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jueves, 2 de marzo de 2017

Cinco misisipis

Vivimos en un momento de nuestra vida en el que vamos a velocidad supersónica. Parece como si tuviéramos prisa por hacer millones de cosas y no tuviéramos tiempo para pararnos a hacer otras, como dejar que el sol nos dé en la cara, oler las flores, ver un atardecer, o disfrutar de una charla y una sonrisa... 

Porque pensamos que si hacemos esto último, perdemos un tiempo precioso que no recuperaremos jamás. No nos damos cuenta de que precisamente perdemos ese tiempo cuando no hacemos esas cosas tan simples y a la vez tan necesarias.

No tenemos tiempo para hablar con la gente cara a cara. Quizás porque pensamos que hacerlo a través del móvil, con un mensaje cifrado y posiblemente, malinterpretado, ya es suficiente. 
Todos los días me cruzo con cientos de personas que no ven nada, que no despegan la cara de la dichosa pantallica. Y cuando me cruzo con alguien que me mira de frente, me parece tan genial, que no puedo evitar sonreírle aunque no lo conozca de nada.

Será que algunas criaturas necesitamos pararnos un segundo para respirar hondo y contemplar todo lo que tenemos alrededor. Se descubren tantas cosas nuevas cada día cuando te tomas tu tiempo... Pero es que además, cuando encuentras a alguien que lo hace contigo, es todavía un momento mucho más especial, si cabe.

Ayer me dieron un abrazo que duró cinco (5) misisipis. Y lo sé con exactitud porque la persona que me lo dio, los contó en voz baja en mi oído. 
Esa es la gente que quiero a mi lado, siempre.
:)



jueves, 16 de abril de 2015

Mi hijo adolescente ☺

Bueno, pues lo prometido es deuda. 

La verdad es que me suelo llevar muy bien con los chiquillos a los que doy clase. Normalmente, empiezo las clases con ellos a sus 14 ó 15 años, cuando las cosas ya empiezan a torcérseles.
Y luego suelo seguir con ellos cada curso hasta que acaban la Selectividad. Evidentemente, eso hace que sean varios años los que nos vamos viendo y conociendo. Y si encima les di clase anteriormente a sus hermanos mayores, entonces la confianza que se genera es mayor.

Lo cierto es que consigo crear un vínculo con ellos que yo considero bastante especial. Algo que no se acaba cuando empiezan la universidad. No, porque muchos de ellos me siguen llamando después para contarme sus cosillas. Y con alguno también quedo a tomar café o de tapas porque la relación ha llegado más lejos y nos hemos hecho amigos.

Pues sí, efectivamente, éste es el caso que nos ocupa.

El muchacho en cuestión va camino de los 24 años, y lo conocí cuando tenía 14. Lo cierto es que es más rebonico que tó las cosas y siempre va hecho un pincel. Por algo fue Míster de las fiestas de su pueblo, digo yo. (Entrada AQUÍ :)
Le di matemáticas durante todos sus años de instituto y desde que terminó conmigo, no hemos perdido el contacto. Hablamos habitualmente, nos vemos, y eso, que también quedamos de vez en cuando.


Pos el otro día estuvimos dando una vuelta por Granada. Nosotros siempre quedamos para una tapa, una charla y unas risas. Además, que es una persona con muchas inquietudes desde muy joven, y con la que puedes mantener una conversación de coña o de esas trascendentales en cualquier momento.
Aquel día él tenía que comprar un regalo, así que dijo de bajar a El Corte Inglés. Quería comprar una colonia de las importantes. Vamos, de esas que cuestan un ojillo de la cara y parte del otro. Pues sí, de ésas.



Vale, pues allí teníamos a dos dependientas de perfumería detrás de nosotros todo el rato. Yo me quedé al margen, más en segundo plano, porque era un tema de él y lo dejé a su aire que probara, oliera, volviera a probar... Total, él sabe lo que busca y él sabe lo que quiere. Si me preguntaba a mí entonces sí le daba mi opinión. Pero vaya, que él estaba más que entretenido con una de las dependientas, que no dejaba de enseñarle colonias, darle a oler fragancias... 

Entonces la otra se vino a mi lado, a charlar, a comentar, a referir:
-"Hay que ver estos niños, ¿eh? Que quieren ir al instituto todo arreglados, vestidos de marca, cada uno oliendo a su colonia personal..."-.
Ay, qué lástima, que se cree que está en el insti... 
-"Huy, sí. A éste le pasa eso. Va al instituto hecho un pincel. Y todos sus compañeros, igual"-.
La otra dependienta que se acerca con él mirando otra colonia:
-"Pruébate ésta en la muñeca y deja que se seque... Aunque claro, como ya te has probado unas cuantas, tendrás una mezcla de olores que no te dejará distinguir nada"-. Y mirándome a mí, amenazándome con el frasco de colonia, salta la tía:-"Pues mira, que se la ponga tu madre, y así luego compruebas qué olor deja"-.
Y yo, sin inmutarme y alargando el brazo:-"Claro, échamela a mí y ya que él elija la que más le guste"-.

En ese momento, a él le cambió la cara, tó descompuesto. 
Y yo, que sigo:-"Además, que yo no se la voy a comprar, que para eso él tiene sus ahorros y los ha traído de casa. Yo no le pienso dar un duro, que esto es una cosa suya..."-. Y dirigiéndome a él, en tono maternal:-"Has matado al cerdito, ¿no?"-.

Bueno, para qué os voy a contar la cara que tenía mi amigo. Era todo un poema, vaya. Y cuando nos alejamos de allí, yo, partida de risa, salta él, tó rebotao:-"¡Claro! Como tengo esta cara de chiquillo que tengo..."-.
Y yo, sin poder dejarlo estar, digo:-"Pero míralo por el lado bueno, hombre: Tienes una mami jovencísima. Eso sí, la próxima vez que quedemos, déjate crecer la barba, anda, a ver si hay más suerte..."-.
Menos mal que la carcajada ya fue unánime de los dos.

Total, que desde ese día él tiene dos mamis y yo tengo un hijo adolescente. Y me mola. Me mola, porque si el chiquillo es tan guapo y a mí me confunden con su madre, pues... ¡Blanco y en botella! ;)

Y yastá. La próxima vez que nos toca quedar es ya mismo, porque hay que ir a darse una vuelta por la Feria del Libro de Graná. Que eso, para nosotros, es ya una tradición.
:)





miércoles, 1 de agosto de 2012

AGM :)

Me encanta que haya gente tan auténtica por ahí por el mundo, a pesar de su juventud. Porque sí, porque no es la edad la que da ese matiz a las personas.

Hay gente que no llegan a ser personas en su p**a vida. Y en cambio, hay gente que apenas han cumplido la mayoría de edad y ya tienen muchísimo que aportar al resto de la Humanidad. 
Es verdad que hay gente que no van a pasar de niñat@s ni aún cumpliendo los 50 años u más. Pero también hay personas que, por circunstancias de la vida, maduran tanto en tan poco tiempo, que te asombras cuando un día tienes la suerte y el privilegio de poder hablar con ellas. 
Son personas grandes. Grandes de verdad.

Y es que, no es la altura, ni el peso, ni la belleza, ni un título o mucho dinero lo que convierte a una persona en grande... No. Es su honestidad, su decencia, su amabilidad y su respeto por los sentimientos, preocupaciones e intereses de los demás. 
Cuando habla de frente y vive de acuerdo con lo que habla; cuando escucha e intenta entender; cuando trata con cariño y respeto; cuando mira a los ojos y sonríe...
Una persona es grande cuando comprende, cuando piensa, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando actúa no de acuerdo con lo que esperan de ella, sino de acuerdo con lo que espera de sí misma... 

Por eso, estoy convencida de que todos tenemos claro que algunas personas tienen valor. Y otras, simplemente, tienen precio.


Sí, niño, sí. Eres tú. Y eres grande. Grande, en todos los sentidos.
TQ.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Conseguido, una vez más...

Me mola cuando suena el teléfono en mi casa y es para recibir una buena noticia. Que ya sabéis que a veces suena y sería mejor no cogerlo, ¿qué os voy a contar? ;)

Pero bueno, hoy sí. Hoy ha sonado para alegrarme el día. Y es que después de tooooodo el verano dándoles caña, hoy les han dado las notas y mira, han aprobado.
Estos chiquillos, que a ratos me dan disgustos y me ponen de los nervios, otras veces pues me llegan al alma.
En realidad, me llegan al alma muchas más veces de las que me ponen de los nervios, todo hay que decirlo. Imagino que por eso siempre me compensa. Si no, seguramente, no llevaría más de 15 años dando clases de apoyo a los chavales. Digo yo...

El caso es que mi Alberto me ha llamado esta mañana para decirme que por fin ha conseguido terminar, aprobando las matemáticas de 2º de Bachillerato. Y eso, no tenéis ni idea de lo que significa para él, para su madre, y por supuesto, para mí... Pero vamos, ni idea. Porque a la criatura, desde siempre, las matemáticas le producen hasta pesadillas. Vaya, que se pone malo con ellas, con eso lo digo tó. Y yo, que llevo con él como 4 años dándole clase, curso a curso, sé lo mal que se le daban y el pánico que le producían.
Pero ahí está el tío, aprobado.

Él dice que es porque la grulla blanca de la suerte que le regalé el día antes de su examen, le había ayudado. Y yo digo que es porque, al final, el esfuerzo siempre tiene su recompensa.
Sea como fuere, he dicho de colgar el teléfono y salir corriendo a su casa para darle un achuchón. Y eso, que allí me he ido a abrazarle.
Lo que yo no esperaba era que, cuando nos hemos despedido, se le saltaran al chiquillo las lágrimas. Y, en consecuencia, pues se me saltaran a mí también las mías.
Joé, es que éste es el último año que le doy clase, ¿vale? Y después de tantos días con él, pos como que le he cogido cariño y le voy a echar de menos yo también. ¿Qué pasa?

Es cierto que hay chiquillos a los que me cuesta trabajo llegarles. No muchos, pero sí, alguna vez me pasa y alguno hay por ahí. Y claro, así es complicado conseguir un resultado decente. Lo conseguimos, sí, pero con mucha desgana o incomodidad, porque ni ellos están a gusto, ni yo tampoco.
Pero luego hay otros con los que conecto muy bien, con los que enseguida aparece la confianza y la complicidad, que parecen mis hermanos pequeños, y que cuando acabo con ellos, pues nos da hasta penita. Y justo eso me ha pasado hoy, que me ha dado penita, mucha penita.

A ver, de verdad, que me he alegrado muchísimo de que lo haya conseguido y de que haya terminado por fin, porque evidentemente para mí también es una satisfacción personal que ellos lo logren, por supuesto.
Pero eso, que siempre me pasa igual con estas criaturicas, que se hacen de querer... Y eso, que me apetecía escribir mi momento sensiblero.

Como le he dicho a él al despedirnos:-"Jo, Alberto, en estos años te he visto crecer. Te he visto hacerte un Míster y hacerte también un hombrecito"-. Y claro, ya se ha tenido que reír... Y su madre que estaba allí, pos también.

viernes, 21 de agosto de 2009

Ya puedo decir que conozco a uno

Pues aquí estamos, de fiestas este finde.
Y bueno, que quería contar una cosilla.
A ver... Es que uno de mis alumnillos se ha presentado este año a míster de las fiestas. Es un muchacho al que hace ya cuatro años que conozco, porque siempre se le han atragantado las mates, y he estado yendo a su casa todos estos cursos para intentar ayudarle con ellas.

De hecho, a veces tengo la sensación de que es mi hermano pequeño y tó, por la confianza que ya tenemos; porque me cuenta sus cosas, o porque me pregunta sobre temas que no tienen nada que ver con los sistemas de ecuaciones o con las derivadas.

Vale, pues lo cierto es que hay que reconocer que el chiquillo es muy guapo. Claro que con casi 17 años que tiene, ¿quién no lo es? Si es que está en una edad más bonica... Además, con esos ojillos azules, esa carilla tan fina...
Vaya, que sí, que es muy guapo. Y todos los que le conocemos, lo sabemos, pero él, de todas formas, no las tenía todas consigo y no estaba muy convencido de poder ganar.

Aquí, la conversación que tuvimos en mitad de una clase de mates, hace escasamente una semana:
Él:-"Pues no creo que gane yo, porque se presenta fulanito, y hay mucho enchufe y mucho politiqueo en estas cosas"-. (Interesante que un chaval de su edad, ya sepa de la existencia de ese politiqueo tan cabreante...).
Yo:-"Pero tú eres el más guapo de los que se presentan, que yo he visto las fotos en el programa de fiestas, y ninguno te llega a la suela del zapato"-. (Cosa que era cierta y no por animarlo sólo. Que puede que le tenga amor de hermana mayor, pero no lo estaba engañando).
Él:-"Bueno, da igual. Si no gano, no pasa ná. Lo que no quiero es ser Míster Simpatía. Si no consigo el Título, yo quiero ser Míster Elegancia"-. (Ahí, ahí, teniendo las cosas claras desde el principio).
Yo:-"¿Y por qué no quieres ser Míster Simpatía? ¿Qué problema tiene eso?"-. (Qué ingenua puedo ser a veces, leche).
Él:-"Porque cuando te dicen simpático es porque está claro que eres mu feo... Si le preguntas a alguien si otro es guapo o no, y te dice que es muy gracioso, o muy salao, o muy simpático, es que seguro que es un cardo borriquero... Y eso, en la elección de los místers, es como pregonarlo a los cuatro vientos encima del escenario. Así que yo prefiero ser Míster Elegancia"-. (¡Y punto pelota!).

¡Ole ahí! Lección magistral de mi Alberto, sí señor. Que puede que tenga sólo 16 años, pero ya sabe de lo que habla.

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Pues el muchacho me ha llamado esta tarde. Sí, a eso de las siete. Y es que se suponía que nosotros teníamos una clase a las ocho. Pero yo ya sabía que no la íbamos a dar cuando ha sonado el teléfono.

Me ha llamado para contármelo:-"Lourdes, estás hablando con el flamante Míster de las fiestas"-. Ni el de simpatía ni el de elegancia. No, nada de eso. El título de Míster míster. Y, claro, que si ahora tenía que estar presidiendo todos los eventos fiesteros; que si ya estaba estresado con el tema; que si le obligaban a estar presente en todas partes... Y que hoy no podíamos vernos a las ocho, porque a esas horas tenía que hacer acto de presencia en el espectáculo ecuestre. Y mañana, en la romería. Y el domingo, ni sabía dónde...
La ventaja es que se va a tirar todas las fiestas en la calle, con lo que a él le gustan las fiestas... Eso sí, tendrá que salir con la banda puesta a todas horas, y ya eso no sé yo si le hace tanta gracia.
Bueno, y yo ya puedo decir que conozco a un todo un míster, ¿no? De todas formas, este niño apuntaba maneras, porque también fue míster infantil cuando tenía 5 ó 6 añillos, así que... ¿Quién sabe a dónde llegará, eh?
:)