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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Contra un muro

"Los palos y las piedras rompen mis huesos, pero las palabras no pueden herirme".

Menuda trola más grandísima, vaya. Estoy convencida de que todos sabéis que las palabras te pueden destrozar tantísimo por dentro, y de tal manera, que nunca se podrá comparar a un hueso roto. 

Cuando te rompen el corazón, cuando te parten el alma, la herida queda ahí para siempre. Y si esas palabras asesinas vienen de alguien que nunca hubieras imaginado, el dolor es tan grande que cuesta superarlo.
Una palabra inapropiada de alguien impensable tiene más filo que la mejor de las espadas.



Tengo un amigo que lo ha sufrido ahora. Dice que no tiene ganas de nada, que está apático. Y yo sé lo que es: Es la decepción. La decepción que te produce alguien al que habías defendido a capa y espada. Alguien por el que habrías puesto la mano en el fuego y descubres que te la habrías quemado sin remisión. Alguien que te ha mentido descaradamente a la cara cuando tú confiabas ciegamente en él.

Casualidades de la vida que ese alguien es la misma persona que me decepcionó a mí hace ya diez años. Se ve que es su "modus operandi", y el cabr*ón se dedica a eso en su vida: A decepcionar una y otra vez a la gente que le rodea. Aunque él piense que es perfecto en su forma de hacer y de decir las cosas, lo que es en realidad es un mierdecilla, que de hombre sólo tiene la fachada.
¡Cuchi! Y seguro que es él el que se siente ofendido cuando las gentes dejamos de hablarle, "no sabemos por qué"... 

Y se lo dije a mi amigo:-"Sé exactamente cómo te sientes, porque yo he pasado por ahí. Te lo conté en su día pero no quisiste ni planteártelo, porque no podías pensar que él pudiera ser así. Y ahora te ha tocado a ti. No sabes cuánto lo siento, porque sé lo mucho que duele..."-.

A mí me lo habían advertido. Yo se lo había advertido a él... Pero aquí no aprendemos hasta que no somos nosotros mismos los que nos estampamos contra el muro.

viernes, 4 de enero de 2013

Tantas cosas y tanta gente...

Me encanta viajar en el autobús. Veinte años cogiendo el mismo, tan familiar ya, es para que me guste sí o sí, ¿no?
Además, que e
s una manera más que entretenida de hacer vida social. O por el contrario y si no tienes ni chispa de ganas de hablar, una manera muy tranquila de ir pensando en tus cosas sin tener que preocuparte ni del tráfico, ni de las señales ni de ná.


Y en esto, que estábamos a puntito de llegar a la última parada, cuando ha empezado a sonar ésta en la radio...

 
Alguien ha dicho en voz alta:-"¡Uh! Me encanta esta canción. Es genial. Todas las que hace este niño lo son"-. Cosa con la que hemos estado totalmente de acuerdo el resto de los mortales que allí íbamos.

Y el conductor del autobús, que ya es como de la familia porque lo conocemos desde hace siete años, y que siempre aparenta ser un muro de hormigón armado y no tener sentimientos, hoy los ha dejado asomar una mijilla y los ha confesado en voz alta allí también. 
Sí, porque en realidad no se lo estaba diciendo a nadie. Se lo estaba diciendo a sí mismo, allí delante, él solo:-"A mí con esta canción me dan ganas de... Hacer la maleta, meter toda mi ropa y desaparecer... Hay tantas cosas que perdemos con los años, en la vida... Tantas cosas y tanta gente... Perdemos tanto..."-.

Su voz se ha ido apagando con las últimas palabras, que se han quedado suspendidas en el aire. 
De pronto, sólo se oía la música. Nadie ha vuelto a decir más nada. Es más, todos nos hemos quedado callados, mirándole, solos con nuestros pensamientos.

Supongo que en ese momento todos hemos tenido un ratico de lucidez y hemos vuelto a darnos cuenta (porque a veces se nos olvida) que aquí, cada uno tiene su vida, sus historias y sus movidas. Y evidentemente, cada uno habla, piensa y siente conforme a ellas; aunque por supuesto los demás no tengamos ni pajolera idea de por dónde van los tiros...

viernes, 5 de noviembre de 2010

El Suspiro del Moro

El Suspiro del Moro es un puerto de montaña situado a 12 kilómetros al sur de Granada, y desde donde puede verse la ciudad de la Alhambra por última vez, si vas por esa ruta.

Imagino que ya lo sabéis, pero se llama así porque cuando los Reyes Católicos tomaron el Reino de Granada en 1.492 y desterraron al último rey musulmán y a su séquito, fue allí donde el rey Boabdil el Chico se paró para observar por última vez su Palacio. Y claro, se echó a llorar por todo lo que había perdido.
Fue entonces cuando su madre, la sultana, le soltó aquella famosa y lapidaria frase de:-"Llora. Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre"-.
Que bueno, que hay que reconocer que una mijilla machista sí que era la muchacha, por muy sultana que fuera, ¿eh?
Porque a ver, ¿qué pasa? Que los hombres no lloran, ¿no? Pero claro, hace más de cinco siglos de esto, así que, ¿qué podíamos esperar? Si es ahora, y algunas veces...
Bueno, ya está, joé, que me salgo del tema.

Vale, la cuestión es que ésa era la versión oficial de la historia. Y hasta ahora, la única que yo conocía. Pero es que resulta que hay otra versión de la que yo no tenía ni pajolera idea. Y ésta es, la versión calorra. O sea, la versión gipsy. Sí, vamos, la versión gitana.
La he oído hoy y no he podido dejar de reír en todo el día, porque ha sido digna de una clase magistral, vaya.

A ver, yo iba en el autobús tranquilamente a mi bola, y detrás de mí iba un gitano, granaíno cerrado, y de esos cuya voz
rayan la contaminación acústica. Él iba hablando con una muchacha. No se conocían de ná, eso era evidente, pero yo siempre he dicho que el autobús sirve, entre otras cosas, para hacer vida social. Y otra de las cosas para las que sirve es para enterarte de la vida de tó el mundo. Vamos, que me he enterado de a qué sitio tenía que ir él, cuántos hijos tenía, qué carrera estudiaba ella en la Uni... Pues eso, que todo el autobús íbamos pendiente de la conversación porque ya os digo que era imposible no oírlo hablar.

Bueno, el caso es que no sé cómo ha llegado el tema, pero al mencionar el Suspiro del Moro, le dice él a ella:-"Neeeena, ¿tú zabeh por qué ze le llama azín a eze zitio?"-.
Ella, que estaba muy entretenida con la charla, le dice:-"Pues la verdad es que no"-. Supongo que sí que lo sabía, pero le ha dicho que no para escuchar su explicación. Cosa que, y dicho sea de paso, estábamos deseando todos los demás también, porque la gracia que tenía el gitano hablando no se puede relatar.
Y él:-"Po yo te lo vy a contar ahora mimmitico, en una volá"-.
Tengo que decir que el gitano utilizaba palabras muy suyas, ¿eh? Bueno, y alguna muy mía también, todo hay que decirlo. El idioma granaíno es lo que tiene: Que se utiliza mucho por aquí...
Algún día hablaré de los términos y vocablos más típicos.

Pero hoy sólo os voy a transcribir la explicación tal y como él la ha contado. Porque además en ese momento, se ha quedado todo el autobús callado para enterarse bien de lo que iba a decir... Y esto ha sido lo que ha dicho:
-"Cusha, nena... Había una vez un moro llamado Bed-Jazmín (el gitano lo ha dicho así, tal cual), que cuando los payos lo esharon de aquí de Graná y ze tuvo que ir, ze paró en eze zitio y ze puzo a zuspirar y a llorar. Y entonces la madre lo cohió y le diho:
-"Pero, peazo de
hío de la gran puta, ¿ahora lloras por lo que tan quitao los payos? ¡Po haberle eshao cohoneh!"-.

Mirad. No os podéis imaginar la carcajá general que se ha oído en todo el autobús. Ni el conductor podía parar de reírse. Y es que, estoy convencida de que absolutamente nadie, conocía esta versión de la historia de Graná...
:)