Mostrando entradas con la etiqueta San Valentín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Valentín. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de febrero de 2018

Este amor aguerrido

Hay muchos "valentines" que no han tenido suerte en la vida. Pienso que es bastante probable que todo el mundo (o casi todo el mundo) alguna vez ha amado de verdad. Pero también pienso que muchas veces, y por circunstancias de la vida, las cosas no salieron como debían.

A veces porque no fue un amor correspondido.
A veces porque fue un amor imposible.
A veces porque fue un amor cobarde.
A veces porque la otra persona no supo o no quiso valorar el amor sincero e incondicional.
A veces porque, simplemente, la cosa no funcionó.

Pienso que hay muchas parejas que viven juntas sin estar realmente enamoradas. Y también pienso que hay mucha gente que, estando enamorada, no puede vivir junta. 

Es muy triste, pero es así.

Así que este San Valentín yo me acordaré de esas criaturas que amaron sin reservas, que amaron desde el alma y que supieron hacerlo cada día de su vida. Pero que al final no encontraron la recompensa que esperaban.
Esas criaturas que fueron valientes dándolo todo, sin esperar nada a cambio. 

Porque al fin y al cabo, el amor no debería ser egoísta, no debería estar condicionado a nada. No debería obligar a nadie, no debería exigir ni imponer nada.

El amor debería ser sólo de esa manera, puro y sin condiciones, dando siempre y sin limitación alguna.



jueves, 12 de febrero de 2015

Cien mil razones

Los que me conocen saben que el día 14 de febrero no me dice absolutamente nada de nada. Pero no de ahora, ¿eh? De nunca.
Podéis leer las entradas que he escrito alguna vez conmemorando este día, y os daréis cuenta de que son de tó menos de amós y cariño.

Estamos en lo de siempre. Acordarse de la gente a la que uno quiere un día al año me parece cutre cutre, superficial superficial, pero sobre tó, comercial comercial.

Así que yo, paso. Porque para escribirle al amor, no hace falta llegar a un día concreto. Supongo que por eso estoy escribiendo esto hoy. :)
Estáis conmigo, ¿no?

Pues ha sido leyendo el libro que tengo ahora entre manos, donde me he encontrado la frase que va a ilustrar la entrada de hoy. En la vida me podría imaginar que, sabiendo de antemano la temática del libro en cuestión, me encontraría una frasecilla trascendental como la que me he encontrado.

Y claro, es que además me ha llegado a la patata. Quizás porque es muy muy real. O quizás porque una criaturica como yo se puede sentir totalmente identificá en un momento dado.



Ale, gente. Feliz día y feliz finde. 
;)

P.D: Para aquellos que no se quieran quedar con la duda, que eso siempre suele ser algo chungo, el libro se titula El tesoro del templo. Habla de templarios, masones, esenios, y de Qumrán y los pergaminos del Mar Muerto. Así que, vosotros me diréis... ^_^

martes, 14 de febrero de 2012

Cierta historia de amor

Pues nada, que como estamos en el día "D", aquí estaba yo, pensando...
Es peligroso cuando yo me pongo a pensar. Imagino que ya os habréis dado cuenta. :)
Pero eso, que estaba pensando en el día de San Valentín y en las historias de amor que tiene la gente.

Que digo yo que no son todas de color de rosa, ¿no? Que habrá de tó, como en botica. Historias bonitas, historias hechas a medida, historias complicadas, historias imposibles...

Yo, sin ir más lejos, me estaba acordando de la historia de la saga "Crepúsculo"... ¿Hábrase visto cosa más oscura, por favor? ¡Qué cosa más negra, de verdad! ... ¿Dónde está ahí el color rosa ni ná? Bueno, ¿dónde está ahí algún color, aunque no sea el rosa?
Claro que teniendo en cuenta que la mitad de las criaturas eran vampiros, y la otra mitad, licántropos, como que el color rosa no pegaba por ningún lado ni de casualidad.

Porque yo, que me vi todas las pelis cuando les dio por ponerlas en la tele, hará un par de meses o tres, sólo pude observar lo oscurísimo que era todo. Hasta los semblantes de la peña. Que la siesa de Bella (se llamaba Bella, ¿no?), no sonreía ni una sola vez en toda la saga. Pero ni una vez, oye. Que estuve pendiente de eso, y a veces, sólo hacía un amago de sonrisa. Pero sonreír sonreír, ni una vez. Así que, lo de que la muchacha se riera a carcajadas ni lo hablamos, ¿vale?

A ver, que yo entiendo que en los tiempos que corren, tiene que ser muy, pero que muy jodido enamorarse de un vampiro. Que seguro que con las restricciones que tienen y lo delicaíllos que son (que si las ristras de ajo, que si las estacas de madera, que si los baños de sol), te tienes que poner de los nervios.
Pero bueno, que a pesar de todo, pues estas dos criaturas tan distintas de mundos tan distintos, se enamoraron... ¿Ni una sonrisilla de felicidad en algún momento de la historia? ¿Ni un sonar de violines en algún instante? ¡Pues mira, no! Más siesos los dos que pa qué, oye.
De todas formas imagino que, después de todo, enamorarse de un chupasangres no debe ser tan malo, ¿eh? Que hay muchos abogados (y hasta algunos políticos) que se enamoran y se casan, y no pasa ná, ¿a que no?
Pos yastá
... :D

Pero qué va, qué va. Estos estaban tan metidos en su papel de historia de amor jodidamente complicada y casi imposible, que no eran capaces de disfrutar el momento. O bueno, quizás era la forma y la manera que tenían de vivir su propia historia, que también podría ser, ¿no?
... Digo yo. Yo qué sé. Si yo no estaba... :)

Ale, gente, disfrutad siempre de los colores que aparezcan en vuestra vida. ¿Qué más da los que sean?
¡Feliz día!

domingo, 13 de febrero de 2011

Oh, l'amour!

Nunca he celebrado San Valentín. Bueno, y ni falta que me importa, dicho sea de paso.
Quizás porque tampoco he tenido nunca nada que celebrar. O quizás porque siempre he tenido muy claro (clarísimo, vaya) que cuando se quiere a alguien de verdad, hay que demostrárselo y decírselo todos los días. Que el amor, el cariño y la amistad son una cosa diaria, y que una fecha concreta en el calendario sólo sirve para el evento comercial y poco más. Vamos, igualito que la Navidad, ¿o no? ¡Coraje que me dan estas cosillas, ya veis!

De todas formas y a pesar de todo (con este 'a pesar de todo' me refiero a los años que ya tengo y a las cosas y decepciones que ya he vivido), yo, que soy medio tonta (por no decir tonta al grado superlativo), sigo creyendo en el amor verdadero. En ese amor con mayúsculas que todo lo puede y que todo lo vence, que atraviesa fronteras, y que no es capaz de ver distancias, ni cercas, ni mares, ni largos años... En ese amor puro, sincero e incondicional...

Y quizás, a estas alturas, ya no está de moda pensar así. Y quizás, el amor haya sucumbido y haya entrado en crisis también... No lo sé. Yo sólo sé que sigo pensando lo mismo, ahí, erre que erre, cabezona como yo sola.
Y puede que alguno de vosotros piense como yo, lo cual estaría muy bien... Pero también puede que alguno de vosotros piense que se me ha ido ya la pinza pero del tó, y termine de confirmar las sospechas que siempre tuvo con la Lou. :)
No importa. Es lo que hay. Al fin y al cabo, cada uno habla de la guerra según le va en ella, ¿no?

Pero bueno, que da igual. Para los que estéis conmigo y penséis como yo; para los que estéis contra mí y penséis que a ingenua no me gana nadie; y para los que este día tan señalado os la refanfinfla, os dejo una cancioncilla de las muchas que tiene mi Silvio para cantarle a estos temas. Es que Silvio siempre pone la frase adecuada en el momento justo. Lo he dicho siempre.

"Por quién merece amor" 


"Te molesta mi amor,
mi amor de juventud,
y mi amor es un arte en virtud.
Te molesta mi amor
mi amor sin antifaz,
y mi amor es un arte de paz..."




P.D: Estaba yo pensando... ¡Joé! A ver si voy a ser una romántica ahora... Que bueno, que tampoco sería tan malo descubrirlo a estas alturas, ¿eh? Sí, porque entonces ya podría entender por qué Bécquer siempre ha sido mi favorito. Él también fue un romántico tardío, así que... :)

domingo, 14 de febrero de 2010

De tubérculos y otras cosas

Si es que está claro que hasta los tubérculos se cachondean de las criaturicas humanas para darnos un mal rato. ¿Qué pasa? Que no había más días en el calendario, ¿no? Que no podía haber aparecido el dichoso tubérculo en otro momento, ¿eh?...
¡Pos no! Se ha tenido que explayar justo el día "D", y ha venido directamente a chinchar el día de San Valentín. Vamos, que no había otro día, joé.

Es que hay que fastidiarse, vaya, que hasta los tubérculos se alían contra mí. Porque a mí, como que el día de San Valentín me la trae un poco al pairo; que eso de querer a alguien un día al año porque la fecha obliga, me toca un poco la moral; que yo pienso que cuando quieres a alguien, todos los días son San Valentín y punto...
Pues el tubérculo ya ha querido llamar la atención desde que lo he sacado de la malla. En realidad creo que no lo he sacado yo. Creo que se me ha tirado a la cara el tío. Anda que... -"¿De dónde has salido tú, jodío?"-. (Pues de la malla, joé, que pareces tonta).

Bueno, pues ahora que venga alguien y me diga que no queda perfectamente aclarado lo que significa la expresión: -"Me has llegado a la patata"-. Vamos, que yo creo que la forma que tiene la patata no deja lugar a dudas... ¿O sí?

Y es que hay gente que te roza el alma, gente que te toca el corazón y gente que te llega a la patata. Así como en plan coloquial, sí.
A ver, que yo sé que a ratos hablo un idioma bastante rarillo y muy personal, no sé si vosotros lo habéis notado ya, pero eso de que alguien te llegue a la patata es algo así como la leche en pepitoria, chispa más o menos.
Quizás la patata es un término mucho más amplio, y que engloba todo lo que queremos expresar, yo qué sé.
Lo que sí que sé es que a mí la gente me llega (al alma, al corazón, a la patata... da igual, adonde sea), y cuando me llega, me ha ganado para siempre y ya no dejo que se vaya tan fácilmente. A no ser, claro, que se quieran ir. Que ahí yo no puedo hacer nada, evidentemente... :)

¿Que qué ha pasado con la patata? Pueeees, digamos que ella no ha podido irse tan fácilmente tampoco. Del horno al plato directamente...

Ale, ¡feliz semana, gente!