... todo lo que se te extraña,
desde el siglo en que partiste,
hasta el largo día de hoy".
Porque es que hoy estamos de aniversario, aunque por supuesto tú no te acuerdes.
Hoy, justo hoy, hace seis años que nos conocimos. La primera vez que nos vimos... La primera vez que hablamos... Tú sólo llevabas dos días "destinado" aquí, pero ya, desde aquel día nuestras vidas se cruzaron.
Y aunque a mí me costó lo indecible dejar que te acercaras, la primera vez que me llegaste al alma, me ganaste para siempre.
Y a partir de aquel día, todo tomó un rumbo distinto. Supongo que yo llevaba tres años esperándote, aún sin conocerte, y por fin, llegaste a mí.
Y estos seis años han dado mucho de sí. Tiempo suficiente para conocernos de verdad, y lograrlo. Para entendernos con sólo mirarnos, sin tener que decir ni una palabra.
Para tenerte cerca todos los días, incluso, los días que no podíamos coincidir...
Para que tu mirada constante guiara mis pasos continuamente.
Para que tu sonrisa perfecta calmara las inquietudes de mi alma en todo momento.
Para que la palabra precisa escapara de tus labios en el momento más oportuno de desesperanza y de desánimo...
Y para que te convirtieras, sin darme apenas cuenta, en alguien imprescindible.
Pero tú me faltas, hace tantos días, que quiero y no puedo tener alegrías. Porque sí, porque el cambio ha sido enorme. Porque de poder verte en cualquier momento, a dejar de hacerlo porque sí, la cosa no ha traído nada bueno.
Tu injusto "destierro" ha hecho mella en mi corazón y en mi alma. Porque no soy fuerte... Porque nunca lo he sido...
Y no exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma. Y que cuando más tranquila estoy, apareces como un fogonazo, y te oigo. Sólo te oigo. Y oírte sin verte no me sirve. Porque sentirte tan cerca y tan lejos a la vez, puede conmigo.
Y siento decirte que me rendí. Que sé que te dije que estaría contigo hasta el final, que esperaría tu vuelta con paciencia, pero no he sido capaz. Y lo siento. Mucho...
Ni he sabido ni he podido estar a la altura. Mi deber era aguantar contra viento y marea los envites de la desesperación, pero no lo he conseguido. Y es que, mi fuerza siempre ha emanado de ti. La fuerza de los dos era sólo la tuya.
Pero ahora no estás. Y yo estoy cansada. Y soy muy egoísta porque sé a ciencia cierta que tú tb lo estás, y que para ti no es precisamente un camino de rosas el día a día tampoco, pero yo sólo pienso en mí. Y sé que tú quieres volver, y no lo consigues.
Y no te olvido, porque a ti es imposible olvidarte. Y al mismo tiempo que deseo tu vuelta, en cierto modo, me da miedo que llegue ese día. Quizás porque no sé cómo voy a estar y ni siquiera sé si las cosas seguirán igual que antes.
No es que no quiera que vuelvas. Es que no quería que te fueras nunca.
...Porque lo único que puedo recordar ahora mismo son las tardes de invierno en las que, sentados el uno junto al otro, veíamos cómo oscurecía mientras el cielo entonaba los colores del atardecer. Y allí, compartiendo el silencio, sin necesidad de decir nada, sólo disfrutábamos de aquel momento de tranquilidad y de calma. Con la respiración pausada y acompasada...
Solos con nuestros pensamientos, sí, pero juntos los dos...