No lo he leído, ni lo pienso hacer. Sencillamente porque el título ya directamente me echa para atrás. Paso de leer absurdeces.
Bueno, si algún día me apetece echarme unas risas, igual me lo compro y os lo comento... :)
Claro que pensándolo ahora, pues son 16 euros lo que cuesta. Con el montón de tapas granaínas que te puedes tomar con 16 euros, cucha oyes... Así que creo va a ser que no. :D
Lo cierto es que desde que tenía seis o siete años siempre dije que nunca me casaría. Y mira por dónde, hasta ahora lo estoy cumpliendo.
Personalmente siempre he considerado que no hay que firmar un papel para declarar el amor que se siente. Pienso que se puede querer a alguien sin mayores historias.
Eso sí, respeto profundamente al que quiere casarse y lo hace. Siempre me ha parecido estupendo que cada cual haga lo que quiera, mientras no moleste a nadie. Eso lo he dicho siempre. Por supuesto, lo de imponer tanto un 'sí' como un 'no' ya sería otra historia.
El caso es que este libro que menciono aquí lo ha publicado el arzobispado de Granada, pero lo ha escrito una mujer. Y sí, también he tenido claro desde siempre que somos nuestras peores críticas, y que algunas mujeres son más machistas que algunos hombres.
La autora está casada, tiene cuatro hijos y declara ser sumisa. También declara ser católica, y quizás seguramente, también sea de misa dominguera. ¿Por qué no?
Y claro, teniendo en cuenta lo masculina y machista que ha sido siempre la iglesia, a la escritora se le habrá quedado su verdad impregnada.
Y es que, fueron los padres de esa iglesia (que siempre fueron hombres, por supuesto que sí) los que decidieron cuáles tenían que ser los evangelios considerados "verdaderos" (porque eran los que decían lo que a ellos les interesaba), y cuál era el papel que tenían las mujeres en la religión y en la vida en general (porque para quitárselas de encima, todas las que pudieran aparecer en la Historia con algún rol importante, directamente fueron desprestigiadas poniéndolas al nivel de hechiceras, brujas, o sencillamente prostitutas).
Por supuesto, siempre se ha silenciado todo lo que no le ha interesado al poder establecido. Y si alguien se salía de la norma, se le consideraba un hereje y punto. Bueno, y punto no, porque era perseguido, torturado, ex-comulgado y se le arrojaba a la hoguera directamente. Sí, señor. Así es como se hacen las cosas... Como decían ellos: "por la gracia de Dios" o "como Dios manda"...
Sí, es muy fácil decir que Dios nos quiere a todos por igual y que todos somos iguales ante Él, (en teoría). Pero después, en la práctica y con cosas como éstas, nos quieren hacer creer que las mujeres somos ciudadanas de segunda y no somos iguales que los hombres; que tenemos que ser sumisas, callarnos, dejar que sea el hombre el que hable, el que diga, el que piense...
Pues no, no lo entiendo. Porque no, no me cuadra. Y no, no creo que me cuadre nunca.
Así que, ¿qué le vamos a hacer? Yo sigo en mis trece. Sigo pensando que la iglesia nos oculta tantas cosas y ha cometido tantas injusticias y aberraciones a lo largo de los siglos, que no me creo ná de ná de lo que diga. Y si promociona a bombo y platillo un libro como éste, está claro que a mí no me va a convencer.
Sí, gente, sí. Estamos en el siglo XXI, pero algunas mentalidades siguen siendo del siglo XIII.




