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martes, 30 de noviembre de 2010

¿Famoso?

A ver, pregunta... ¿Alguno de vosotros tiene un culo famoso? ¿Sí...? ¿No...?
Ná
, si es sólo por curiosidad. Porque da la casualidad de que el mío sí que lo es... ¡Mía tú qué pava! ¡Y yo sin enterarme! Hay que ver qué cosas más raras, ¿eh?
Amos a ver, que os lo voy a contar...

Resulta que hace mil años que no me compro un chándal, de esos de dos piezas. Desde que teníamos educación física en el instituto creo que no me compro ninguno. Y salir a la calle con uno, si no voy a hacer algo de deporte, ni de coña. Vamos, que ante todo, una mijilla de glamour, que una ya tiene una edad...
Lo que me compro ahora son las sudaderas por un lado y los pantalones o las mallas por otro. Chándal ya os digo yo que no recuerdo ni el último que tuve, porque es que además, siempre pasaba lo mismo: Se rompían los pantalones antes que las chaquetas, y para eso, pues mira, lo que estaba diciendo, pantalones por un lado y sudaderas por otro.
Y es así, en plan cómodo, como suelo estar en mi casa.

Bueno, pues resulta que a finales del invierno pasado, cuando ya no me hacían falta, me compré unos pantalones de chándal, mú suavicos y mú forrados de felpa por dentro. Me compré sólo los pantalones, porque sudaderas tengo por un tubo. Pensé que me harían un buen uso para soportar los envites de los inviernos venideros... Que por estas latitudes, supongo que os imagináis la mala leche que tienen.

Vale, pues el otro día saqué el pantalón del armario y me lo puse después de ducharme. ¡Qué calenticos y qué cómodos son! ¡Y qué pereza da quitárselos después!
Sí, porque tuve que salir de casa un momento, y aunque siempre me cuelo unos vaqueros cuando tengo que hacerlo, decidí que tampoco pasaría nada por ir en chándal al súpermercado. Además, que los vaqueros están mú fríos los cabrones.
¡Ja! ¿Quién me mandaría a mí...?

Antes de llegar al súper, están arreglando una calle, y claro, algún albañil con ganas de guasa te encuentras. Pero yo sólo oí:-"Ven acá, que sólo quiero que me firme un autógrafo, anda"-.
Ni siquiera sabía que se refería a mí. Oí como los otros albañiles que estaban allí se echaban a reír. Y el hombre volvió a intentar llamarme la atención:-"¡Morena! ¿En serio que es famoso? ¿Me dejas que me haga una foto con él?"-. Y ya los miré... Y sí, coño, ellos también me estaban mirando con la sonrisilla picarona. Y yo pensando:-"Ah, pues sí, es a mí"-.
Puse cara de no entender y pasé de largo. De vuelta a mi casa, me fui por otro camino. No me apetecía volver a pasar por delante de ellos y que siguieran con el cachondeo.
Hay ratos que hasta una sabe que es mejor que no se te cruce nadie. Ni siquiera un albañil graciosillo, con su cuadrilla de graciosillos alrededor.

Volví a mi casa y me fui a un espejo. ¡Porras! ¡Que sí! ¡Que es famoso!
No me acordaba yo de ese reclamo (por llamarlo de alguna manera) cuando los compré. ¿Y cómo es que no lo vi cuando los saqué del armario el otro día, coñio?

¡Cagontó!
Evidentemente, cuando llegó mi madre le tuve que decir que me hiciera una foto. -"Mami, esto hay que contarlo, que seguro que no todo el mundo tiene un culo famoso. Vamos, la Jennifer López y para de contar..."-.
Pero vaya, que no vuelvo a salir a la calle con esos pantalones si yo puedo evitarlo. ¡Vamos, hombre! ¡Hasta ahí podíamos llegar!
Eso sí, luego no pude evitar pensar también:-"¡Joé! Los albañiles estos sabían hasta inglés... Digo, digo, ¡la preparación! Seguro que para hacerse entender con las extranjeras que pasen por delante de la obra, claro... ¡Ande hemos llegao, desde que 'semos' europeos, oyes!"-...
:)