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lunes, 5 de septiembre de 2016

El viejo verde del autobús

No sé si lo sabéis ya, pero por si acaso os lo digo yo, que cuando el día va de leches, hasta las hormigas se ordeñan, ¿no?
Vale, pues sí, eso me pasó el otro día.

Subo a la parada a coger el autobús y allí me entero de que ese día la calle estaba cortada por una avería y no pasaba por sus paradas correspondientes. 
Con el cabreo del siglo, me voy a la primera parada de la ruta y espero al siguiente. Ea, si el que yo iba a coger ya lo había perdido, ¿qué iba a hacer?

Media hora después, llega el siguiente, me subo, elijo un sitio en el que daba la sombra y nos vamos. Vale, dos paradas más adelante, se sube un viejo que llegaba corriendo y asfixiado porque él también se había enterado tarde del cambio de paradas.
Bueno, pues el autobús medio vacío y el tío vino a sentarse a mi lado.
-"Aquí da la sombra, ¿no?"-.
Y yo pensando:-"Y ahí delante también"-. 

Y es que, ¿qué queréis que os diga? Nada más verlo, ya me dio mala impresión. Me mola porque luego pude comprobar que no he perdido el don con la intuición hacia la gente. Así que, aunque el tío quiso iniciar una conversación, no estuve yo muy por la labor aquella mañana.

Total, que se sienta el tío a mi lado y lo primero que me llega es el tufo a sudor revenido. Vamos, no el tufo de un día, no. De esos olores a sudor impregnados en la ropa durante dos, tres, o vete a saber cuántos días.

Me pongo a mirar por la ventanilla, a mi bola, intentando no pensar, y entonces noto que el tío se echa encima. Como si no tuviera suficiente espacio con su asiento y necesitase también del mío. Su brazo, su codo, su hombro... Todo él invadiendo mi espacio vital. Además, que el tío me empujaba con su cuerpo a cada rato, haciendo que yo me tuviera que apoyar en la ventanilla.

Y yo pensando:-"¿A que gomito* y damos el espectáculo?"-.

Y enseguida, su pierna pegada a la mía, y poniendo su mano entre las dos. Vamos, con mucho disimulo, sí, pero muy descarado. 
A punto de cortarle de un hachazo el puto dedo meñique, no os digo más.
Y todo eso sin dejar de echarse encima y empujar con su cuerpo. Y la peste a sudor... Y yo pensando:-"¿Por qué tengo que aguantar al tío asqueroso éste ni un segundo más?"-.

Noté cómo me subía una ira incontrolable por tó el cuerpo, y cuando ya no pude más, me volví hacia él, me quité las gafas de sol y le dije en voz baja, con los dientes apretados y mirándole directamente como para fundirlo:-"¿Quiere usted hacer el favor de no empujarme más y echarse hacia allá?"-.

Pienso que he madurado. Sí, porque en cualquier otro momento de mi vida le habría dado tal bufío que el tío se hubiera puesto encendido y se habría cambiado hasta de asiento. Pero no. Lo hice tan tranquila y tan serena, que sólo conseguí que se quedara quieto y no volviera a moverse más. De hecho, pude comprobar que cabía perfectamente en su asiento. Vamos, que no le hacía falta venirse al mío.

Llegar al final del viaje y que el tío se levantase como impulsado por un resorte para bajarse deprisa sin molestar, y yo respirar a pleno pulmón, fue todo uno.

Y entonces, llegué al lugar de la cita. Yo, que pensaba echar el día, primero desayunando, luego de tapas y por último, de paseo, resultó que no. A mi amiga la habían llamado por teléfono cuando venía a encontrarse conmigo. Se habían llevado a su tía al hospital en una ambulancia porque le había dado un ictus. Así que, sólo pudimos tomarnos un café y ponernos al día un momentillo, porque no nos habíamos visto en todo el verano. Pero claro, ella quería ir al hospital a ver cómo estaba todo. El reencuentro típico de septiembre tuvo que ser mini-reencuentro.

Os puedo decir que la tía de mi amiga está bien, cosa que me alegra un montón, porque yo también conozco a la mujer y es un encanto.

Ah, por cierto, la muchacha me trajo un "chuminir" de sus vacaciones gallegas. 
Ya le hemos puesto nombre: Peregrina Molona. Aunque si le hubiéramos puesto Peregrina Cebada tampoco habríamos ido muy desencaminadas.



Total, que sí, que está claro que es verdad que cuando el día va de leches...
:)

*Gomito: Del verbo gomitar. Dícese del momento escabroso que te hace echar fuera hasta la primera papilla.



lunes, 14 de septiembre de 2015

Desconectando

Fotillo de la Lou - 11/09/2015

Te pierdes una semana, con la idea de que quizás quieres encontrarte, pero con la seguridad de que está claro que no quieres que te encuentren...

domingo, 7 de junio de 2015

Orgullo no, lo siguiente... :)

Me he dado cuenta de que muchas veces, lo único que nos hace falta en un momento dado, el único empujón que necesitamos de verdad, es a alguien al lado que nos diga:-"Venga, que sí, que yo sé que tú puedes. Puedes con esto y con mucho más"-.

Y es que yo no me había parado a pensar en ello, pero con esto de dar clasecillas particulares a los chavales, ha sido este año cuando se me ha hecho más patente esa afirmación anterior. No sé por qué precisamente ahora, después de veinte años, fíjate tú.

Quizás porque el chaval que he tenido de 2º de Bachillerato este curso, lo ha aprobado todo en junio. A pesar de que sus padres tenían bastante claro que repetiría, o que iría a septiembre con tres o cuatro pendientes.
Recuerdo haber estado hablando con la madre un día de marzo y y haberle dicho:-"Pues, ¿qué quieres que te diga? Yo estoy totalmente convencida de que tu crío va a terminar 2º con su curso y hará la selectividad en junio con todos sus compañeros"-.

Y eso, que ahí está el tío, a una semana escasa de los exámenes "selectivos", preparándose al cien por cien.

Hemos pasado un curso de perros, eso sí es verdad. Porque las matemáticas se le atragantaron desde el principio. Hemos ido a trompicones con ellas durante todo el curso. Bueno, con ellas y con el resto de asignaturas. Ésa ha sido la realidad.
Pero la cuestión es que no he dejado en ningún momento de decirle que podía con ellas, y que podía aprobarlo todo perfectamente. Y oye, que sí, que a veces las palabras hacen más mella que otra cosa. ¿A que sí? ¿A que va a ser eso?

Fue el mismo chaval el que, cuando salieron las notas hace apenas diez días, me llamó para contármelo y para decirme justo eso:-"Jo, Lourdes, eras la única que confiaba en mí desde el principio. Y mira, lo hemos conseguido"-. Y yo, pues dejé de caber en la ropa por enésima vez en la historia, porque ese hemos era el reconocimiento que él me daba.
Sí, son estas criaturas las que me hacen sentirme útil de vez en cuando.

Porque lo cierto es que yo siempre pienso que en realidad no hago nada. Que sólo les empujo una mijilla cuando lo necesitan, y eso, tampoco es que sea muy difícil de hacer. 
A veces pienso que ni siquiera sé dar clase, que todo se basa en esa confianza que muestro hacia ellos en los momentos jodios, y a la que ellos responden de esta manera que me llena de orgullo y satisfacción.

Y quizás, sí. Quizás es eso lo que en realidad les sirve en última instancia, ¿no? Quizás es eso lo que nos sirve a todos en los momentos oscuros y desesperantes, con los que tenemos que lidiar a diario.

Así que, sí. Bendito sea el poder de las palabras bien usadas y usadas a tiempo.
:)


viernes, 29 de agosto de 2014

Aquí seguimos...

Y es que a veces necesitamos nuestros ratos de asueto. Momentos indeterminados de esparcimiento, de ocio, de reposo... Y, por supuesto, también, ¿y por qué no? De holgazanería por un tubo.
Es la única manera que conozco para intentar desintoxicarme de todo un poco. 

Desconexión total. 
Para quitarse de en medio, para no pensar en nada, para sólo disfrutar de los días de sol, de la brisa, del cielo azul, de los libros, de las risas, de los recuerdos, de las charlas sin fin...

Desconexión total. 
Para ver las cosas con perspectiva, para ver dónde estamos, qué hacemos, adónde vamos... Y si merece la pena ir.




Y eso, que agosto ha sido justo el momento. 
En realidad, agosto siempre suele ser el momento. Sí, porque después siempre hay un nuevo comienzo. Y es que, para mí, todo empieza en septiembre. Nunca ha sido en enero. Es septiembre, el mes de los comienzos por excelencia. El mes de los reencuentros. El mes de los nuevos propósitos.
Ea, la deformación profesional del estudiante que no se me termina de pasar, imagino. 

Y sí. Septiembre está ahí ya, a la vuelta de la esquina, acercándose peligrosamente. 

Pos ná, gente. Que aquí estamos. Que volvemos, que seguimos... Que, en realidad, nunca nos hemos ido.
:)


lunes, 2 de septiembre de 2013

Y llegaron...

¡Ah! Los exámenes de septiembre...
Sí, supongo que es una de las peores cosas de este mes. Y eso que mis septiembres nunca fueron muy traumáticos del todo. Creo que sólo hice uso de ellos un par de veces en toda mi vida estudiantil. Y fue ya en la carrera, así que...

Lo cierto es que para mí septiembre siempre fue el mes de los reencuentros. Sí, el mes en el que todos mis amigos volvían de sus 'lugares de origen' para empezar a organizar el comienzo del nuevo curso. 
Y claro, todos aparecíamos por la facultad sin haber quedado ni nada. Simplemente, nos encontrábamos allí. ¿Dónde? Pues en la cafetería, por supuesto. ¿Dónde si no?

Septiembre era el mes en el que había que quedar a comer, a tomar café, a pasear por Granada sin los agobios de las clases, de las horas de laboratorio y de los exámenes... 

Carrera de la Virgen, Granada - Fotillo de la Lou

Pero ea, para mis chiquillos de Bachillerato, septiembre no tenía que haber llegado nunca.
Ahí estaban ayer, histéricos de los nervios, dejando su sentir en twitter o en "feisbu", con las típicas plegarias desesperadas, o directamente, con la resignación de que la suerte ya estaba echada.

Alguno me llamó anoche. Y cuando contesté y oí:-"Hola, ¿qué haces?"-. Pensé:-"Pues gracia. Me hace gracia"-. Sí, porque siempre les digo en la última clase antes de su examen, que si les surge alguna duda, me llamen por teléfono y se la aclaro. Pero justo ayer, y con el tono de voz del muchacho en cuestión, supe que no tenía dudas; que sólo quería charlar.

Ya aproveché para darle ánimos, para asegurarle que le iba a salir muy bien, que fuese tranquilo, y que tuviese cuidado con "aquello que se te olvida siempre calcular" o con "la fórmula aquélla que hay que usar siempre que te den unos datos determinados". 
Y cuando nos despedimos, le dije lo que siempre les digo (aunque yo sé a ciencia cierta que no hace falta que se lo diga porque luego siempre lo hacen):-"Llámame cuando salgas y me cuentas qué tal"-.

Y me acordé cuando yo estaba de exámenes también, y estaba deseando de que sonase el teléfono en mi casa. Sí, porque si era para mí, lo más probable es que fuera alguien que tenía el mismo examen que yo, y que sólo llamaba para darnos apoyo mutuo.
Pues sí. Ahora soy yo la que da ese apoyo a los chiquillos. Y lo que más me gusta de todo, es que ellos buscan ese apoyo en mí. Pienso que quizá no lo estoy haciendo muy mal del todo con ellos.
:)

sábado, 24 de agosto de 2013

A una semana escasa...

Ay, mira qué agustico... Ay, mira qué bien...
Pero eso, que estaba claro y todos sabíamos que no podía durar eternamente.


Gente, no sé si os habéis dado cuenta, pero yastá... Le queda un suspiro al mes de agosto. Y en consecuencia, está a puntito de llegar el mes de septiembre otra vez, sí.

A ver, que no es por fastidiar ni ná de eso, ¿eh? Peeeeeero... Pues eso, que se está acabando el verano. Y como a mí el otoño y todo lo que trae consigo me gusta más, pues desde aquí reivindico mi petición de cien mil inviernos antes que un verano. ¡Hombreya! Que yo no puedo con el calor, ea. :)

Así que sí, aprovechaos porque esto se está acabando un poco. De aquí a ná, vuelven a llenarse los kioscos con los dichosos coleccionables de todos los años.
Ea, ya habréis visto algún anuncio. Sí, para aprender a hacer punto de cruz; o por si queréis construir un galeón español del siglo XVI; o la Estrella de la Muerte en 3D o la típica casa de muñecas de la infancia... O mira, por qué no, hacer colección de tropecientos mil relojes de época. Que serán muy monos, pero tienen una pinta de coger más mierda en la vitrina que pa qué...

Y sí, ya mismo vuelve también el típico propósito de enmienda para empezar en el gimnasio a bajar esos cuantos kilos de más, después de los meses de calor con las cervecitas freshquitas.
O el típico curso de idiomas con el que nos da la neura siempre en septiembre. Y si no, ya me lo decís cuando empiecen a anunciar en la tele el dichoso curso de inglés o alemán de Planeta DeAgostini.
Eso sin contar con el típico fervor estudiantil que siempre surge en esta época:-"Este curso no me pasa lo de siempre. Este curso empiezo a estudiar desde el primer día"-.
Sí, ya, ya...

Así que sí, gente. Vamos a tomárnoslo con filosofía.
Septiembre, otoño... ¡Allá vamos!


jueves, 8 de septiembre de 2011

Cuando llega septiembre...

Siempre me ha molado septiembre. Después del verano, me gusta comprobar cómo se acortan los días, cómo se refresca el ambiente y cómo cambian los colores del cielo o del atardecer.
Será que el otoño y yo somos amigos. Sí, será eso.

Lo que pasa es que todos los años en septiembre siempre me entra el agobio. Porque sí, porque es como el comienzo de algo, y yo sigo igual.
Cuando estaba en la empresa, y llegaba este mes, siempre me daban la patá. Y claro, siempre me surgía el:-"Vale, y ahora, ¿qué?"-. No eran tan traumático porque a los dos meses me volvían a contratar y se acababa la historia.
Pero ahora, visto lo visto y que hace un año que no estoy en la empresa, pues ha sido así como peor. Ha llegado septiembre y con él la eterna pregunta. La eterna pregunta y el agobio de siempre.

A ver, que yo sigo echando currículums y presentándome a entrevistas, porque eso nunca he dejado de hacerlo. Ni siquiera cuando estaba trabajando en esa santa casa. Que me acuerdo de que un día tuve que ir a Málaga a una, y fui directamente a mi jefe y le dije:-"El lunes no puedo venir. ¿Tengo algún día de asuntos propios o algo así? Y si no, pues mira, me lo descuentas del sueldo"-. Ya sabéis, la Lou, más chula que un ocho, making friends siempre. :)
Pero eso, que a pesar de que yo sigo ahí, buscando algo, pues ese algo no llega. Y claro, acabo estresá.

Y es que además, yo siempre he tenido claro que no me quería presentar a oposiciones. Y todo el mundo:-"Preséntate a oposiciones"-. Y yo, ahí, haciéndome fuerte en mis trece, como el que oye llover.
Porque, por ejemplo, a las oposiciones del cuerpo de profesores, ni de coña. Que yo sé que eso es una profesión vocacional, y tal y como están las cosas en la enseñanza, hay que tenerlo muy claro. Y yo, pues no. Nunca lo he tenido claro.
Bueno, sí, he tenido claro que no quería hacerlas. Eso lo he tenido clarísimo.

Y me podéis decir que me tiro todo el año con los críos dando clases, y yo os tendré que dar la razón y deciros que sí, que es verdad. Y además, también puedo decir (aunque esté mal que yo lo diga), que no debo hacerlo muy mal del todo porque los críos que tengo durante el curso aprueban en junio. Y los que tengo durante el verano, aprueban en septiembre. Y además, que antes de que acabe un curso, ya están las madres de las criaturas pidiendo horas para el curso siguiente. Que de momento ya tengo 7 críos para este curso. O sea que eso, que no se me debe dar tan mal.
Pero claro, lo que yo hago no tiene nada que ver con ser un profe de verdad, que además tienen todo mi respeto y admiración. Yo sólo ayudo una mijilla para que los chavales se enteren de las cosas y aprueben. Punto. Ser profe es mucho más que eso.

Pero todo el mundo sigue diciéndome que me prepare oposiciones. Que si no son las de profe, que sean otras. Pero es que yo no quiero preparármelas. Yo lo que quiero es trabajar. Aunque con lo jodías que están ahora las cosas, parece que la única solución es sacarse una oposición. Yo, sinceramente, tampoco creo que sea la panacea, pero bueno....
De todas formas, no dejo de pensar en que si al final yo decidiese presentarme a oposiciones, no lo haría porque realmente quisiera ni porque estuviese convencida de ello. No. Lo haría porque todo el mundo no deja de comerme la cabeza con la historia...

En fin, que ná, que así estamos en este mes de septiembre. Que de tantas vueltas que le doy a las cosas, termina doliéndome la cabeza y el estómago.
Va a ser que además, somatizo, joé. Lo que me faltaba, vamos. Si es que no puede ser...
:)

lunes, 1 de septiembre de 2008

Y volvió septiembre...


Sí. Y con él, todo lo que eso conlleva.

Se acortan los días. Amanece más tarde. Se refresca el ambiente de forma significativa y hace menos calor. Se caen las hojillas de los árboles, y el color que aparece por todas partes deja de ser tan intenso y brillante, y se vuelve ocre, casi mate... Vamos, que es evidente cómo empieza a notarse que el verano se está acabando y se acerca el otoño inevitablemente. El cual, e inevitablemente tb, dará pasó al frío y gris invierno. Antes, incluso, de que nos dé tiempo a darnos cuenta.

Y a parte de todas esas cosas que se observan con sólo asomar la cara por una ventana, tb es posible darse cuenta de que el verano se acaba en otra serie de comportamientos. A saber:
La vuelta a la rutina, deseada por muchos que no tienen ni idea de qué hacer con su tiempo libre. Y que prefieren vivir a base de horarios y teniendo muy claro lo que tienen que hacer en cada momento del día...

Ahí tenemos la vuelta al trabajo, porque las vacaciones, desgraciadamente tb para muchos, ya acabaron. Bueno, menos para mí, que las tengo ahora. Y es que, si Lourdes no tuviera cuatro meses de "vacas" al año, no sería persona. No sé qué haré cuando eso cambie... Es que no quiero ni pensarlo, vaya... Dejaré de ser persona, está claro... :D

Y tb tenemos ahí la vuelta al cole, que personalmente, siempre esperaba impaciente. Pero, claro, yo siempre he sido un bicho raro... Sí, porque me encantaba el momento en el que me hacía con los libros nuevos de cada curso... Abrirlos por primera vez era un verdadero acontecimiento. Me pasaba exactamente igual cuando estrenaba los "Alpino", los "Carioca", los "plastidecores"... Todavía tengo alguno en el cajón de mi mesa... Por guardar, que no quede...
O la vuelta de las series y programas de TV que acabaron temporada en mayo, y que prometen nuevos personajes y mejores tramas. A ver si fuera verdad eso y nos tuvieran entretenidos todo el santo invierno. Pero, vaya, que me parece a mí que nos vamos a quedar con las ganas... Está todo tan absurdamente repetido, que casi ni nos sorprende nada a estas alturas ya...

Otra cosa es la vuelta de los buenos y claros propósitos que traemos después de las vacaciones: el "necesario" gimnasio y el "típico" curso de idiomas. Sin olvidar aquel famoso propósito de:-"Este año voy a estudiar todos los días, que no quiero que me pase lo que ha pasado este curso y se me acumule todo al final"-... Pero que se quedan en eso, en simples propósitos...

No podía pasar por alto la vuelta de los coleccionables que inundan los kioscos... Aunque eso más bien es el "retonno"... Vamos, porque ya estoy de los 200 abanicos, de las dichosas casitas de muñecas rústicas, de los mil y un soldaditos de plomo y de las plumas estilográficas hasta el copetín. Sin mencionar el coche teledirigido que puedes montar tu mismo, y que igual, consigues hasta que funcione si tienes paciencia y llegas a la última pieza (que a lo mejor, es el interruptor ON/OFF)...

Y sin olvidar, por supuesto, la vuelta de la Liga, la UEFA, la Champions... Hombre, por favor, porque si no, ¿de qué hablaría la gente durante todo el invierno, a todas horas y en todos sitios?... O sea que sí, fútbol, fútbol y más fútbol. Fútbol hasta en la sopa. Porque si luego además, juega tb la selección algún partido clasificatorio para vete a saber qué campeonato, las horas de fútbol que se pueden ver se multiplican, si es que eso era posible... (qué suerte pa la Seño N.).

En fin, que cuando ves que hasta en la tele se confabulan contra toda la humanidad, es porque ya no hay remedio. Y que conste que, para mí, septiembre siempre ha sido un mes que me ha gustado mucho. Quizás porque siempre fue el mes de los reencuentros, después del verano. Aunque ya de un tiempo a esta parte, eso de los reencuentros se puede dar en cualquier mes del año, así que...

De todas formas, como mis septiembres estudiantiles no me ocasionaban muchos quebraderos de cabeza, eran menos traumáticos y supongo que, en parte por eso, siempre me gustaron... "Angelicos" los niños que tienen que recuperar alguna asignatura... Claro que si hubiesen apretado una miaja más durante el curso, no nos veríamos en estas situaciones tan "molestosas"... :)

Frasecilla célebre del día: "Wake me up when september ends" (G.D)