo con la sensación constante de que estoy a punto de explotar y de que lo haré en el peor momento y de la peor manera posible.
Sí, es que uno siempre explota en el peor momento y de la peor manera... Esto es una ley universal.

... Porque luego pasa lo que pasa y siempre la pago con el que menos culpa tiene, que el angelico sólo pasaba por el lugar equivocado en el momento equivocado. Y eso realmente me fastidia más de la cuenta.

Porque también sé que el cansancio físico es muy fácil de mitigar. Pero el cansancio emocional, es más jodido.
Porque con el cansancio físico, se descansa y en paz. Pero con el emocional, con el psicológico, por mucho que lo intentes, no hay manera de quitártelo de encima.
Éste siempre requiere tiempo, y eso es justo lo que no tengo ahora.

... ¿Y que me tengan que llamar a las diez de la noche para darme el día? Con lo tranquila y a gusto que estaba yo...
Está claro que hay ratos que no debería coger el teléfono.

Ná, gente, que me voy a acostar y mañana será otro día... Que ya mañana estaré bien. O eso espero... :)

jueves, 11 de junio de 2009

Informalidad

Pues bueno, si hay algo que realmente me toca la moral y me repatea el higadillo, por encima de otras muchas cosas, es la falta de formalidad. Es que no puedo con eso, vaya. Y sí, hoy estoy muy (demasiado) cabreá. Y a mí no me gusta estar así, vaya.

Porque sí, porque si yo quedo contigo a una hora, no se me ocurre pensar que no vas a estar en el lugar de la cita, que dicho sea de paso, era tu propia casa.

Porque si te surge algo y te tienes que ir, soy tan idiota de pensar que me vas a llamar para avisarme y para que no me dé el paseo en balde o pierda una hora.
Y no me vale la excusa de decir que se te ha olvidado hacerlo. No, porque eso no es una excusa válida. Porque si yo tengo un compromiso con alguien, para mí es algo importante y no se me olvida.
Está claro que si a ti se te olvida que has quedado con alguien, en realidad es que no te debe importar mucho. Así que, para mí eso ya es suficiente.
La responsabilidad es algo que nadie puede aprender por ti.

Así que, ahí estaba la tonta la Lou, a las cinco de la tarde, con un sol de justicia y 35º a la sombra, cruzando la ciudad para ir a tu casa. Y teniendo en cuenta que no vives cerca, y encima, es cuesta arriba, pues he llegado sin aire y sudando a mares. Quince minutos andando por la calle es lo que tiene.
La cara de gilipollas que se me ha quedado cuando allí me han dicho que no estabas porque te habías ido de fiesta no creo que se me borre tan fácilmente.

Aparte del calor que yo llevaba, en la puerta de tu casa ya me he puesto a cien. He notado la vena de la sien empezando a palpitar y sin darme cuenta, las contestaciones las he ido dando con los dientes apretados. Bueno, con los dientes y los puños apretados. Yo creo que hasta me salían chispas de los ojos y la persona que me ha abierto la puerta lo ha notado.

Cuando he vuelto a mi casa he llegado temblando. Y no precisamente de frío. La indignación, el mosqueo... Quizás, la ira...
Será que no entiendo esas cosas, porque yo no soy así. Y aunque realmente no seamos amigos, un poquito de consideración con la gente que conoces nunca viene mal.

Tienes razón. Tú te vas adonde te da la gana y no es asunto mío. De hecho, a partir de ahora, nada tuyo es asunto mío. Y ahora, no sé por qué, no entiendes que yo no quiera volver a subir a tu casa. Porque yo creo que está bastante claro, la verdad.
Vamos, creo que tengo derecho a estar rebotá, y a intentar por todos los medios de que no me vuelva a pasar lo mismo otra vez, ¿no?

En fin...
Ya sé, ya sé... Un tostón para vosotros hoy, que no tenéis culpa de nada, ya lo sé... De hecho, hace un rato la he pagado con quien menos culpa tenía... Alguien a quien quiero y que me quiere, y eso sí me ha jodido bastante más.
Pero que necesitaba escribirlo, vaya...
Porque sí, porque el diablillo también se mosquea a ratos. Y mucho, además...

sábado, 13 de diciembre de 2008

Y la vida sigue...

No me apetece mucho escribir últimamente, la verdad. Es que no tengo ganas, vaya. Como si estuviera muy muy cansada...
Pero como la vida sigue y es cierto que no se para, ni por mí ni por nadie, pues hoy me he ido a comer con los amigos de una amiga. Sí, la típica comida navideña entre amigos.

Soy yo muy dada al famoso lema de "los amigos de mis amigos son mis amigos". Y más, si la gente con la que me encuentro es gente sana, sin complejos, y vale tanto la pena. Porque quizás yo no los conozca, pero enseguida entablo conversación. Claro que tb es cierto que no tengo ni pizca de vergüenza y no me cuesta ningún trabajo hablar con todo el mundo, así que supongo que es más fácil.

Sí es cierto que al principio me he tenido que mosquear, porque la que se supone que era mi amiga en cuestión (!) me ha tenido media hora esperando en La Caleta, con un frío del copón.
Que digo yo, que me podía haber avisado, y me hubiera ido a dar una vuelta por ahí para ver si así entraba en calor... Pero no. La "joía" estaba muy ocupada de tiendas...
Definitivamente, la última vez que quedo con ella, hombre ya, que ya está bien con la tontería... A partir de ahora quedaré sólo con sus amigos...

Bueno, pues hemos traspuesto al Zaidín (típico barrio granaíno), donde ya nos esperaban sus amigos. Por supuesto, es que hemos llegado tarde al italiano en el que íbamos a comer, claro, y ya estaban ellos allí.
He tardado como un rato en entrar en calor (angelica yo), y eso que en el local la calefacción amenazaba con derretir los azulejos de la pared. Pero es que hoy ha hecho mucho frío. Eso sí, al empezar a comer, se me ha quitado toda la pena. Sí, porque nos hemos puesto tibios a base de pizzas, lasañas y todo lo que se nos ha ido antojando.
Y allí hemos estado hasta las cinco de la tarde, sin dejar de reír. Eso que no falte, claro.
Tanto, que casi nos echan del restaurante... hoy tb.

Lo cierto es que eso es algo habitual. Vamos "causando sensación" por todos los sitios por donde pasamos. No por nada, simplemente, porque no dejamos de armar escándalo. Un escándalo sano, es verdad, pero escándalo al fin y al cabo. Es que tenemos a todo el mundo pendiente de nuestras conversaciones, de nuestras historias...
Nuestras carcajadas se oyen en todo el salón, y a veces, es evidente la cara que suele poner el camarero de turno cuando nos mira. -"¿Qué pasa, tío? Que estamos muy agusto aquí, y por eso nos reímos..."-.

Nos hemos ido antes de los postres porque a una de las amigas de mi amiga se le ha ocurrido la genial idea de hacer una "chocolatada" esta tarde. Así que hemos ido al "Bar Fútbol", famoso en toda Granada por su chocolate, y por supuesto, por sus churros.

De hecho, al entrar, no he podido evitar recordar que en mi Cena Fin de Carrera de 2002, terminamos en este bar a las siete de la mañana. ¡Cachis en la mar, cómo pasa el tiempo!

Pues nada, que allí, tanto de lo mismo, con los "puntos" y las historias. Y sobretodo, sin dejar de reír. Y es que hay gente a la que le encanta mojar el churro en el chocolate de los demás. Y eso, cuando no eres invitado a hacerlo, puede ser una ofensa muy grave.
Sí, tb nos iban a echar de este local cuando a todos nos ha dado la paranoya.

Siempre he dicho que la risa es la mejor medicina y el sentido del humor el mejor traje que se puede vestir cuando salimos al mundo (menos cuando me hacen esperar media hora con la que estaba cayendo, porque entonces me paso el sentido del humor por el forro, claro).
De todas formas y a pesar de todo, hoy lo he vuelto a comprobar. Me encanta la gente así, sana y sin mayores complicaciones. Cariñosa, simpática y siempre de buen rollo.

Y teniendo en cuenta que todos eran abogados menos yo, que soy de ciencias, pues me hubiera podido plantear que igual no íbamos a conectar tan bien o que podríamos no tener nada de qué hablar... Pero, qué va...
Debe ser que la risa es un idioma universal, seas de letras o seas de ciencias, ¿no?
Es una terapia para el alma...
Es un contagio para el corazón...

Con dolor de barriga que he terminado yo. Y con eso lo digo todo...

Frasecilla célebre del día: "La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano" (Víctor Hugo).

lunes, 8 de diciembre de 2008

Hoy desperté


Pues sí, hoy desperté... Y se acabó. Ya he tomado la decisión más difícil... Dolorosa, como todas las decisiones importantes de nuestra vida; pero necesaria, al fin y al cabo.

Alguien que te ha visto este fin de semana me ha contado lo que tú le habías dicho: Que no vas a volver. Y en ese preciso instante, el único resquicio de esperanza que yo aún podría albergar, se esfumó como por arte de magia. El estómago se me encogió hasta hacerse una pelota pequeña y dura, y el dolor que me empezó a subir por la garganta, amenazaba con no dejarme respirar.
De camino a casa ese dolor era casi insoportable, y al llegar y encerrarme en el cuarto de baño, no pude evitarlo.

He llorado muchas veces estos últimos meses. Muchísimas, es cierto. Pero ninguna de esas veces se ha parecido ni por asomo a ésta. Allí, apoyando mis manos en el lavabo, y mirándome de frente en el espejo, veía cómo las lágrimas resbalaban por mi cara en silencio. Ni un suspiro, ni un gemido... Sólo en silencio.

Y de pronto, noté cómo se me quitaba un peso de encima. No por el hecho de que no vayas a volver, que eso por supuesto me parte por medio. Simplemente, porque ya no tengo que seguir viviendo en medio de una ilusión que seguramente iba hacia ninguna parte. Yo no podía estar así eternamente, y ahora ya sé que no tengo que seguir esperando nada.
Supongo que en realidad es siempre la incertidumbre la que puede con nosotros, pero si ya está claro lo que es (o lo que no es), se acabó todo, ¿no?

Yo habría preferido que hubieses sido tú el que me hubiera dado la "mala noticia". Oír las cosas de primera mano siempre es mejor que oírlas cuando se han ido deformando de boca en boca. Y tú siempre me has contado todas las movidas que has tenido.

Te escuché en marzo cuando me dijiste que habías entrado en el sindicato.
Te escuché cuando me contaste que habías puesto tu empresa patas arriba y habías empezado a denunciar en la inspección de trabajo todo lo que no se hacía bien allí dentro.
Te escuché cuando me dijiste que tu jefe te había abierto un expediente disciplinario (falseando la verdad para poder hacerlo), y todavía recuerdo tus palabras aquel día de abril, que aún resuenan en mi cabeza:-"Lourdes, van a por mí"-.

Y a mediados de mayo te despidieron. Alegando una mentira, sí, pero te echaron. Todavía no he sido capaz de olvidar el dolor de estómago que me produjo hablar contigo aquel día, y eso que no fue cara a cara, sino por el msn. Me temblaban las manos y no podía escribir. Tú habías querido evitarme el sofocón intentando alargar mi ignorancia lo máximo posible, porque no querías que me preocupara. Pero me enteré, claro.

Estuve contigo en la distancia, cada minuto de aquellos días. Tú sabías que estaba contigo, es verdad, pero yo necesitaba verte para comprobar tu estado de ánimo. Y quedamos una semana después. El hecho de vivir a 15 Km. el uno del otro tiene estas ventajas.
Aquella fue la última vez que nos vimos los dos. Quizás el abrazo que me diste y el te quiero que dejaste resonando en mi oído, tuvieron sabor a despedida, aunque ninguno de los dos lo supiésemos en aquel momento.

Pero yo seguí contigo.
Estuve contigo en la recogida de firmas que se organizó para mostrarte el apoyo de toda la gente.
Estuve contigo el día de la manifestación de junio con la que recorrimos la calle principal de este pueblo, gritando consignas con tu nombre.
Estuve contigo el día de la concentración en la puerta de tu empresa, aquel 10 de julio, para armar escándalo y hacer que tu jefe nos escuchara.
Estuve contigo el 28 de julio, día del juicio. Estuve contigo todo el día, sin necesidad de moverme del lab.
Estuve contigo el día después, la semana siguiente...
Y estuve contigo el día de agosto en el que ya era un hecho que habías ganado y te tenían que readmitir de forma inmediata.
Te conectaste simplemente para contármelo, y yo no pude evitar echarme a llorar de la emoción. Me dijiste que empezabas a trabajar de nuevo, sí, pero en otro destino; que tuviera paciencia y que esperara a que tú volvieras... Porque sí, porque tenías claro que ibas a volver...

Pero no. Es evidente que ya no.
Aquella fue la última vez que hablamos. No has vuelto a darme ni una miaja de respiro. No has vuelto a dejarme hablar contigo. Quizás tú tb esperabas a tu vuelta para reanudar nuestras charlas y para poder vernos de nuevo. Sólo que eso no es suficiente y no me vale. Ya no.

Desde agosto hasta ahora he tratado de justificarte todos los días, pensando que si no hablas conmigo es porque no puedes, porque estás muy ocupado o porque tienes el ordenador roto; que si no quedamos a tomar un café, es porque tienes muchas cosas que hacer y no tienes tiempo... Pero eso ya no me sirve. No, porque cuando dos personas quieren verse, no hay nada ni nadie que lo impida.

Y es que, fuiste tú en una de nuestras múltiples conversaciones, durante uno de aquellos cafés de los sábados, el que me prometiste (del verbo prometer) que tú y yo nunca dejaríamos de vernos, aunque te fueses de aquí.
Fui yo la que te planteó la duda, en un momento de desconfianza (o de intuición) que tuve hace tres años. Porque es cierto que cuando los amigos se separan, a veces es muy fácil que dejen de verse. Pero tú dijiste que no, que eso nunca nos pasaría a nosotros, y que parecía que no te conocía nada en absoluto. Y yo te creí aquel día. Supongo que porque quería hacerlo.

Y me he aferrado a esa promesa todos estos meses, pero ya no puedo más y estoy cansada. Sí, porque además, yo te he dejado mensajes, o te he mandado recuerdos con tu cuñado (que sigue el hombre trabajando aquí), pero no he recibido ninguna contestación. Ni un "Estoy bien", ni un "Yo tb me acuerdo de ti" ni un nada. Así que, ¿para qué seguir pensando en más historias?

Quizás, sólo quizás, siempre significaste mucho más para mí de lo que yo signifiqué para ti. Que podría ser, ¿por qué no? Lo que sí sé es que eso, para mí, es muy triste.

Como diría Silvio a estas alturas: "Ya no te espero, porque de esperarte hay odio...". Pero no es un odio hacia ti. Nunca podría serlo porque nunca podría odiarte.
Es un simple odio visceral hacia las promesas incumplidas; hacia la decepción de esperar algo más y no recibirlo; a la ceguera que he tenido todos estos meses...
He estado ciega, sí, pero ¿qué esperabas? Sabes que te quiero. Te lo he dicho alguna vez. Y seguramente, eso me impedía ver la realidad tal y como es. Supongo que de la misma manera que ahora mismo las lágrimas me impiden ver la pantalla de mi ordenador, "tal y como es".

Seguramente, la culpa es mía por acercarme tanto a la gente. Sí, porque luego, cuando se tienen que ir, cuando me decepcionan, o cuando me fallan, lo paso fatal. Pero, a ver, ¿qué hacemos? Mejor perder que no jugarse nada, ¿no?
Además, que si alguien me llega al alma,como ha sido tu caso, yo no puedo hacer otra cosa que acercarme a ti de la forma en que lo hice: con el alma abierta y el corazón en la mano. Viviendo cada momento al máximo, fuese bueno o fuese malo.

Mira, yo lo único que sé es que eres un amigo al que no olvidaré nunca. Un amigo que, por circunstancias de la vida, ya no está a mi lado mostrándome el mundo. Sí, porque para mí, la amistad que había entre nosotros siempre fue un regalo. Y yo necesitaba pensar, necesitaba creer, que esto sólo sería una mala racha y que tarde o temprano todo pasaría. Hoy me he dado cuenta de que no es así.

Sí, hoy desperté. Hoy se ha acabado todo. Y hoy es el último día que escribo sobre ti.

martes, 26 de agosto de 2008

El arte de no acertar


Me he dado cuenta de que siempre buscamos la aprobación. Todo lo que hacemos y todo lo que decimos tiene un fin específico, y la persona que tenemos enfrente tiene que saber valorarlo o apreciarlo, porque de lo contrario se corre el riesgo de cometer un error.

Sí. Se corre el riesgo de perder la confianza, de perder la complicidad, de perder la comunicación... Incluso, de perder la amistad. Y, es que, estoy convencida de que las amistades nunca se pierden de golpe. Ni siquiera de un día para otro... Se van deteriorando poco a poco hasta que ya no tienen remedio. Seguramente, por detalles que no gustan y molestan, pero que no se aclaran ni se hablan, y se van acumulando.

Y es que, suele pasar que, por muy bien que intentemos hacer las cosas, siempre nos equivocamos. Intentamos agradar a todo el mundo, cuando todos sabemos y es perfectamente evidente, que eso es imposible. Y por supuesto, fracasamos.

Lo que es realmente triste es que, para vernos, tengamos que mirarnos con los ojos de los demás. Lo ideal sería ser siempre nosotros mismos, sin importarnos lo que el resto del mundo pudiera pensar. Hacer lo que creemos que es mejor, sin pensar en que vamos a tener a media humanidad detrás de nosotros, recriminándonos todos nuestros actos... Vamos, hacer lo que se supone que tenemos que hacer, sin pararnos a pensar en que después vamos a ser objeto de halagos y cumplidos o, por el contrario, de críticas y juicios. Sí, porque está claro, que hagamos lo que hagamos, nunca vamos a acertar. O lo que es peor: Hagamos lo que hagamos, nunca es suficiente y siempre esperan más... Siempre exigen más...

El problema es que, desde siempre, desde que nacemos, nuestra educación se ha ido basando en la aprobación. Siempre hemos necesitado que las personas más allegadas a nosotros, nos dijeran lo bien que habíamos hecho las cosas. Y, claro, ya no las hacemos porque estén bien o porque sea así como se deben hacer, no. Las hacemos esperando no decepcionar o no defraudar a la familia, a los amigos, a los profesores, a los jefes (!)... Sin embargo, ya ha quedado bastante claro que nunca acertamos.

Y, cuando yo fui consciente de que nunca podría acertar con todo el mundo, decidí que por lo menos, intentaría acertar conmigo, y hacer las cosas como yo las creyera oportunas. Sí, tal y como me las dictase el corazón, la conciencia, la moral... Mis principios... Pero claro, entonces, me tacharon de egoísta, de "borde", de estúpida o de "ir a mi bola". ¿Ves? Si la cuestión era no acertar, ¿qué le vamos a hacer?

Personalmente, estoy cansada de todo esto. Y no es cansancio físico, qué va. Es cansancio emocional. Pero, cansancio al fin y al cabo. Lo que pasa es que el cansancio físico es más fácil de mitigar. Se descansa y punto. Pero con el cansancio emocional no es tan sencillo. A veces cuesta superarlo y quizás sólo se consiga en parte. Nunca se llega de nuevo al cien por cien de estabilidad y de equilibrio. Y es que, si siempre haces las cosas bien, ya no te puedes permitir el lujo de tener un mal día y fallar. No, porque sólo se darán cuenta del momento en el que te equivoques, y lo que hayas hecho hasta ese día, no le importará a nadie. Es cierto, cuando te pasas la vida intentando hacer las cosas bien, nadie se da cuenta y nadie lo valora. Sólo reparan en el día que tienes un mal momento y sale algo mal. Entonces a nadie se le olvidará jamás. ¿Es o no es para cansarse?

Frasecilla célebre del día: "Para que la gente te quiera, tienes que hacer siempre las cosas bien. Para que te odien, no hay que hacer absolutamente nada". (H.J.S.)