Pues sí, ayer fue la comida de empresa. Uno de esos compromisos ineludibles que mencionaba el otro día y que tenemos que intentar superar sin muchos agobios y sin muchos problemas.
A ver, que salir del trabajo y hacer algo fuera de la rutina, aunque sea con los compañeros del curro, siempre debería ser motivo de alegría, ¿no? Pero tb es verdad que, a ratos, desearíamos que ese día no llegara nunca. O que ya hubiera pasado...
Pues eso: Que hoy ya ha pasado.
Lo cierto es que no estuvo mal.
Es el día en el que podemos darnos cuenta de que hasta los jefes son personas. Que hablan, que se ríen y que se lo pasan bien... -"Anda, si comen y todo. Si son humanos, y no de mármol como pudiera parecer..."-.
Y que conste que yo con mi jefe no me llevo mal. Total, para el rato que estoy allí dentro en el trabajo, no lo voy a tener de enemigo, ¿no?
Además, como mi forma de ser raya los límites del descaro, en mitad del lab puedo cogerle por los hombros y soltarle:-"¿Qué pasa, Antonio? Que me han dicho que estás un poco jodiíllo..."-. Cosa que es cierta, porque el hombre estuvo la semana pasada ingresado una noche en urgencias, con una úlcera diodenar.
Y después de que él me lo haya contado, le digo:-"Y seguimos fumando, ¿no? Hay que ver..."-. Cuanto menos, sirve para que le toque una miaja la moral...
Será que siempre he tenido muy poca vergüenza. O será que siempre he dicho lo que he pensado, sin pulir ni una sola de las palabras... Lo suelto tal y como me viene a la cabeza. Me pasaba en el instituto, me pasaba en la facultad, y me pasa ahora en el curro tb.
Será que ya saben cómo soy y no se irritan. Aunque, bueno, el hermano menor de mi jefe, que por lazo consanguíneo es mi jefe tb, dice que tengo mucho morro... ¡Pos mira, sí!
Total, que ayer era el día elegido y nos fuimos a comer.
Reservaron mesa en un sitio genial. Sí, porque por los ventanales del torreón donde nosotros estábamos, en el segundo piso del restaurante, se podía disfrutar de toda la Vega de Granada por un lado y de Sierra Nevada repleta de nieve por otro. Vamos, unas vistas inmejorables. Y unos platos inmejorables tb. Que sí, que sí, que estuvimos en la gloria, nunca mejor dicho.
El camarero, que ya se dio cuenta de mi descaro nada más llegar yo (¿por qué sería?), me presentaba a mí cada uno de los platos, diciendo en voz alta lo que traía cada vez, al tiempo que lo soltaba en la mesa, delante de mí:-"Solomillo relleno de frutas de otoño y patata con queso gratinado"-, o -"Gazpacho de buey y queso parmesano"-, o -"Mousse de yogur con frutas rojas"-. Y ya que el hombre se tomaba la molestia de presentármelos personalmente, pues yo decía en voz alta y muy solemnemente, obligando a que todo el comedor me escuchase:-"Encantada (de conocerte)"-.
No estuvo mal, es cierto. Pero ya llega un momento en el que la cosa empieza a degenerar a unos niveles alarmantes, claro. Además, que yo tampoco tengo confianza con todos los compañeros. A alguno lo conocí ayer incluso, o sea que...
Eso sí, teniendo en cuenta que trabajo en una empresa tremendamente masculina, donde hay casi 50 empleados, y donde sólo 6 somos mujeres (las niñas de la ofi y las niñas del lab), el tono machista de los comentarios es evidente. Y de los chistes, para qué hablar.
Aunque, si bien es cierto que a la comida sólo vamos 20 personas, porque el resto de trabajadores de la empresa no pueden (o no quieren o no los invitan), no dejamos de estar en minoría.
Yo, que siempre hago la guerra por mi cuenta, tuve la genial idea de hacer eso, la cuenta:-"Wiza, tocamos a tres tíos y pico por cada una de nosotras. Pero empieza eligiendo tú, que a mí me da la risa"-.
Y es que era deprimente empezar mirando la mesa por un extremo y llegar al otro, pensando:-"Ay, Dios mío, si es que no se salva ni uno"-.
En fin... Pues la gente empezó a moverse a las cinco y media. Sí, porque no lo he dicho, pero después de la comida, hay que volver al trabajo. Con lo a gustito que estaríamos allí hasta que nos diera la gana, o buscando un sitio diferente para seguir un rato más de juerga, con las copas y los bailes... Pero no.
Y eso de volver, tras una comida tan abundante y alguna que otra copilla para bajarla, cuesta un mundo hacerlo. Más que ná, porque hay quien vuelve tambaleándose más de la cuenta.
Yo no tendría que volver, porque mi jornada acaba a las tres, pero lo hago tb y terminamos las cosas que se han quedado sin acabar al mediodía. No es cuestión de dejarlo todo empantanao y por medio, claro.
Y ya de paso, pues recojo mi cesta de Navidad tb, no vaya a ser que alguien se lleve dos. :)
A decir verdad, no me puedo quejar mucho, que nosotros hemos tenido comida y cesta de navidad. Que seguro que no todo el mundo puede decir lo mismo, ¿eh?