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lunes, 25 de octubre de 2010

San Antonio, San Antonio... (II). El ritual

A ver, como está claro que el temita éste ha traído guasa, mucha más de la que yo esperaba, pues nada, aquí va la segunda parte para quien le pueda interesar y para que no se quede nadie con la duda.

Es que ya he visto que hay algunos interesados con esta historia. Bueno, en realidad y mejor dicho, algunas interesadas... Porque lo que es yo, os vuelvo a decir, por si no quedó claro en la entrada anterior, que estoy igual de interesá en hacer esto, que en correr una maratón descalza por un campo lleno ortigas...
¡Ay, señor! Lo que nos va un cotilleo, un casamiento o una historia de éstas de 'amós' y cariño, joé.

Vale, pues el ritual que hay que hacer con la estampita, según me explicaron las petardas ésas de mis amigas (que sí, que son mis amigas y las quiero lo que no está en los escritos, que ni ellas saben cuánto, pero eso no quita pa que sean un rato petardas); pues eso, el ritual que además me hicieron aprender de memoria y repetir hasta la saciedad para que no se me olvidase, es éste:

- Se dobla la estampita de San Antonio por la mitad, y luego por la mitad, y luego otra vez por la mitad. Vamos, que quede bien doblaíta en tres o cuatro veces.
- Se pone en el suelo y se pisa con un pie. Pa qué la vas a pisar con otra cosa, ¿no? Pues sí, con el pie.
Y ahora lo más importante. Se dice:
-"San Antonio, San Antonio, hasta que no me salga novio, no te desdoblo"-. (Frase matadora donde las haya. Menuda amenaza para el santo, joé. ¡Angelico!).
- Luego ya, se guarda la estampita doblada en la cartera o en el monedero, y se olvida una de ella.
Pero muy importante... En cuantito aparezca el novio, deprisa a desdoblar la estampita, ¿eh? Vayamos a tonterías, que una promesa es una promesa. Y una amenaza, no digamos ná.

¡Jo! No me digáis que el pobre San Antonio no tiene el Cielo ganao si cada dos por tres le hacen una cosa de éstas...
:)

P.D: Espero que los que no podíais dormir sin saber cómo era esto, consigáis ya hacerlo a pata suelta... :D

jueves, 7 de octubre de 2010

Solamente yo decido


"Yo decido cuándo salto y con quién me río;
y si lloro, yo decido a quién le muestro mis lágrimas"
.
(Amaral)
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Bueno, pues como esto, absolutamente todo. Que la frase define perfectamente lo que pienso.
Porque otra cosa no, pero tengo muy claro que soy yo la que decide siempre sobre mi vida. Y nadie me puede exigir que no lo haga. Nadie me puede obligar a que me muestre o me deje ver cuando yo realmente no quiero o no me apetece. ¿Por qué tendría que hacerlo?
Y es que personalmente creo que nadie tiene el derecho de echarme en cara si guardo silencio o si no quiero contar mis cosas en un determinado momento. O si se las cuento a unos y a otros no. Que la confianza que tengo con todo el mundo no es la misma, vaya. Vamos, digo yo...

Joé, es que a mí no se me ocurre ir a ningún amigo a decirle con el tono cabreao:-"Oye, a Fulanito le has contado no-sé-qué, y a mí no me has contado ná"-.
Imagino que si a mí no me lo cuenta es porque o no lo cree oportuno o porque no le da la gana directamente. ¿Y quién soy yo para obligarle a que me cuente lo que no quiere contarme? Aparte de que quizás, seguramente, a mí ni me interese ni me importe, claro.

Porque a ver... Si alguien viene a contarme algo, pues mira, lo escucho, que eso se me da mú rebien. Pero yo no obligo a nadie a hacerlo. Y menos, me enfado con él o le monto un pollo del copón si no lo hace.

Llamadme ingenua, pero así pensaba que funcionaba esto. Y por eso doy por hecho que, de la misma manera que yo lo veo así, pienso que a mí nadie debería exigirme nada tampoco, y menos, escudándose detrás de la amistad. Vamos, que hasta yo tengo claro que una amistad no se basa en exigencias. Porque si eso es así, ni es amistad ni seguramente vale la pena.
Pero la gente te presiona, oye. Te atosiga, te reclama, te coacciona... Y lo que es peor, haciéndote chantaje emocional. Que ya es, cuanto menos, cabreante...

No sé... A ver si voy a ser yo la que está equivocada con todo esto...

viernes, 23 de julio de 2010

About me

Pues lo cierto es que yo, a pesar de ser como soy, (ya sabéis cómo: así como con la vergüenza justa para pasar el día; así como que hablo hasta por los codos y no me callo ni debajo del agua; y así como que si me quedo callá igual me sale un sarpullido o algo), pues luego resulta que en realidad suelo ser bastante reservada para mis cosas.
Bueno, para las cosas importantes, quiero decir. Como dicen mis amigos, es que no suelto prenda de mi vida privada. Pero la verdad, ni creo que mi vida sea importante, ni creo que a nadie le interese...

Pero vaya, vosotros me conocéis ya, y sabéis mucho más de mí que mucha de esa gente con la que trato a diario. Y eso es por lo que he dicho siempre: Que escribiendo somos más nosotros mismos que cuando hablamos. Cara a cara suele ser bastante más jodiíllo.

La cuestión es que cuando yo cuento algo sobre mí, pues sé a lo que me expongo. O en ese momento no lo sé, pero soy sólo yo la que tienta la suerte. Vamos, que tengo claro hasta qué punto quiero que se sepan las cosas y hasta qué punto quiero llegar. Y más de eso es prácticamente imposible. Sobretó cuando se trata de lo que siento. No a todo el mundo le podemos decir lo que sentimos, que luego pasa lo que pasa. Imagino que eso nos ocurre a todos...

Pero claro, cuando la persona afectada no soy yo, que es otra criaturica, a mí que nadie venga a preguntarme nada.
Porque aquí cada uno podemos hablar nosotros mismos, por nuestra propia cuenta y riesgo; pero comentar lo de los demás, sin contar con ellos, pues como que no. Por lo menos yo, no.

¿Será posible que haya tenido esta conversación cada dos por tres...?
Un cotilla:-"Oye, Lou, ¿qué se cuenta Fulanito? ¿Dónde ha estado este fin de semana?"-.
La Lou:-"Y yo qué sé, pregúntale a Fulanito. ¿A mí qué me cuentas?"-.
Y es casi seguro que la Lou había estado hablando con Fulanito de su escapada de fin de semana media hora antes, y el cotilla lo sabía. Pero ¿quién es la Lou para contar las cosas de nadie por ahí?

Joé, es que la gente es muy cotilla y siempre se quiere enterar de la vida de los demás. Y si no se atreven a preguntarle a la persona concreta, ya se buscan ellos la vida para preguntarle a cualquier otro. Tó sea para no quedarse con la duda, no vaya a ser que no puedan dormir o no puedan comer si no se enteran bien de algo...

Pos mira, no... Que yo sé lo que cuento de mí, pero no es plan de contar nada de nadie y provocar algún problema.
Y además, que no, joé, que bastante tengo yo con intentar llevar mi vida pa'lante, como para ahora llevar también la de los demás... ¿Estamos tontos?