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miércoles, 27 de marzo de 2019

Desevolución

Estaba pensando en el instinto asesino que me entra cada vez que salgo del trabajo y tengo que cruzar la calle San Antón a una hora punta.
Y es que, desde que los móviles nos han invadido, es imposible ir por la calle sin llevarte más de un 'restregón'.
Joé, es que la gente no tiene miramientos con nadie, ¿eh? Van a su bola, contestando mensajes, viendo vídeos o vete a saber, y tú tienes que ir sorteando obstáculos como si de una gimkana se tratase.

Y chocas con alguien y encima te mira mal. ¡Coñ*o, tira el móvil! Porque es que van delante de ti haciendo 'eses' como si hubieran bebido, y de pronto, se paran en seco. Y claro, que te los llevas por delante sin poder evitarlo.

En serio. Las ganas que me dan de arrancar de las manos de su dueño uno de esos put*os móviles, estamparlo contra el suelo y salir corriendo son tremendas. Bueno, en realidad me dan ganas de guardárselo en un sitio que no es precisamente el bolsillo, pero eso sería un poco 'heavy', ahí, en mitad de la calle, claro.

Me doy cuenta de que ya no disfrutamos de nada porque siempre tenemos la cara metida en el dichoso móvil. Que es para ver ahora un concierto, donde absolutamente nadie está disfrutando de él porque todo el mundo está intentando hacer una foto o grabar un trocito de una canción, para luego subirla y que la gente sepa que has estado allí.



Y ¿qué queréis que os diga? Será que con los años tolero menos las tonterías y las faltas de respeto de la gente. Porque ésa es otra. Que el otro día estuvo a punto de atropellarme una niñata en bicicleta que iba por la acera más estrecha de tó Graná, y tuve que saltar a la calle para que no me pasase por encima, la jodía petarda. 
Tía, si estás en la acera, ¿por qué no vas a pie y llevas la bicicleta 'de la mano'? 
Y ten mucho cuidaíco cómo la miras, que es una 'biciclista' y a esos hay que saber respetarlos porque son los más vulnerables.
Ya... (Qué hostia te daba, nena...).



Pero vamos, que da igual. Que la otra tarde fui a cruzar un paso de cebra de dos carriles, y el coche del carril más cercano a mí se paró para dejarme pasar. -"Gracias, apañao"-. Pero el que  venía por el otro carril (que iba entretenido CON EL PUTO MÓVIL), cuando me vio, ya se había atravesado delante del paso de cebra y de mí. 
Y es que lo estaba viendo venir y yo me paré en medio de la calle por si acaso. 
Cuchi, ¿pos no me miró encima el tío 'enrabietao' porque tuvo que frenar y todo?
Qué paciencia, coñio.

No sé. Será que cada vez soporto menos a la gente. Porque es que también me he dado cuenta de que ya no me gusta pasar mi tiempo con cualquiera. De hecho, cada vez son menos las personas con las que me gusta pasar el rato. Y que para estar con alguien que no me va a aportar nada, prefiero estar yo sola.

Debe ser verdad también eso de que con los años nos volvemos más selectivos.

Y también debe ser verdad eso de que evolucionamos en técnica y tecnología a pasos agigantados, pero de la misma manera y con los mismos pasos agigantados, desevolucionamos como sociedad en valores y principios.





lunes, 10 de octubre de 2016

A long, long time ago...

Cuando yo tenía 12 o 13 años, nos llegó al colegio en el que yo estudiaba un programa de esos para cartearnos en inglés con gente de otros países. No sé si eso se sigue haciendo porque ahora los chiquillos tienen más posibilidades de pillar la puerta e irse una semana a Londres a aprender el idioma, por ejemplo. Y vamos, que lo de escribir cartas como que está una mijilla obsoleto para ellos, así que...

Pero nosotros acabábamos de empezar a dar inglés (porque por aquel entonces, se incluía la asignatura por primera vez en 6º de EGB), y era una forma de interesarnos en el lenguaje de Chéspir.
Además, que eso de tener un penfriend internacional molaba y mucho. O, al menos, a mí me molaba mucho.



Se trataba de escribirnos cartas en inglés con la criaturica de otro país que nos hubiera tocado. Y si tenías suerte y te contestaba, era todo un acontecimiento.

A mí me tocó una chica alemana de un pueblecito cercano a la frontera con Luxemburgo. Yvonne, que así se llamaba la muchacha, tenía exactamente mi edad y fue la primera en escribir. Ya os digo que fue todo un acontecimiento que me llegara su primera carta. De hecho, el profe de inglés la leyó en voz alta en clase aquel día.

Le contesté y ése fue el comienzo de la historia. Estuvimos años enteros escribiéndonos de todos los temas habidos y por haber: Estudios, aficiones, vacaciones, fotos, cumpleaños, navidades, compañeros de clase, los primeros novios... 
Nos mandábamos hasta regalitos en las cartas, (que podían ser pegatinas, chapas, tarjetas...) y nos contábamos cada movida que pa qué.
Un día, cuando yo ya estaba estudiando la Carrera, en el año 94, ya no me llegó ninguna carta más. Le volví a escribir, pero nada. Y eso, que la cosa se terminó allí.



... Hasta ahora. 

Haciendo limpieza me encontré todas sus cartas en un cajón. No había vuelto a pensar en ella, pero entonces me dio el picotazo y me fui al "feisbu" del tirón. Que digo yo que para eso está el "feisbu", ¿no? 
Encontré una chica con su mismo nombre y apellido. No tenía ni idea de si las mujeres alemanas pierden su apellido cuando se casan o qué, pero eso, que encontré el nombre que yo conocía y decidí escribirle un privado. Ahí, a la aventura. A ver qué pasa...

Pues eso, que lo que pasa es que... me ha contestado. Y sí, es la misma muchacha. Y no, no está casada ni tiene niños. Y trabaja en una empresa multinacional. Y hace running habitualmente. Y ha aceptado mi solicitud de amistad. :)

Como ella misma me ha dicho:-"Thanks to modern technology"-.
Pues eso.


viernes, 29 de julio de 2016

La sensación del verano

Si hay un tipo de criaturas que me altera los nervios por siempre jamás, esos son, sin lugar a dudas, los "sin-sangre". Es que no puedo con ellos, vaya.

De esa gente que parece que les falta un hervor (u dos) y que no se mueven así les vaya la vida en ello, porque eso les supone un esfuerzo enorme. ¡Aaaghh! Qué poco me gustan, de verdad. Quizás porque sabes de antemano que nunca podrías contar con ellos pa ná.

A mí me mola la gente que tiene aspiraciones, que sale, que entra, que va, que viene... Que tiene vida, vaya. Y perdonadme, pero pasarse las horas tumbado delante de una pantalla (sea tele, ordenador o móvil) me repatea lo más grande.

Como si no hubiera libros para leer, calles por las que pasear, atardeceres que ver, deporte que hacer, gente con la que hablar... Que tampoco digo que lo hagas todo, porque igual pues no te gusta el deporte, o no te gusta leer, pero ofú, date algo de vidilla, criaturica. Todo no te puede no gustar, digo yo.

No sé, es que lo de estar todo el día encerrado en casa viendo la tele, o en su defecto, mirando la pantallita del pc, me exaspera. Que no digo yo que un rato, pues mira. Pero joé, todo el día o en todos tus ratos de ocio, como que no parece ni medio normal.



Menos mal que han llegado para salvarnos. Sí, sí, algún mente-clara ha tenido un momento de lucidez y ha pensado en todo.
Efectivamente. El verano de 2016 será recordado por eso. Y es que resulta que para que la gente salga a la calle y haga una mijilla de deporte andando de un lado para otro, se han inventado no sé qué juego para el móvil, donde tienes que cazar no sé qué bicho por las calles de tu poblado.

Mira tú qué bien. Las cabezas pensantes, que se dedican a eso, a pensar.

Y ea, que ahora la gente ha salido a la calle. Ouh, yeah. Por la razón que sea, pero han salido. Pero claro, lo han hecho con la cara pegada a la pantallita del móvil. Vamos, igualito que antes pero con una motivación nueva. :)

Y vosotros me diréis:-"¿Y no era eso lo que tú querías?"-.  Y yo os diré:-"Bueeeeeno. Vale, es que es verdad: No estoy conforme con ná"-.

Señoras, señores, la sensación del verano ya no es una canción pachanguera, no. 
Este 2016 tendrá su momento de gloria para siempre en la historia y será recordado como el verano donde la gente salió a la caza de bichitos adorables.


Venga, no me digáis que no es adorable :)

lunes, 9 de mayo de 2011

Yendo a la antepenúltima siempre...

Pues la verdad es que no suelo ir yo mucho a la última. Vamos, que me da igual por dónde vayan los tiros, porque normalmente yo siempre voy a mi bola.
Y lo noto, por ejemplo, en la risa que les da a mis alumnillos cuando saco mi móvil y lo ven. Evidentemente, el de ellos suele ser el último modelo que han sacado al mercado. En cambio el mío creo que es de los noventa, chispa más o menos. También es verdad que sólo he tenido dos en mi vida, así que...

Yo, como los de Lepe, que se me jodió la batería del anterior, y me compré un móvil nuevo directamente. Claro que me salía más a cuenta conseguirme un móvil nuevo que comprarme una batería nueva, ¿no? Hasta ahí llegamos tós...
Pues eso, que mi móvil anterior era un ladrillo, y el de ahora no llega a tanto. Es sólo un pseudo-ladrillo. Y la cuestión es que ni tiene pantalla táctil, ni tiene mp3, ni blutú de esos, ni cámara de fotos de tropecientos mil megapíxeles, ni la madre que lo parió. No, porque para mandar sms o recibir llamadas, me basta y me sobra con lo básico. Eso no lo entienden mis alumnos, claro.
Y además, como no me gasto ni 5 euros al mes con él, (ni al trimestre, si me apuráis), tampoco es que me salga muy caro. Esto tampoco lo entienden los muy petardos.

Pero mira, es un nokia, eso sí, que era el que yo quería. Y tiene la pantalla en color. Y además, aguanta bastante bien. Sí, porque esta mañana se ha pegado un porretazo del copón, y sigue vivo. Vamos, que se ha tirado de la mesa, (no sé qué picotazo le habrá dado al móvil para hacer eso) y la batería ha intentado suicidarse saliendo dispará contra la pared. No os imagináis el golpazo que se ha dado. Y ná, la he vuelto a poner, he cerrado la carcasa, y eso, que sigue funcionando como siempre...

No me pasará como a un amigo que tengo, que vino el hombre tó feliz a enseñarme su iphone cuando se lo compró, tan orgulloso de la compra que había hecho. Y yo:-"¿Y pa qué quieres un cacho de trasto de esos, si luego no te avisa de mi cumpleaños, por ejemplo?"-. Ahí, la Lou, apuñalando por la espalda... Es que me llamó un mes y medio después de mi cumple. Y cuando tenía su móvil viejo, la agenda sí le avisaba siempre del día que me tenía que llamar. Pero eso, las nuevas tecnologías, que te hacen la vida más fácil (¡ja!) pudieron con él.

Pues ayer hablé con él y estaba cabreado. Había vuelto a su ladrillo de toda la vida, porque el iphone se le había roto y lo llevó a la tienda para que lo arreglaran. Y por lo visto, se lo dejaron peor.
Y yo, como siempre, metiendo el dedo en la llaga:-"Mira que te lo dije. ¿Te lo dije? Porque yo recuerdo que te lo dije..."-.
Ná, puñetera que es una, ¿qué le hacemos?
:)

jueves, 7 de agosto de 2008

"Ya no puedo estar sin él"...


Creo que la mía fue una de las últimas generaciones que no nacimos con un móvil o un pc debajo del brazo. Nosotros vinimos con nuestro pan, como hasta entonces se había venido, tan inocentes y tan felices. Pero, claro, ahora que nos encontramos inmersos en pleno siglo XXI, en plena era de la información y de la comunicación, hemos tenido que ponernos al día a marchas forzadas. Y es que actualmente, todo, pero absolutamente todo, necesita de un ordenador para funcionar... Lo necesitas para estudiar, para trabajar, incluso, para jugar o para hablar con los amigos... Y si al menos fuera para hablar con gente que está lejos, pues mira. Pero qué va. Solemos hablar a través del dichoso ordenador con la persona que tenemos a nuestro lado. ¿Es o no es triste?

Para las generaciones más recientes de criaturicas, que ya traían su propio ordenador incorporado cuando nacieron (o, al menos, el librillo de instrucciones para aprender a usarlo antes de aprender a hablar), la cosa no ha sido muy complicada. No han tenido que vivir la situación de adaptación que hemos tenido los demás. Se han encontrado el mundo así. Y es así, tal y como ellos lo conocen. Y ya no lo conciben de otra manera. No sabrían qué hacer sin ordenador, sin móvil, sin mp3, sin PDA, sin blackberry (o era blue, la dichosa berry...? No sé, con estas cosas ya me pierdo).

Eso sí, nunca sabrán lo que es buscar información para hacer un trabajo pasando las hojas de una enciclopedia. Digo, por favor, con lo fácil que es poner la palabra en la barra del buscador... Anda, anda... Menuda pérdida de tiempo lo de leer un libro... Y en realidad, siempre se trata de eso: De no perder nunca más tiempo del necesario. Pero de no perderlo en cosas importantes, porque en tonterías, nos pasamos las horas muertas... Si es que no puede ser, hombre ya...

Y nunca aprenderán a escribir una frase decente, con sus tildes y sus cosas, porque en los sms no hacen falta... Es que ni siquiera hacen falta las vocales, o sea que... Sólo es necesaria la "k", que se utiliza en casi todo lo que se escribe. "k" por aquí, "k" por allí... "k ya sabs k t kiero"... Por lo menos, la gente no ha dejado de ser cariñosa, ¿no?

Y es que, lo del móvil es otra historia. Bueno, ¿qué digo? Es la misma historia. La misma historia de dependencia. Ni se te ocurra salir a la calle sin él, no vaya a ser que alguien te llame. Y no vayas a bajar a por el pan sin llevar el móvil en el bolsillo, ¿eh? Por favor, ¿y si recibes una llamada importantísima en esos dos minutos? Y es que, si te das cuenta de que no lo llevas encima porque se te ha olvidado encima de la mesa, el estado de estrés y de ansiedad que vives hasta que vuelves a por él, no se puede describir.
Desde luego, hay gente que debería llevarlo incrustado en un oído. Conozco a más de uno que debería, sí...

Y cuando alguno de estos aparatitos se rompen (porque no todo dura eternamente) y lo tienes que llevar para que lo arreglen, tu vida se para y deja de ser lo que era... Aunque sólo sea un día, vamos. -"¿Qué hago yo ahora? Ay, Dios mío. Que estoy sin msn... ¿Y si alguien quiere decirme algo importante?"-. Y tienes la necesidad imperiosa de conectarte donde sea, aunque el ordenador no sea tuyo. Ná, simplemente para comprobar que nadie se acuerda de ti, porque no tienes ni un dichoso correo en la bandeja de entrada y no hay nadie conectado... A mí me pasa... Y eso que yo no hace ni dos años que tengo ordenador, y sólo cinco que tengo móvil (porque cuando hice la Primera Comunión, no se estilaba que te regalasen un teléfono de última generación ni nada parecido).
Pero a pesar de todo, ya forman parte de mi vida, como si siempre los hubiese tenido... ¿Qué esperabas? Se acostumbra una muy pronto a las cosas. Y es que, hay que reconocer, que enciendes el ordenador y se te abre el mundo entero en la pantalla. Nunca será igual que conocerlo saliendo a él, evidentemente, pero a veces, puede valer...

Frasecilla célebre del día: "No es que no entendamos a los ordenadores. Son ellos los que no nos entienden a nosotros". (CH. G)