Siempre me ha molado septiembre. Después del verano, me gusta comprobar cómo se acortan los días, cómo se refresca el ambiente y cómo cambian los colores del cielo o del atardecer.Será que el otoño y yo somos amigos. Sí, será eso.
Lo que pasa es que todos los años en septiembre siempre me entra el agobio. Porque sí, porque es como el comienzo de algo, y yo sigo igual.
Cuando estaba en la empresa, y llegaba este mes, siempre me daban la patá. Y claro, siempre me surgía el:-"Vale, y ahora, ¿qué?"-. No eran tan traumático porque a los dos meses me volvían a contratar y se acababa la historia.
Pero ahora, visto lo visto y que hace un año que no estoy en la empresa, pues ha sido así como peor. Ha llegado septiembre y con él la eterna pregunta. La eterna pregunta y el agobio de siempre.
A ver, que yo sigo echando currículums y presentándome a entrevistas, porque eso nunca he dejado de hacerlo. Ni siquiera cuando estaba trabajando en esa santa casa. Que me acuerdo de que un día tuve que ir a Málaga a una, y fui directamente a mi jefe y le dije:-"El lunes no puedo venir. ¿Tengo algún día de asuntos propios o algo así? Y si no, pues mira, me lo descuentas del sueldo"-. Ya sabéis, la Lou, más chula que un ocho, making friends siempre. :)
Pero eso, que a pesar de que yo sigo ahí, buscando algo, pues ese algo no llega. Y claro, acabo estresá.
Y es que además, yo siempre he tenido claro que no me quería presentar a oposiciones. Y todo el mundo:-"Preséntate a oposiciones"-. Y yo, ahí, haciéndome fuerte en mis trece, como el que oye llover.
Porque, por ejemplo, a las oposiciones del cuerpo de profesores, ni de coña. Que yo sé que eso es una profesión vocacional, y tal y como están las cosas en la enseñanza, hay que tenerlo muy claro. Y yo, pues no. Nunca lo he tenido claro.
Bueno, sí, he tenido claro que no quería hacerlas. Eso lo he tenido clarísimo.
Y me podéis decir que me tiro todo el año con los críos dando clases, y yo os tendré que dar la razón y deciros que sí, que es verdad. Y además, también puedo decir (aunque esté mal que yo lo diga), que no debo hacerlo muy mal del todo porque los críos que tengo durante el curso aprueban en junio. Y los que tengo durante el verano, aprueban en septiembre. Y además, que antes de que acabe un curso, ya están las madres de las criaturas pidiendo horas para el curso siguiente. Que de momento ya tengo 7 críos para este curso. O sea que eso, que no se me debe dar tan mal.
Pero claro, lo que yo hago no tiene nada que ver con ser un profe de verdad, que además tienen todo mi respeto y admiración. Yo sólo ayudo una mijilla para que los chavales se enteren de las cosas y aprueben. Punto. Ser profe es mucho más que eso.
Pero todo el mundo sigue diciéndome que me prepare oposiciones. Que si no son las de profe, que sean otras. Pero es que yo no quiero preparármelas. Yo lo que quiero es trabajar. Aunque con lo jodías que están ahora las cosas, parece que la única solución es sacarse una oposición. Yo, sinceramente, tampoco creo que sea la panacea, pero bueno....
De todas formas, no dejo de pensar en que si al final yo decidiese presentarme a oposiciones, no lo haría porque realmente quisiera ni porque estuviese convencida de ello. No. Lo haría porque todo el mundo no deja de comerme la cabeza con la historia...
En fin, que ná, que así estamos en este mes de septiembre. Que de tantas vueltas que le doy a las cosas, termina doliéndome la cabeza y el estómago.
Va a ser que además, somatizo, joé. Lo que me faltaba, vamos. Si es que no puede ser...
:)