Inciso: Me encanta que la gente me haga pensar. Se agradece. Es una forma mú sana y mú baratica de mantener despierto el cerebro y entretenido el ánimo. Porque a estas alturas, es tan complicado encontrar a alguien que te haga pensar, que cuando encuentras a alguno, dices:-"Porras, qué guay"-... :)
Vale. El caso es que la criaturilla dijo algo así como que no conocía ningún matrimonio en el que el hombre hubiera ido por iniciativa propia al altar, y que siempre lo hacían para evitar discutir.
Pasar por el aro (en contra de tus principios) para evitar una discusión, no lo entenderé nunca. No, porque empezar tu historia sintiendo que te están imponiendo algo, no debe ser muy sano para que luego la cosa funcione, ¿no? Da la impresión de que vas a una cárcel de cabeza y eso está condenado al fracaso desde el primer momento. No sé, digo yo. Es la sensación que a mí me da y me parece algo muy triste.
Y es que yo he visto matrimonios (todos no, pero sí la inmensa mayoría, las cosas como son) en los que cuando pasan los años ya no hay nada que decirse. Que ves a la pareja el uno al lado del otro, por la calle o sentados en una cafetería, con una cara de estaca de la leche, donde ya ni se miran, ni se hablan. Y si se hablan, es para echarse cosas en cara. Ya no se escuchan, ya no se aguantan.
Desde el principio de los tiempos, tuve claro que yo no quería tener nunca algo así. Sí, porque si al final la cosa degenera de esa manera, está claro que no vale la pena para nada. Al menos, a mí no me valdría la pena. O sea que ya, con 6 años de edad, estaba convencida de que no me casaría nunca. Ea, ¿qué le hacemos? Precoz que fue la niña.
Porque siempre he pensado y siempre he dicho que para querer a alguien, para estar con alguien, para vivir algo bonito, no hace falta estar casados. No hace falta prometerse ni comprometerse. No hace falta vestirse de blanco, pasar por el altar y montar un fiestón de la leche.
Porque siempre he pensado que es justo ahí donde empieza el principio del fin. Y a los hechos me remito.
Que vale, que sí, que tampoco digo que eso sea así siempre. Pero por lo que yo he visto y he observado a mi alrededor, no puedo pensar otra cosa. Pocos matrimonios hay por ahí que sigan siendo geniales veinte años después, en los que el respeto, el cariño y la confianza no se han ido perdiendo con los años. Pocos hay en los que a pesar del tiempo, la pareja sigue enamorada y se quiere más que nunca. Pocos hay en los que la convivencia y los problemas cotidianos no hayan hecho mella en las sonrisas del principio. Pero oye, claro que sí, haberlos, haylos. Algunillo por ahí habrá...
Frase del día: No hay que prometer nada. Las promesas son horribles ataduras, y cuando uno se siente amarrado tiende a liberarse, eso es fatal. (Mario Benedetti)

