lunes, 29 de septiembre de 2008

La polémica

Bueno, pues en vista del "exitazo" de la última entrada, donde toda la gente se ha quedado un poco "pillá" con el tema, éste sería un buen momento para aclarar la historia. Eso sí, si hubiera algo que aclarar, claro, porque lo cierto es que no.

Todo lo que escribí el sábado en aquel rato de "lucidez mental", o lo he pensado o lo he sentido alguna vez. Supongo que igual que os ha pasado a todos en algún momento (y en más de un momento, seguramente). Y quizás, al empezar a escribir, salió todo de una forma un poco "salvaje", porque parecía que me acababan de "torear" y lo tenía muy reciente. Aunque eso no era así ni mucho menos. Soy la leche creando polémica, vaya. Lo que sí está claro es que ya va tocando que me den algún "restregón", porque hace tanto tiempo de la última vez que ya casi ni me acuerdo... (He dicho "casi", ¿eh?).

De lo que sí me he dado cuenta es de que voy a tener que seguir utilizando la primera persona del plural para escribir, porque está claro que utilizar la primera del singular hace que se me escape de las manos y cause más estragos. Y es que, claro, supongo tb que el tono que utilicé no dejaba mucho lugar a dudas, pero es que a mí, incluso pasando el tiempo, me cuesta mucho olvidar. Y si me pongo a recordar que alguna vez me hicieron daño, pierdo las formas... Ya sé, ya sé... Soy muy rencorosa, es verdad. No olvido ni una y no dejo pasar ni media. Pero, ¿qué le hacemos? Es mi mecanismo de defensa para no volver a caer en lo mismo. Con todo y con eso, siempre caigo una y otra vez. Creo que a todos nos pasa y parece que no aprendemos. Vamos, que tropezamos quinientas veces en la misma piedra y seguimos pasando por allí. Será que somos masoquistas. O será, como ya dije el otro día, que la inmunidad nos carcome los huesos.
Eso sí, siempre podremos consolarnos diciendo que cada golpe nos hace más fuertes, ¿no? Además, que siempre tendremos gente al lado que nos ayudará a renacer de nuestras cenizas todas las veces que sea necesario, así que...

...Así que, bueno, aprovecho y doy las gracias a todos los que sé a ciencia cierta que están ahí siempre, que va a ser que me quieren y tó, y que no sé por qué, dicho sea de paso, porque todos saben y tienen muy claro que soy un bicho... Y es que, este finde he oído desde "Si hay que romper piernas, vamos y las rompemos", hasta "Cojo la sierra mecánica y en vez de 'La matanza de Texas' hago 'La defensa de Lourdes', hombre"... Está claro que me quieren sí, pero tengo unos amigos de mafiosos que para qué... Definitivamente, tanto "pressing" no debe ser sano...

Frasecilla célebre del día: "Lo que no me mata, me fortalece" (F.N.)

sábado, 27 de septiembre de 2008

¿Sinceridad? (II)

Continuando con el tema que me ocupaba ayer, podría decir que si hay algo, sin duda, que me toca las narices y me revienta el higadillo, es que gente que aparentemente se lleva bien conmigo y a la que supuestamente no le caigo mal, luego, y sin venir a cuento, hable de mí a mis espaldas con el resto de la humanidad. Vamos, que hable, comente, refiera... critique... Sobretodo, critique, que eso, por lo visto, se nos da muy bien a todos.

Porque, digo yo que, si tienen algo que decir, que vengan y me lo digan a mí personalmente a la cara. Que ya habíamos quedado en que eso era lo ideal, ¿no? Así yo tendría la oportunidad de comentarlo tb y aclarar el posible malentendido, si es que lo hay. Pero qué va. Es mejor ir a otra persona, que seguramente no pinta ná en la historia, y ponerme de vuelta y media sin darme a mí el beneficio de la duda. Y claro, entonces, la otra persona, que a lo mejor no me conocía y que quizás no tenía una idea preconcebida, enseguida se pone a la defensiva conmigo o se predispone a pensar que es cierto lo que han querido ir a contarle.

No puedo con esa hipocresía. Es que es superior a mí. Porque, personalmente, a mí se me nota de lejos si alguien no me gusta, y nunca se me ocurre aparentar que ese alguien me cae bien cuando lo tengo delante, para después ponerlo "verde" en cuantito se da la vuelta. No, porque la verdad es que esa forma de ir por la vida no va conmigo. Prefiero decirle lo que pienso directamente, aunque después me lleve un "bufío". Que es lo que habitualmente me pasa, claro. ¿Qué le vamos a hacer? Mala suerte... Es el precio que hay que pagar cuando se es sincero, ¿no? Además, que no puedo estar a medias con nadie porque a mí eso no me sale. O es "sí", o es "no". Lo que no puedo es estar a ratos "sí" y a ratos "no", porque no sabría hacerlo...

Una de las cosas que suelen pasar cuando alguien nos va criticando por ahí por el mundo, es que la mayoría de las veces ni nos enteramos de que han sacado a pasear la lengua viperina. A no ser, claro, que venga un amigo de verdad, que ha oído por ahí que nos están poniendo "verdes" y nos lo cuente (que, vuelvo a repetir, es lo ideal aunque duela). Pero, bueno, si nos critica gente ajena a nosotros, hasta nos lo podríamos tomar como un cumplido:-"Anda, me ha visto, sabe que existo, y en algo le habré tenido que llamar la atención si se molesta en hablar de mí aunque sea mal, ¿no?"-. Está claro que el que no se consuela es porque no quiere.
El problema emocional viene cuando la hipocresía y la mala crítica llegan de la mano de un supuesto amigo; de alguien en quien habíamos depositado nuestra confianza y del que nos habíamos fiado sin reservas; de alguien por el que hubiéramos puesto la mano en el fuego y al que le habíamos contado "vida y milagros". Entonces se nos cae el mundo al suelo y nos destroza la moral. ¿Qué esperabas? Nos la han jugado a base de bien y eso duele. Pero, claro, es a fuerza de recibir "palos" como éste cuando conseguimos hacernos más fuertes, ¿no? Pues entonces habrá que sobrellevarlos como buenamente se pueda. "He preferido un golpe así, de vez en cuando, porque la inmunidad me carcome los huesos"... ¡Qué artista mi Silvio!

Lo peor de todo es que siempre aprendemos a marchas forzadas porque estamos rodeados de hipocresía y falsedad por todas partes. Está a la orden del día, vaya. Hay sonrisas que parecen amistosas pero que no lo son tanto, porque no pasan de enseñarnos los dientes bien apretados; hay buenas palabras y mejores halagos que sólo van buscando acercarse lo suficiente a nosotros para ver qué favor nos pueden pedir después; hay gente que te cuenta las cosas a medias o que directamente no te las cuenta para que no tengas las mismas oportunidades que ellos y lleves desventaja a la hora de dar la talla; y tb hay gente que parece que nos está ayudando muchísimo con un tema en un determinado momento, pero luego nos damos cuenta de que toda esa ayuda tenía un trasfondo porque ellos iban a su bola en busca de otra cosa y simplemente nos han utilizado. Será que el altruismo está pasado de moda. "Hipocresía con premeditación y alevosía", se podría llamar esto.
Es triste, la verdad es que sí, pero es lo que hay. Nos ponen buena cara por delante, parece que son nuestros amigos (qué ingenuos podemos llegar a ser a ratos, de verdad), pero la puñalada nos la llevamos en el momento más inoportuno. Y algunas veces, simplemente es para hacer daño. "Hipocresía con mala leche" se podría llamar ahora.

Por esto me encanta la gente que no tiene dobleces de ninguna clase. Y aunque pueda parecer que no, alguno existe por ahí, sí. "Haberlos, haylos", vaya que sí. En ellos, siempre lo que se ve es lo que hay, sin mayores historias. Esas personas que son sencillas (que no simples, ni mucho menos), directas en todo lo que hacen y en todo lo que dicen, transparentes y fáciles de tratar. Gente sincera, al fin y al cabo.
¿Ves? Si en el fondo, todo se basa en eso. Además, que es tratándolos y conociéndolos, cuando te das cuenta de que no serían capaces de criticar a nadie porque realmente no les hace falta. Ni siquiera a los que se lo merecen y parece que lo están pidiendo a gritos. Más que nada, porque esta gente te habla a la cara, mirándote a los ojos, sin andarse por las ramas y sin darle más vueltas de las necesarias... Pues ésta es, sin lugar a dudas, la gente que vale la pena con un 100% de fiabilidad. Eso sí, hay que encontrarlos, porque a la vista escasean más que los billetes de 500 euros, y quizás sean una especie en extinción tb.

Frasecilla célebre del día: "No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto" (A).

viernes, 26 de septiembre de 2008

¿Sinceridad?

Cuando en 2003 me dio el punto y pensé en hacer aquel "experimento", era simplemente buscando la verdad. Cuando pedí a toda la gente que me conocía que me definiese con tres adjetivos, todos cumplieron con creces aquel cometido. Gente que me conocía desde hacía veinte años y gente que apenas hacía un año que rondaba por mi lado. Y desde el primer momento supe a lo que me exponía, claro que sí, pero fue algo muy necesario.
Sí, porque a veces necesitamos que nos "pongan al día" y nos digan la imagen que estamos dando al resto de la humanidad.
Tiene razón Manuel Vincent cuando dice que "el que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla". Yo la encontré. De hecho, la encuentro siempre que la busco. Ésa es la cuestión, claro.

Y es que sí, lo de la sinceridad está muy bien y es una gran virtud, pero no siempre es lo mejor. Personalmente, tengo la desgracia (o la suerte, aún no lo he decidido) de decir siempre lo que pienso. Y sobretodo, con la gente cercana y los amigos, suelo ser sincera "hasta hacer daño" (o "hasta hacer sangre" como dice mi amiga Wiza, que, expresiva, es un rato largo ella tb). Y es verdad que siempre buscamos la sinceridad de los amigos. De hecho, son los únicos que tienen derecho a decirnos lo que realmente piensan, ¿no?

Sí, ya sé, ya sé, la familia tb. Pero quizás la familia, aunque nos quieran tb, suelen ser más críticos que sinceros, y no ven nada bueno en nosotros. O, al menos, nunca nos lo dirían directamente. Nos defenderán a capa y espada con el resto de la gente, por supuesto, pero a nosotros nos pondrán de vuelta y media a la cara.

El caso es que son los amigos en los que siempre buscamos esa sinceridad cuando planteamos una duda, una actitud o un comportamiento. -"Pero dime lo que piensas de verdad, ¿eh?"-. Y sí, todos esperamos que sean sinceros con nosotros y nos digan cuándo estamos metiendo la pata o dónde no hemos hecho las cosas bien. Y no sería ni honesto, ni leal, ni siquiera ético para el significado de la palabra amistad, no decir la verdad siempre.

Lo que pasa es que, habitualmente, eso no es así. Cuando pedimos sinceridad, en realidad siempre esperamos que nos digan lo que queremos oír y lo que menos daño nos haga. En el fondo, siempre es así. Por eso quizás nos duele tanto la verdad. A la larga es cierto que la agradecemos, sí. Pero en el momento concreto, podemos discutir y pelear porque "eso no es así y te estás equivocando".

Así que, claro, si nos van a hacer daño con la verdad, mejor que sean las personas cercanas las que lo hagan, ¿no? Porque tb es cierto que, normalmente, lo que diga la gente que no conocemos nos da igual, y sólo nos importa lo que nos dice la gente que siempre tenemos a nuestro lado y a la que queremos. Y sabemos a ciencia cierta que lo que dicen, lo están diciendo desde el cariño. Son sinceros con nosotros porque les importamos y piensan que nos merecemos saber la verdad...

Pero pasa que algunas veces es muy complicado. Sí, porque sabemos que, en el peor de los casos, vamos a causar un problemático estado de "shock" cuando digamos lo que tenemos que decir. No sé hasta qué punto merece la pena hablar, o por el contrario, debemos callarnos y dejar que las cosas sigan su curso hasta que sean evidentes para la persona en cuestión. Pero claro, nunca nos gusta ver cómo alguien a quien queremos se está equivocando o se la están jugando. Digo yo que debe haber un término medio entre la chica de Extremadura, que casi no habla por no ofender, y el Risto Mejide, que simplemente habla para ofender con toda esa parsimonia que gasta.

Frasecilla célebre del día: "Prefiero molestar con la verdad, que agradar con la mentira" (S).

lunes, 22 de septiembre de 2008

Bendita juventud

Aunque yo ya tengo algunos años, todavía me considero muy joven. Y no es que tenga "complejo de Peter Pan" (como le pasa a alguna gente que conozco por ahí), no. Pero es que tengo tan recientes mis años de estudiante, que todavía algunas veces, parece que continúo en ellos. De hecho, es que algunas mañanas me levanto para ir al trabajo, y hay días que pienso que voy a las prácticas de laboratorio de la facultad. Hasta que, claro, meto la pata y mi jefe me hace volver al mundo real a marchas forzadas. Que digo yo, que para eso está el jefe, ¿no?
Cuando era estudiante, lo peor que podía pasarme era que el profe de turno me pusiera una mala nota si la cosa se torcía de una manera escandalosa. Y tampoco es que la cosa fuera muy grave, vaya. Pero está claro que ahora la responsabilidad es mayor.

Será que echo de menos mi época estudiantil. Aunque, bueno, en realidad lo que echo de menos es vivir en aquella especie de "mundo irreal" en el que nos movíamos. Y sobretodo, vivirlo con aquella gente que tuve la suerte de conocer. Porque, ¿para qué nos vamos a engañar? No echo de menos los exámenes (¿estamos locos?); ni tampoco aguantar clases aburridas (creo que ya no tendría paciencia para sentarme a escuchar un "tostón" de dos horas)...

Pero sí que echo de menos los ratos de cafetería (los mejores, dicho sea de paso), o la hora de comer, cuando quedábamos todos juntos para que nadie tuviera que comer solo... O cuando nos íbamos al piso compartido de cualquier compañero y montábamos allí nuestra fiesta particular. O la montábamos por la calle, si se nos ocurría cruzar bailando los pasos de cebra (cuando el semáforo no los permitía, por supuesto), sin dejar de reír y de llamar la atención. ¡Qué folloneros éramos, hay que ver! Que recuerdo yo no poder parar de reír y terminar llorando sin remedio.

Que lo pienso ahora y sí que éramos folloneros, de verdad. Pero lo éramos de una forma muy sana. Siempre fue una de las características que tenía aquella gente joven a la que solía acercarme y con la que conectaba sin problemas. Eran sanos... Pero tb, divertidos, espontáneos, sinceros, sin complejos, solidarios, educados, dispuestos siempre a ayudar, a hablar, a escuchar, a disculparse, a compartir...

Éramos amigos, y era aquella amistad sana la que nos impulsaba a abrazarnos y besarnos los lunes, después de todo un fin de semana entero sin vernos. Que parecía que habían pasado meses desde la última vez, por la efusividad que mostrábamos, más que ná... Cualquiera que nos viese...

Y todos ellos eran gente que me entendía sin que hubiera necesidad de decir nada, y que sabía lo que estaba pensando en cada momento. Quizás porque todos pensábamos de la misma manera, o quizás porque a todos nos agobiaban los mismos temas. Así, evidentemente, era más fácil coincidir.

Pero de pronto, dejamos de ser estudiantes, con el problema emocional que aquello nos supuso. Y pensaba que seguramente, cuando fuesen pasando los años, quizás todos nos estropearíamos y empezaríamos a ser más materialistas, más falsos, más hipócritas, menos sinceros... Y no sabía si realmente formaba parte de crecer lo de convertirse en alguien sin valores, sin sueños, sin imaginación...

Sin embargo, he podido comprobar que eso no ocurre necesariamente. No, porque tb conozco mucha gente, que no son tan jóvenes ya, pero que conservan la juventud de espíritu y no han dejado que les invada la apatía.
Está claro que hay que tener delicadeza incluso para hacerse mayor, ¿o no? (Gracias, Sabina).

Frasecilla célebre del día: "La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu" (M.A.)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Los necesarios reencuentros

Me he dado cuenta de que nos pasamos la vida viviendo frustraciones. O, al menos, una decepción detrás de otra… Quizás es una forma de prepararnos para lo inevitable, quién sabe…
Cuando somos niños, somos incapaces de asumir las derrotas, los fracasos… Pataleamos, gritamos, lloramos… porque no entendemos que las cosas puedan cambiar de una manera tan radical en un solo segundo.
Conforme crecemos y vamos madurando psicológica y emocionalmente, controlamos mejor nuestra actitud ante esas desilusiones. No digo yo que no nos preocupen o no nos afecten, porque sí es verdad que nos siguen doliendo y destrozando la moral, como cuando éramos niños, pero ya somos capaces de aguantar estoicamente para no caer en ese comportamiento infantil. De hecho, a veces, da la impresión de que nos da igual y no nos importa… Aunque no sea así…

Todo esto que estoy contando me suele suceder cuando alguien, que no debería, se va demasiado pronto. Siempre es la misma decepción. Siempre la misma…
Y es que, tengo la desgracia (o la suerte, no lo sé) de que, cuando alguien me llega al alma, enseguida me acostumbro a tenerle cerca y le cojo cariño desde el principio. Y nunca me planteo que cualquier día se irá y me partirá por medio, dejándome sumida en la tristeza más profunda… Pero, claro, tampoco puedo plantearme eso cuando conozco a alguien que vale la pena y decido acercarme lo suficiente. No, porque sino, seguramente, no dejaría que nadie me rozara el alma, si pensara que se va a ir en cualquier momento. Y yo no soy así. Prefiero vivir cada minuto con la gente, cuanto más intenso mejor, por si algún día se van, que siempre me queden esos momentos impresos en la memoria…


Me pasó cuando terminé el Instituto. Sí, los amigos que allí hice se fueron despidiendo poco a poco. La mayoría de las veces, sin avisar. Y parece que se acaba el mundo, porque has estado muchas horas con ellos, y no había otra cosa en qué pensar. No había más gente en el mundo. Sólo ellos. Y todo giraba alrededor de esa gente… Y, ya ves, al final, sobrevives. Los primeros meses parecía que no íbamos a poder estar los unos sin los otros, sin poder hablar, sin reírnos juntos… Pero, se supera, y continúas tu vida…

Cuando acabé la Carrera, me volvió a pasar… Habían sido cinco años en el mismo sitio, con la misma gente, y terminar fue lo peor que nos pudo pasar en aquel momento. Sí, y como siempre, dijimos de vernos, de quedar, de no perder el contacto… Pero ya sabemos todos lo que pasa con eso… Y también acabamos por acostumbrarnos a no vernos todos los días, ni todas las semanas, ni todos los meses… Ni siquiera, todos los años… Actualmente, puedo decir que sigo en contacto con una o dos personas de aquella promoción. Al resto de la gente, no la he vuelto a ver ni he vuelto a saber de ella.


Después me pasó de nuevo cuando me "reenganché". Pero ya no fue de la misma manera. Además, que la ventaja de saber cómo son las cosas de antemano, te hace no tener que esperar a que pasen para darte cuenta de ellas. Y el hecho de poder disfrutar de una segunda oportunidad con un tiempo limitado te hace aprovechar al máximo cada minuto porque ya sabes lo que va a venir después... De esos dos años, hay mucha gente con la que sigo en contacto todavía, porque supongo que se trata de eso… Menos mal que me he subido al tren de las nuevas tecnologías y existe el msn y el teléfono móvil, que si no, yo no sé que habría sido de nosotros y de la distancia que nos separa…
Lo de las separaciones me ha seguido pasando con la gente que he tenido a mi lado en mis etapas de transición o en mis primeros años de curro. Las despedidas son odiosas y siempre aseguramos que nos vamos a seguir viendo y que nunca dejaremos de hacerlo. Pero a veces, es más un pensamiento utópico que una realidad. Lo decimos para no sentirnos tan mal y para no perder la esperanza en ese momento crítico del adiós. La triste realidad es que poco a poco nos acostumbramos a no ver a la gente que fue tan importante en algún momento. Al principio nos cuesta, pero luego ya digo que nos acostumbramos.
Menos mal que, de vez en cuando, se nos regala algún día "de fiesta" que no esperamos siquiera. Y eso sucede cuando nos reencontramos con alguna de estas personas que una vez fue importante en nuestras vidas. Aunque, eso sí, haya pasado casi un año y medio de la última vez, como ha sido el caso de hoy. Me ha gustado mucho poder observar que las cosas no han cambiado tanto: Que somos capaces de retomar la conversación sin problemas; que seguimos entendiéndonos como cuando nos veíamos y hablábamos a diario; que nos sigue resultando realmente fácil charlar... Aunque a ratos pueda parecer un monólogo porque una parte habla y la otra, simplemente, escucha.
Cuando me pasa esto con alguien, me alegra darme cuenta de que todo valió la pena. Me alegra pensar que me acerqué lo suficiente y que conseguimos ser amigos. Y me alegra comprobar que la amistad era real porque sigue ahí, a pesar del tiempo y del espacio.
Frasecilla célebre del día: -"Que tengas un buen día"-. (X)

jueves, 11 de septiembre de 2008

"Sueño de una noche de verano"

Pues la fecha de hoy me ha hecho pensar. Lo cierto es que siempre me pasa y hoy no iba a ser una excepción, claro.

Tiene que ocurrir algo realmente impactante para que nos demos cuenta de que no somos inmortales. Ya puede ser el 11-S, el 11-M, el 20-A... Da igual. La cuestión es que cuando algo así ocurre, nos "despierta" y nos lleva a la realidad. Y la realidad que se nos hace patente en ese momento es que no somos eternos, y entonces empezamos a ser conscientes de nuestra fugacidad (como las estrellas, pues igual).

La verdad es que nunca nos paramos a pensar que un minuto estamos aquí, y al siguiente puede ya no. Vivimos con la falsa creencia de que siempre habrá un mañana para hacer las cosas que no hemos podido hacer hoy; para ver a la gente que no hemos tenido tiempo de ver hoy; para decir las palabras que no nos hemos atrevido a decir hoy... Y evidentemente, perdemos las oportunidades que se nos presentan.

Porque vivimos pensando siempre en un mañana que puede que no lleguemos a ver, y no nos damos cuenta de que lo único que tenemos seguro es el hoy que estamos viviendo. Pero no lo aprovechamos. Nunca lo aprovechamos. Siempre nos encontramos haciendo planes para el futuro sin plantearnos que quizás no podamos cumplirlos. No somos capaces de vivir cada segundo de existencia como si fuese el último porque siempre nos puede la incertidumbre y el respeto que le tenemos a ese futuro, que aparentemente, se presenta ante nosotros.

Y es que supongo que toda la gente que estaba en las Torres o en el avión de Barajas tenía sus planes para el día siguiente, para el mes siguiente... Todos tenían historias y cosas que hacer... Y todo se truncó en aquel momento, sin remedio, como un fogonazo.
La cuestión es que no aprendemos. No vivimos al día y seguimos dejando las cosas para mañana. -"Bah, mañana será otro día"-...

Frasecilla célebre del día: "Carpe diem quam minimum credula postero" (H.)

domingo, 7 de septiembre de 2008

-"Todos tenemos nuestras luchas"-

Anoche vi una peli que mi hermano se había bajado de internet. Y es que, es cierto lo que dice la Seño N: "La tele está hecha una pena". Así que sí, pusimos una película en el DVD. Se titulaba "Rompiendo las reglas", y se parecía bastante (demasiado diría yo) a aquella primera parte de "Karate Kid" del año 1984. Sólo que ahora, el "Señor Miyagi" era un "armario empotrao" de dos metros y más oscuro de piel.

El caso es que, la película en sí, no era nada del otro mundo. Pero hacia la mitad de la historia, el "armario empotrao" al que me refería antes, le dijo al protagonista la frase que me ha dado pie para escribir la entrada de hoy. -"Todos tenemos nuestras luchas"-. Del resto de la peli casi no me enteré, porque ya no dejé de darle vueltas a esa afirmación. Total, ¿para qué? Si todos sabíamos que al final, la pelea la ganaría "el bueno" aún teniéndola casi perdida...

Así que no dejé de pensar en que sí, es cierto: Todos tenemos nuestras luchas, pequeñas o grandes, pero cada uno las nuestras. Desde el crío de un año de edad, que tiene su lucha particular contra el suelo cuando está aprendiendo a andar; hasta el hombre hecho y derecho que la tiene cuando quiere dejar de fumar, y se levanta por la mañana pensando en el dichoso tabaco...

La tenemos cuando decidimos que ya es hora de quitarle los ruedines a la bici y nos caemos, pero lo seguimos intentando.
La tiene el estudiante de turno cuando intenta día a día mejorar sus notas, combatiendo el cansancio y la pereza, para poder hacer en el futuro lo que realmente le gusta. (Bien por mis niñ@s! :D).
La que tiene un deportista de élite por superar sus marcas, sacrificando horas de su vida en conseguirlo.
La tiene alguien que acaba de llegar al mercado laboral y el sendero que se encuentra no es precisamente un camino de rosas, por el montón de trabas y zancadillas que recibe. Pero que ahí sigue intentándolo, sin dejarse achantar. (Luchadora 100%. :D)

Tienen esa lucha diaria de todos los padres para sacar adelante a sus hijos, a pesar de las dificultades y los conflictos que aparecen cada día.
Es la eterna lucha que tiene que llevar a cabo cualquier trabajador para conseguir un poco de dignidad en el trabajo. Ya no sólo con "la autoridad competente", si no tb, con los propios compañeros. (Ole los imprescindibles!).

Está claro que, al fin y al cabo, es cierto que todos tenemos nuestras luchas. Y por insignificantes que parezcan, son las nuestras. Pero ya no es sólo eso. Ya no son sólo luchas diarias y constantes. No, porque tb tenemos miedos y fantasmas, que quizás nos persiguen continuamente. Y sí, cada uno tb tenemos los nuestros. Y vivimos con ellos, intentando superarlos tb día a día. Lo cual implica tb una lucha diaria. Una lucha continua contra nuestros propios miedos actuales y contra nuestros fantasmas del pasado. Y hay que vencerlos cuanto antes para que no nos vuelvan a aparecer en el futuro. Tarea ardua difícil, pero nunca imposible.

Así que, en definitiva, nos pasamos la vida luchando. Que, dicho sea de paso, es de lo que se trata, ¿no? Todo requiere de nuestro esfuerzo y de nuestra constancia. Todo necesita de nuestros intentos, aunque al principio sean fallidos. Es algo que tenemos que hacer, siempre, y sin dudarlo. Es un deber que se nos ha impuesto desde que nacemos, aunque a veces nos resulte muy complicado. Pero tampoco nos vamos a rendir a las primeras de cambio. Más que nada, porque es tan evidente que alguien se aprovecharía de vernos tirar la toalla, que sería justo ahí donde directamente perderíamos la batalla...

Frasecilla célebre del día: "El deber es un dios que no consiente ateos". (V.H.).

lunes, 1 de septiembre de 2008

Y volvió septiembre...


Sí. Y con él, todo lo que eso conlleva.

Se acortan los días. Amanece más tarde. Se refresca el ambiente de forma significativa y hace menos calor. Se caen las hojillas de los árboles, y el color que aparece por todas partes deja de ser tan intenso y brillante, y se vuelve ocre, casi mate... Vamos, que es evidente cómo empieza a notarse que el verano se está acabando y se acerca el otoño inevitablemente. El cual, e inevitablemente tb, dará pasó al frío y gris invierno. Antes, incluso, de que nos dé tiempo a darnos cuenta.

Y a parte de todas esas cosas que se observan con sólo asomar la cara por una ventana, tb es posible darse cuenta de que el verano se acaba en otra serie de comportamientos. A saber:
La vuelta a la rutina, deseada por muchos que no tienen ni idea de qué hacer con su tiempo libre. Y que prefieren vivir a base de horarios y teniendo muy claro lo que tienen que hacer en cada momento del día...

Ahí tenemos la vuelta al trabajo, porque las vacaciones, desgraciadamente tb para muchos, ya acabaron. Bueno, menos para mí, que las tengo ahora. Y es que, si Lourdes no tuviera cuatro meses de "vacas" al año, no sería persona. No sé qué haré cuando eso cambie... Es que no quiero ni pensarlo, vaya... Dejaré de ser persona, está claro... :D

Y tb tenemos ahí la vuelta al cole, que personalmente, siempre esperaba impaciente. Pero, claro, yo siempre he sido un bicho raro... Sí, porque me encantaba el momento en el que me hacía con los libros nuevos de cada curso... Abrirlos por primera vez era un verdadero acontecimiento. Me pasaba exactamente igual cuando estrenaba los "Alpino", los "Carioca", los "plastidecores"... Todavía tengo alguno en el cajón de mi mesa... Por guardar, que no quede...
O la vuelta de las series y programas de TV que acabaron temporada en mayo, y que prometen nuevos personajes y mejores tramas. A ver si fuera verdad eso y nos tuvieran entretenidos todo el santo invierno. Pero, vaya, que me parece a mí que nos vamos a quedar con las ganas... Está todo tan absurdamente repetido, que casi ni nos sorprende nada a estas alturas ya...

Otra cosa es la vuelta de los buenos y claros propósitos que traemos después de las vacaciones: el "necesario" gimnasio y el "típico" curso de idiomas. Sin olvidar aquel famoso propósito de:-"Este año voy a estudiar todos los días, que no quiero que me pase lo que ha pasado este curso y se me acumule todo al final"-... Pero que se quedan en eso, en simples propósitos...

No podía pasar por alto la vuelta de los coleccionables que inundan los kioscos... Aunque eso más bien es el "retonno"... Vamos, porque ya estoy de los 200 abanicos, de las dichosas casitas de muñecas rústicas, de los mil y un soldaditos de plomo y de las plumas estilográficas hasta el copetín. Sin mencionar el coche teledirigido que puedes montar tu mismo, y que igual, consigues hasta que funcione si tienes paciencia y llegas a la última pieza (que a lo mejor, es el interruptor ON/OFF)...

Y sin olvidar, por supuesto, la vuelta de la Liga, la UEFA, la Champions... Hombre, por favor, porque si no, ¿de qué hablaría la gente durante todo el invierno, a todas horas y en todos sitios?... O sea que sí, fútbol, fútbol y más fútbol. Fútbol hasta en la sopa. Porque si luego además, juega tb la selección algún partido clasificatorio para vete a saber qué campeonato, las horas de fútbol que se pueden ver se multiplican, si es que eso era posible... (qué suerte pa la Seño N.).

En fin, que cuando ves que hasta en la tele se confabulan contra toda la humanidad, es porque ya no hay remedio. Y que conste que, para mí, septiembre siempre ha sido un mes que me ha gustado mucho. Quizás porque siempre fue el mes de los reencuentros, después del verano. Aunque ya de un tiempo a esta parte, eso de los reencuentros se puede dar en cualquier mes del año, así que...

De todas formas, como mis septiembres estudiantiles no me ocasionaban muchos quebraderos de cabeza, eran menos traumáticos y supongo que, en parte por eso, siempre me gustaron... "Angelicos" los niños que tienen que recuperar alguna asignatura... Claro que si hubiesen apretado una miaja más durante el curso, no nos veríamos en estas situaciones tan "molestosas"... :)

Frasecilla célebre del día: "Wake me up when september ends" (G.D)