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martes, 2 de diciembre de 2014

Top Ten de mi infancia

Mis meriendas.



Mi primer libro.



El personaje.



El programa de la tele.



Mis juguetes favoritos.



Las chuches.







Mis primeros cuadernos.



Mi primer videojuego.



El álbum de cromos completado.



Mi peli favorita.





sábado, 4 de octubre de 2014

El Cielo y yo

Y claro, de esa manía mía de estar mirando siempre el Cielo, pues éste, algunas veces, me regala cosicas apañás.

Y como la imaginación de la Lou siempre sobrepasa tós los límites habidos y por haber, pues cuando ayer al atardecer vi esto desde mi ventana, pensé:-"¡Coño! ¡Un perro!"-.


Fotillo de la Lou - 03.10.14

Pero luego, me di cuenta de que no:-"No. No es un perro cualquiera. Es... ¡Fuyur!"-.



Y luego pensé:-"¡Qué infancia más molona tuve, que sé quién es Fuyur!"-.
:)


sábado, 20 de septiembre de 2014

¡Mierda, cagao, culo!

Hace un momento que he terminado de ver la peli "La guerra de papá" en la 1. Sí, era en "Cine de Barrio". No digáis ná. :)

Y sí, ya la había visto antes unas pocas veces, pero ea, no me puedo resistir a esos clásicos tan ochenteros.

Y es que en estas películas aparecen todos los tópicos de aquellos años en los que a mí me tocó vivir, justo con esa edad. Cuando te decían que todo era pecado y cuando, por poco que hicieras, te aseguraban que te morirías y vendrían los demonios para llevarte al mismísimo infierno. Ea, las cosas que nos metían en la cabeza cuando éramos pequeños.

Y ya no es sólo lo machista que puede llegar a ser una película de aquella época (-"Las mujeres, a la cocina"-), o las barbaridades que se ven en la pantalla y que ahora serían impensables y censuradas (la madre y el pediatra, fumando en la consulta). No. 
Es la cara del crío protagonista. Su inocencia, su curiosidad, su querer saberlo todo... Y su no entender nada.



Y viendo la película, no he podido evitar ponerme en su piel, y pensar (y recordar también, porque yo ya he pasado por esa edad), que cuando somos pequeños no es tan genial, tan estupenda, ni tan fácil nuestra vida como creemos recordarla cuando pasan los años.

Porque sí, porque he pensado en lo triste que es que no te tengan en cuenta para nada. Que todo el mundo piense que no tienes sentimientos o que estos no son importantes; o que no te afectan las cosas que te dicen o que oyes, cuando en realidad, a esa edad todos somos esponjas.

He recordado el miedo que tienes a que te dejen solo, el miedo a la oscuridad. He recordado el no entender las cosas, que no nos las expliquen y que nos traten como si fuésemos tontos.

He visto la cara del niño en todas las escenas y sabía exactamente lo que estaba pensando y lo que estaba sintiendo.



Ya digo que me he visto identificada en él, y eso que ya hace más de treinta años que yo estuve allí.
:)

martes, 18 de febrero de 2014

Eran otros tiempos

Los chavales de hoy en día no tienen vergüenza de ná.
Y es que el otro día, sin ir más lejos, escuché a una chiquilla de 15 años decirle a su profe:-"Maestro, mira... Me está saliendo un granito aquí. Pero eso es sólo porque me va a venir la regla, ¿sabes?"-.
Vamos, sí, a esa edad iba yo a decir algo así, vaya. Y menos a un maestro. Ni a un tío. Vamos, ni a nadie.

Que me acuerdo cuando estaba en 8º de EGB, a mis 13 años, y tuvimos una clase de educación sexual en el colegio. Sí, creo que debimos ser pioneros en recibir una clase de ésas, porque aquello ni mucho menos estaba a la orden del día. 

Imaginaos: Mediados de los 80, después del montón de años de censura y represión. ¿A quién se le podría ocurrir algo así, por Dios? Pues eso, a mis profes de entonces, que eran bastante progres y adelantados a su tiempo.

No recuerdo que pidieran permiso a los padres ni que les avisaran sobre lo que íbamos a ver en aquella clase, pero sí que recuerdo que fue algo "raro" para nosotros. No sé, quizás un poco ceremonial o algo así. No sabría definirlo.

Nos llevaron a un aula diferente. Estaba el profe de Ciencias, pero también nuestra tutora y un par de profesores más. No sé. Ya digo que nos pareció extraño que estuvieran todos allí. Supongo que para ver nuestras reacciones, claro.

Empezaron a hablarnos y nos pusieron diapositivas.
Jamás olvidaré la primera diapositiva que vimos. Nos quedamos todos callados, sin saber muy bien qué estábamos viendo. Os imagináis el momento, ¿no?
Caras raras. Cabezas ladeadas intentando adivinar qué era lo que se veía allí. Miradas y encogimiento de hombros...


Pero de pronto se oyó la carcajada estridente y sonora de uno de la clase. Evidentemente, era el repetidor. El que por lo visto, estaba de vuelta ya.
Y es que era la típica foto frontal de la vagina abierta, los labios mayores, los menores, el clítoris arriba... Seguro que la habéis visto. No me hagáis ponerla aquí. :)

Después de ese "shock" inicial, la cosa siguió más o menos normal. Allí sonaron palabras como "vagina", "clítoris" o "semen" que hacían que las niñas nos pusiéramos tó rohas rohas, y los niños se mirasen entre ellos con carillas picaronas.

Sí. Es que eran otros tiempos.
No era una época en la que nos hablasen de eso abiertamente en casa. Bueno, ni en casa ni en ninguna parte. Por eso siempre se vivió aquello con vergüenza. Sí, porque todo eso estaba mal. 
Pero ea, en mi cole fueron algo así como visionarios y se atrevieron a desafiar los cánones sociales de entonces.

Ahora hemos avanzado una miaja. Al menos ya no hay tabú en esos temas, y la gente puede hablar de esas cosas sin tener que oír cómo el resto del mundo pone el grito en el cielo.
Supongo que por eso a los chiquillos de ahora no les ocasiona un trauma el tema y lo ven como una cosa normal. (-"Mamá, ¿tú a mi edad tenías picores...? Ya sabes, ahí"-). :P




Y es que, al contrario de lo que nos hicieron creer a algunas generaciones anteriores, hablar de todo sin problemas, sin tapujos, sin vergüenzas y sin juzgar a nadie, es la mejor manera de que la comunicación, la confianza y la información, pues eso, fluyan. ¿O no?
:)

domingo, 21 de octubre de 2012

No preguntes... ¿Pa qué preguntas?

Tengo un primo al que veo de higos a brevas. Es apenas tres años mayor que yo y congeniamos muy bien, pero ea, que vive a casi 1.000 km de distancia. O sea que sí, que es difícil que nos veamos a menudo y podamos quedar, charlar y esas cosas... Pero vamos, que cada dos por tres hablamos por teléfono. Algo que siempre me mola, dicho sea de paso...

De todas formas, el año pasado pudimos vernos en vivo y en directo. Ya es un padre de familia, tiene sus críos y eso, pero vaya, que cuando estoy con él, compruebo que sigue siendo el mismo de siempre, a pesar de los pesares. Las mismas bromas, el mismo sentido del humor, la misma gracia contando las cosas...

Y hablando de todo un poco, pues se acordó y me contó una anécdota de su más tierna infancia. Y yo, que sé cómo es (ha sido, será...), le escuché muy atentamente, porque a ratos de verdad que alucino con sus cosas. Eso sí, después tuve que preguntarle a mi tía si todo era verdad, porque vaya telita con el niño...

Bueno, pues sí. Me contó que cuando él tenía 4 años, su padre les dijo a él y a su hermano (primo mío también, por supuesto, pero con el que no tengo tanto roce ni tanto contacto) que si querían una piscina en su casa de campo, empezaran a excavar en el sitio asignado.
Así mi tío los tuvo entretenidos todo el finde, excavando un agujero en el jardín, y no matándose por cualquier cosa.

Y llegó el lunes. Los críos volvieron al colegio, y la maestra de mi primo preguntó a los chiquillos de su clase qué habían hecho ese fin de semana. Cada churumbelo explicó su finde, hasta que llegó a mi primo, y él le dijo:
-"Yo he hecho un hoyo"-.
Y la seño, toda interesá, preguntó:
-"¿Sí? ¿Y para qué?"-.
Y él, así, sin anestesia ni ná, y con sus 4 inocentes años, saltó:
-"He hecho un hoyo para enterrarla a usted"-.
...
Evidentemente, la maestra llamó a casa de mi primo para hablar con mí tía. A saber si el niño tenía algún problema... A saber de dónde habría sacado eso el niño... A saber si era la versión humana de Stewie y nadie lo sabía...

Y digo yo, ¿pa qué preguntas lo que luego realmente no te apetece saber, chiquilla? Ainsss, si es que la gente es muy cotilla, y pregunta y pregunta, y cuando no les cuadra una respuesta, se escandalizan... 
Pues eso, que yo vuelvo a repetir, ¿pa qué preguntas, si luego no te hace gracia lo que oyes?
:)

jueves, 1 de diciembre de 2011

La verdadera historia de la tela de araña

Imagino que todos conocéis este temazo de nuestra más tierna infancia. Es una de esas canciones que, por muchos años que pasen, siguen sonando y la seguimos recordando.

Pero apuesto lo que queráis a que no teníais ni idea de que la versión que nosotros aprendimos cuando éramos críos era totalmente diferente a como es en realidad. A nosotros nos enseñaron la versión light de la historia.

Esto que os voy a poner aquí y ahora, es la versión primera. La versión real. Ésa que luego fue degenerando y se convirtió en lo que siempre hemos conocido.

Espero que no defraudéis a vuestro público y la vayáis cantando como vosotros ya sabéis...
:)

"Un elefante se balanceaba
sobre la tela de una araña.
Cómo veía que no se caía
fue a llamar a otro elefante.

Cero elefantes se balanceaban
sobre la tela de una araña,
ya que el elefante que se balanceaba anteriormente
se había ido a avisar a un segundo.

Dos elefantes, ahora sí, se balanceaban
sobre la tela de una araña.
Cómo veían que no se caían
quisieron hacer partícipe de la experiencia a otro elefante.

Los dos elefantes de antes, y otro nuevo, se balanceaban
sobre la tela de una araña.
Y cómo veían que a pesar de las 4 toneladas que pesa un elefante adulto, no se caían
querían ver hasta dónde aguantaba aquéllo.

Dos elefantes de balanceaban
mientras el tercero iba a avisar a otro,
ya que habían hablado que era una tontería
que fueran siempre todos a llamar al siguiente.

4 elefantes, más de 15.000 kilos, balanceándose,
desafiando las leyes de la física moderna,
cómo veían que no se caían,
fueron llamando a más elefantes.

Ya eran 83 los elefantes que se balanceaban
sobre la tela de una araña.
Iban a avisar a otro pero uno dijo:-"¿Por qué seguimos llamando elefantes de uno en uno cuando es obvio que esta tela de araña lo aguanta todo?"-.

Un elefante mientras se balanceaba,
les dijo:-"No tentemos la suerte,
estamos aquí de puta madre todos juntos balanceándonos,
sería una pena cargarse la tela de araña por querer acelerar el proceso"-.

Un elefante llegó donde solía estar la manada
y dijo:-"¿Dónde coño está todo el mundo?"-.
A lo lejos vio mogollón de elefantes sobre una tela de araña
y pensó:-"No debería tomar tantas setas"-.

(Flashback)
Una araña tejía una tela de araña,
o como ellas la llaman simplemente tela,
y cómo veía que no se caía
no fue a llamar a nadie ya que es normal porque las arañas pesan muy poco.

(Vuelta al presente)
520 elefantes se balanceaban
y en la tela ya casi no había espacio.
De hecho se oían frases como:-"¿Eso que me estoy clavando
es tu trompa o es que te alegras de verme?"-.

3.000 elefantes se balanceaban
cuando se rompió la tela de araña.
Justo entonces llegó la araña que la había tejido
y les dijo a los elefantes:-"¿Pero qué habéis hecho, hijos de puta?"-.


martes, 15 de septiembre de 2009

The Time of My Life

Pues vaya... Otro que se nos ha ido este año también.
Patrick Swayze ha muerto hoy a los 57 años de edad.
En fin... Otro ídolo de mi infancia que desaparece...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Meme nostálgico

Bueno, pues después de que mis alumnillos (incluído el Míster) me hayan dado la alegría del día, llamándome para contarme que han aprobado sus asignaturas pendientes, me he acordado de que en mayo yo también me dejé algo pendiente. Fue un meme nostálgico o de la infancia o algo así. Lo cierto es que no me acuerdo muy bien. Así que, tendré que ver si yo también lo apruebo ahora en septiembre, que dejarse las cosas colgás no es ni sano, ¿no? Menudo ejemplo les doy a mis chiquillos, vamos...

Vale. Pues me nominó mi Juancar, que el hombre no es mucho de memes, pero luego me nomina a mí porque sabe que a mí tampoco me van. Simpático que es el muchacho, ¿qué le hacemos? :)
Pero claro, como no lo hice al momento, dio tiempo a que me volvieran a nominar. Y sí, mi Adrisol también me lo mandó. Seguramente para hacer fuerza con Juancar... Y porque son más apañaos que un jarrillo de lata los dos, que si no...
Así que hoy es tan buen día como cualquier otro para responder a las preguntas.
Y como yo paso de las normas, simplemente las contesto y ya está. :)
Vamos a ver...

1.- ¿Cuál es tu primer recuerdo?
Pues el colegio al que iba a los 4 años. Me acuerdo, por ejemplo, de que no había recreo en el que no me sangrara la nariz al darme el sol en el patio...

2.- Nombra alguno de tus juguetes preferidos.
Sobretodo, los clicks de playmobil. Pero también el Exin Castillos, las piezas del Tente o las Barriguitas.

3.- Alguna travesura de cuando eras niñ@.
Bueno, yo, más que traviesa, era muy "peleanta". Tenía a todo el parvulario revolucionado. Ningún niño se quería sentar a mi lado, porque al final, siempre acababan recibiendo... Algún guantazo, se entiende.

4.- Tu comida preferida de aquellos años.
Las migas que hacía mi abuelo en la lumbre. Desde por la mañana temprano se sentaba el hombre enfrente de la chimenea, a preparar el fuego y ponerlo en condiciones.

5.- Tus dibujos preferidos de la caja tonta.
Pues "SúperRatón", "Candy-Candy", "Pixi y Dixi", "Tom y Jerry"... Y luego ya nos refinamos: "Los Caballeros del Zodíaco", "Oliver y Benji"...

6.- Tu primera colección de cromos.
La del Mundial 82. Pero también llenamos el álbum de Willy Fogg.

7.- Tu mejor amig@ y por qué.
Me parece que no tenía mejor amigo por aquellos entonces. Ya digo que me peleaba mucho. El único que me aguantaba era mi hermano, pero porque la criatura no tenía más remedio, claro. :)

8.- El primer libro que leíste.
"Corazón", de Edmundo D'Amicis. Me lo regalaron a los 8 años y fue mi primer libro de verdad. Antes de eso, habían sido cuentos, tebeos...

9.- Aquella canción que, cuando la escuchas, siempre viajas a tu pasado.
"Don Diablo" de Miguel Bosé. Vamos, que estaba yo enamorá del Bosé cuando tenía 6 años. Más precoz la Lou... A mi padre no le gustaba nada, y me dijo que me iba a desheredar... ;)

10.- Aquel maestr@ que todavía hoy lo recuerdas con cariño y por qué.
Bueno, en realidad, a mí no se me ha olvidado ninguno de los maestr@s y profes que tuve en mis años de estudiante, la verdad. Y a todos les tengo mucho cariño.
Pero si tengo que decir uno, sería mi seño Mª Trini de 3º de EGB, cuando yo tenía 8 años. No hace mucho que encontré su teléfono en una agenda, y la llamé. Jo, todavía se acordaba de mí, y eso que habían pasado más de 20 años. Se emocionó y tó al saber que yo también me acordaba de ella.

11.- Una película que jamás olvidarás porque te recuerda a tu infancia o juventud.
"La Historia Interminable"... Sí, primero el libro, y luego la peli.

12.- Aquellos tebeos que leías con avidez cuando eras pequeñ@.
"Zipi y Zape", "Mortadelo y Filemón", "Pepe Gotera y Otilio Chapuzas", "El Jabato", "Don Miki"...

13.- Una mascota que tuviste de pequeñ@.
Una podenquilla de caza que se llamaba "Chica". Pero entre las tortugas, los pollos de colores, mi hermano... Vamos, que sí, que tuve una hartá de mascotas...

14.- El primer coche que tuviste cuando te sacaste el carnet de conducir.
¿Y esto qué tendrá que ver con mi infancia? Porque yo, el primer vehículo que tuve (y sin carnet) fue un triciclo amarillo y negro, con los manillares rojos y las ruedas muy grandes, que después heredó mi hermano. Y luego, mi primo.
Pero después de sacarme el carné, sigo con el trasto del patrimonio familiar. El Seat Panda de mi padre... Ahí continúa aguantando como puede el jodío coche los envites a los que lo someto... Vamos, que de tanto echarlo a andar con el freno de mano puesto, pues ya ni le sirve, claro.

15.- Un viaje o excursión que hiciste con los compañeros de clase.
Seguramente, la primera vez que fuimos todos a la Alhambra. Creo que estábamos en 7º o en 8º de EGB. Claro, que lo que más recuerdo son las canciones que cantábamos en el autobús... "La cabra, la cabra, la p..* de la cabra, la madre que la parió..."

16.- Aquel juego que tanto te gustaba jugar de pequeñ@.
Me gustaba jugar a las canicas, al churro, al quema... Sí, sí, con todos los niños jugaba yo. Saltar a la comba no me gustaba nada. Eso sí, cada época del año, tenía unos juegos concretos. Aunque lo que más me moló siempre el fútbol o el balonmano con los equipos del colegio.

17.- ¿Qué programa de televisión de aquellos años era el que más te gustaba?
"Los payasos de la tele", "Barrio Sésamo"... Pero "El Hombre y la Tierra" me encantaba. Sobretodo, la sintonía de cabecera.

18.- Un regalo que te hicieron tus padres que jamás olvidarás.
Mi máquina de escribir... Que tenía yo una obsesión con tener una que pa qué... Y que conste que aún la tengo, ¿eh? Por lo menos tiene 25 años mi olivetti ya.

19.- ¿Hay algún olor que te transporta a tu infancia? ¿Cuál y por qué?
Totalmente, el olor a pino. Por la Sierra de Cazorla, más que ná. Cada vez que subo por allí, me viene a la mente cuando era un coco y nos pasábamos los veranos en la sierra...

20.- Un día o un momento de tu infancia que no olvidarás nunca porque fuiste inmensamente feliz.
Bueno, cada sábado por la mañana era una fiesta, porque después de que mi padre estuviera toda la semana fuera trabajando, sólo podíamos verle los fines de semana. Y claro, los sábados por la mañana mi hermano y yo nos metíamos en la cama con él. Yo tendría 5 años.
Los lunes eran peores. Sí, porque mi padre volvía de nuevo a irse hasta el finde siguiente.

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Pues nada, con esto se acaba este meme de la infancia.
Paso de nominar y esas cosas.
Espero haberlo aprobado, que Septiembre es lo que tiene. :)
Y ni que decir tiene que las fotos son mías, claro.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Las de mi infancia...

Pues sí. Las navidades de mi infancia empezaban tal día como hoy, cuando nos daban las vacaciones en el colegio, y ya habíamos tenido nuestra fiestecilla en la escuela con la recogida de notas.
Era el día elegido para poner el belén en casa. Sí, porque en mi casa nunca fuimos mucho de árbol. Pero mi hermano y yo nos podíamos tirar perfectamente todo el santo día colocando las mil y una figuras del belén, con toda la paciencia del mundo, sin darnos cuenta de las horas que echábamos. Eso sí, tb nos podíamos matar por poner al Niño Jesús, que siempre supimos y teníamos muy claro que era el protagonista.

Cuando somos críos no vemos nada más allá de los días de vacaciones y los regalos de los Reyes. Pero ahora, con la perspectiva que me da la edad y los años pasados, recuerdo como algo genial lo de pasar la Navidad en casa de mis abuelos, allá en el pueblo, con mis padres, mi hermano, mis tíos y mis primos. Todos juntos...
Lo de escuchar, como algo tradicional, a los chiquillos de San Ildefonso, cantando los números de la lotería el día 22. -"Ciento veinticinco mil peseeeeetas"-.
Que necesitáramos un poquito de organización para poder sobrevivir allí, en familia, como lo de tener que comer o cenar en dos tandas: Primero, los niños y después, los mayores.
Que cuando nosotros habíamos terminado, nos mandaban a la habitación de al lado a jugar para que no molestáramos mucho mientras ellos comían. Pero que cuando oíamos que en la tele ponían anuncios, salíamos disparados a quedarnos embobados mirando la pantalla. Y nos peleábamos por todos los juguetes que salían. -"¡Eso pa mí!"-. -"¡Que no, que eso pa mí, que lo he dicho antes!"-. Y con mucho genio, terminábamos llegando a las manos y tirándonos de los pelos. Siempre había algún mayor (mi madre, que la muchacha siempre ha sido muy pacificadora), que decía:-"Bueeeno, uno para cada uno"-. Y nos quedábamos tan conformes.

Y en Nochebuena, antes de cenar, nos íbamos los críos a la calle, a cantar villancicos y pedir el aguinaldo a los vecinos. Cosa que ahora ya no se hace...
Y volvíamos a casa, para pasar el rato todos juntos, con la tele o con nuestras charlas de críos.
Y cenábamos... Y esperábamos con ilusión que ése fuera el año en el que, por fin, nos dejaran probar el champán, como si ya fuéramos mayores. Pero no, nos teníamos que conformar con mojar los labios en una copa de sidra.
Y el día de Navidad seguía siendo una juerga.
Y en Nochevieja comernos las uvas era toda una odisea. Porque éramos críos, claro, y con la tontería de hacernos reír los unos a los otros, terminábamos en el cuarto de baño, a punto de ahogarnos.

En mi época, Papá Noël no existía. O, bueno, sí existía, pero no le hacíamos mucho caso. No, porque a nosotros nos gustaban los Reyes Magos. Y yo podría asegurar que alguna madrugada del 5 de enero, entre sueños, yo los vi por la habitación dejando los regalos...
Y el día 6 de enero, del madrugón que dábamos, no se salvaban nuestros padres. Es que era inevitable. Aún recuerdo los nervios al ver mi nombre escrito en el envoltorio de los regalos.

La navidad siempre fue una época muy feliz de mi infancia. Ahora, pues sí, tb, pero ya no es lo mismo que cuando era una cría. Supongo que por la gente que falta, claro. O tb porque ahora ya todos tenemos nuestros compromisos, y lo de estar en familia es sólo para un rato. Aunque, a decir verdad, suelo pasar mucho rato en casa en estas fechas.
Cuando éramos niños, con esto de que no nos dejaban salir de fiesta, pasábamos juntos todo el tiempo disponible. Y eso es algo que sí que echo de menos. Y además, de verdad.

Frasecilla célebre del día: "Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es una maravilla" (Gilbert Keith Chesterton).

martes, 28 de octubre de 2008

La ratita presumida

Hacer limpieza en el trastero es una actividad que, aparte de requerir muchas ganas, tb requiere infinidad de paciencia. Pero claro, algunas veces ya es inevitable. Y es que, acumulamos tanta mierdecilla que no usamos, que llega un momento en el que hay que tirar alguna, para dejar paso a la nueva mierdecilla que seguimos generando. Y lo que pasa al hacer limpieza es que, normalmente, nos encontramos alguna que otra grata sorpresa.
Pues eso, que hoy, buscando y buscando en el trastero, han aparecido las cajas repletas de los tebeos y cuentos que leía cuando era joven... Más joven todavía, quiero decir. :-)
Encontrarme con las cosas de mi infancia hace que eche por tierra toda la jornada de "duro trabajo limpiante". Sí, porque ya me siento en cualquier sitio, y empiezo a ver, a mirar, a pasar hojas... con la mirada nostálgica y la sonrisa "tonta" pintada en la cara.

Mis tebeos de "Mortadelo y Filemón", los de "Zipi y Zape"... Uf, los de "Don Miki"... Anda, mira, la colección de "El Jabato", que ni siquiera es mía. Que fue mi padre el que la consiguió antes de que yo hubiese nacido... Dios, 8 pesetas cada comic. ¿Eso que son? Cinco céntimos de ahora, ¿no? ¡Casi ná!

Y, por supuesto, tb han aparecido mis cuentos... Qué ilusión, sobretodo con los cuentos. "El Gato con Botas", "El flautista de Hamelin", "Caperucita"... Muchos recuerdos que me han llegado, simplemente con ver las pastas gastadas de todas esas historias.

Me he parado en el de "La ratita presumida". No sé por qué precisamente en ése. Y mientras lo tenía en mis manos, mirando los dibujos, recordando el millón de veces que lo leí, no he podido evitar volver a hacerlo. Soy una nostálgica, ¿qué le vamos a hacer?
Y conforme lo leía, he pensado que ahora a los niños se les leen menos cuentos que antes. Quizás, por la falta de tiempo, y quizás tb, porque si les pones un DVD con el cuento en cuestión, ya no hace falta leérselo.

De todas formas, los niños de ahora están de vuelta de todo. Y precisamente con el cuento éste de "La ratita presumida", si llegásemos leyendo a la pregunta "clave" que la ratita hacía una y otra vez, aquella de:-"¿Y qué harás por la noche?"-, seguro que el niño de turno tendría respuestas de todo tipo, con la sonrisilla picarona en sus labios.
Debe ser que son más "espabilaos" de lo que lo éramos nosotros a esas edades, ¿no? ¡Qué triste eso de perder la inocencia, leche!
En fin... Que al final, he terminado preguntándome, ¿para qué vamos a estimularles la imaginación con cuentos? Si ellos están ya más que "estimulados" con la tele o el "internés" (como dice un Amigo)...

P.D: Si alguien no recuerda cómo era el cuento de la ratita presumida, aconsejo muy mucho que se lo vuelva a leer. Es como una vuelta a "nuestros orígenes". :)

jueves, 14 de agosto de 2008

Dorian Gray


Hay que ver el montón de cosas que vamos perdiendo conforme cumplimos años, ¿eh? Sí, porque ahora te pones a hablar con un crío, y te das cuenta de que es muy fácil hacerlo porque no tienes que andar con pies de plomo, ni estar a la defensiva, buscando la doble intención a cada frase, como tenemos que estar el resto del tiempo. Pero los niños aún no gastan de eso. Suelen ser muy inteligentes, sí, pero la maldad todavía no ha surgido en ellos. Viven en un mundo ideal, sin presiones, sin malos rollos, sin movidas... Y nosotros ya hemos olvidado todo eso.
Cuando crecemos, y se supone que maduramos, nos cuadriculamos de tal manera que no somos capaces de ver la simpleza de las cosas. Todo lo complicamos de una forma sistemática, y le damos tantísimas vueltas a todo, que ya somos incapaces de encontrar una solución válida. Y seguramente, la solución es la cosa más sencilla que nos podamos imaginar. Pero eso ya no nos sirve. Quizás por orgullo, por cabezonería, o simplemente, por no quedar mal con el resto de la humanidad.

Los niños para eso tienen una lógica aplastante. Sí, porque ven las cosas tal y como son, sin mayores historias, y de esta manera, hablan, argumentan y preguntan. Pero siempre con la lógica del que tiene la mente clara y lúcida, sin borrones ni manchas, como si conocieran todas las verdades universales.

La sinceridad de cuando somos niños (una de las mejores cosas que tenemos en la infancia) tb la vamos perdiendo y se torna en diplomacia. O quizás, en sentido común (gracias, Wiza). Aunque está claro que, a veces, los críos tienen más sentido común que la mayoría de la gente. Y evidentemente, no es que ya no digamos lo que pensamos, es que ahora lo "suavizamos" y procuramos decirlo de manera que no genere conflictos, haga daño o pueda provocarnos algún problema. O lo que es peor: No lo decimos porque nos da vergüenza que alguien sepa lo que pensamos o lo que sentimos. Los críos no sienten vergüenza nunca de decir las cosas, de preguntar, de afirmar... Son ellos mismos siempre, naturales y sin prejuicios.

Y creo que a todos nos pasa igual siempre. Si miramos a un niño a los ojos, somos capaces de vernos reflejados en ellos, y conforme ese niño va creciendo, va perdiendo ese brillo tan característico. Va dejando atrás la inocencia, la ingenuidad, esa chispa de naturalidad y de espontaneidad. Se olvida de la sinceridad, y deja de decir siempre lo que piensa. Y es que, en este mundo en que vivimos, no se puede decir siempre lo que se piensa, y aparece la hipocresía. Aparece el orgullo... Es triste, pero es así. Son muchas cosas las que perdemos por el mero hecho de crecer. Pero porque tenemos que aprender a vivir en "el mundo real", con sus diferentes reglas y motivaciones...

Y lo primero que se pierde siempre es la inocencia. Y eso ocurre el día que recibimos el primer "palo" doloroso de verdad. El día en el que se nos cae el mundo al suelo y nos damos cuenta de que no todo es tan bonito ni toda la gente tan buena... Ése es el día en el que "crecemos", y en el que nuestra alma empieza a mancharse y emborronarse. Sí, al igual que con el retrato de Dorian Gray. Y lo peor es que ya no hay marcha atrás...
Puedo recordar perfectamente la fecha en la que yo me hice mayor y perdí mi inocencia. No se me olvidará nunca aquel 19 de mayo de 1993 (otro 19 de mayo nefasto). Porque es cierto que antes de eso yo era más optimista, más alegre, más confiada, menos susceptible, no tenía problemas con mi conciencia ni conflictos emocionales, y tampoco tenía por qué pensar que nadie iba a venir a hacerme daño. Vamos, que era feliz, vaya. Pero después de aquel día, empecé a "prestar más atención", a desconfiar, a ser más intolerante, más exigente, más rencorosa, más insegura, más borde... Aquel día dejé de ser yo y todavía no he conseguido olvidarlo. Así es...
Y, a partir de ahí, nos pasamos la vida intentando volver a recuperar nuestra alma de niño. Cosa imposible de conseguir, dicho sea de paso.
Frasecilla célebre del día: "He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: Un niño" (J.H.)