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sábado, 4 de agosto de 2018

No hay manera

Cuando alguien te da a conocer una canción de un cantante que tú ni por asomo habrías escuchado, y luego resulta que no puedes dejar de escucharla...

sábado, 14 de diciembre de 2013

En buena compañía

Y es que he llegado a la conclusión de que poco importa dónde, porque la cuestión es que lo que realmente importa siempre es con quién.

Lo digo porque este año no hemos tenido nuestra tradicional comida prenavideña en el restaurante que tanto nos gusta y al que siempre vamos. Y sí, también en el que ya nos conocen. Y es que somos tan folloneras que sí, que ya nos conocen. :)

Pero eso, que no. Que este año no hemos podido ir allí. Por causas ajenas a nuestra voluntad, hemos estado simplemente tapeando un rato en un bar.



Y claro, he podido comprobar que a pesar de tó no han faltado ni las sonrisas ni las risas. Ni las canciones ni las fotos. Ni los detalles ni los puntazos. Ni los recuerdos ni las confesiones. Ni por supuesto, el momento de hacer un traje nuevo a quien se lo merece. Porque sí, porque alguno/a hay. 

Vamos, que sí. Que está claro que da exactamente igual dónde celebremos un encuentro, porque lo que de verdad vale la pena siempre será la compañía. La buena compañía...



sábado, 17 de diciembre de 2011

Ex-compis de curro, puede. Ex-amigos, nunca...

Podría contar que anoche estuve de cena y me lo pasé genial.
O podría decir también que nos dieron las 5 de la mañana por el centro de Granada, que parecía una feria, con la cantidad de gente que había por las calles.
También podría decir que hacía muchísimo tiempo que no terminaba bailando el chunda-chunda en un pub, casi a puntito de hacerse de día...

Pero no. No es eso... Lo único que yo quería decir es que hace un año y medio que me echaron de la empresa en la que llevaba trabajando más de siete años, lo conté, ¿os acordáis? Pues eso, que resulta que a pesar de todo el tiempo que llevo sin estar allí, los compañeros (ex-compañeros) todavía se acuerdan de mí y cuentan conmigo para las cosas.

Sí, porque por ejemplo, me consiguen calendarios de los que imprime la empresa para sus clientes, y que el resto del mundo se los rifa; me guardan un décimo del número de la lotería de navidad que llevan todos los trabajadores; me montan un pollo con la bocina cuando me cruzo con algún camión por la carretera, simplemente para saludar; me siguen contando las historias y las movidas que ocurren allí dentro, día sí día también
...
Vamos, vamos, que a ratos pienso que es como si no me hubiera ido nunca de allí, pero con la ventaja de no tener que aguantar a ningún petardo de los que pululan por las instalaciones. Que los hay, y muchos, además.

Pues bueno, la cuestión es que este año los jefes les dijeron que, con el tema de la crisis y eso, no había presupuesto para hacer la típica comida de navidad que hacen todos los años. Así que, a las niñas de la ofis y sin plantearse más nada, se les ocurrió organizar una cena secreta sólo para los más allegados que trabajan allí. Al final, nada más que 10 personas. Pero así, sin contar con jefes ni encargados ni ná ni ná.

Y eso, pues que yo fui una de esas diez personas. Se acordaron de mí y me llamaron para que me fuese con ellos yo también, aunque yo ya no forme parte del elenco de currantes de esa santa casa. Y por supuesto, con ese detalle, me llegaron al alma. Como no puede ser de otra manera, claro.

Fue la Wiza la que me dijo hace un par de días:-"No viene ningún indeseable, así que no tienes de qué preocuparte"-.
Y bueno, aunque yo ya no me preocupo, porque estoy convencida de que tampoco tengo nada de lo que arrepentirme, sí que es verdad que hay gente a la que realmente no me apetece volver a ver gratuitamente. Y menos, de fiesta, de farra, de marcha, de jarana, o de despiporre total.
La Wiza siguió diciéndome:-"Sí que viene tu sustituta del lab, que tiene ya ganas de conocerte y de ponerle cara a tu nombre"-.

Ahí, di que sí, buen rollito... Y sí, porque bueno, ella había oído hablar de mí, pero evidentemente, yo también había oído hablar de ella. Lo que pasa que hasta que no conoces a la persona en cuestión, da un poco igual lo que te digan. Eres tú quien tienes que confirmar cómo es o deja de ser...
Y eso, que la chiquilla es un encanto. No dejamos de reírnos en todo el rato poniendo las cosas en común. Claro, es lo que tiene saber de qué va la historia y que yo también la haya vivido en mis carnes.

El caso es que lo pasamos muy rebien. Y aunque yo no haya dormido casi nada, me he dado cuenta de que sigo teniendo edad para estos trotes. ¡¡¡Yujuuuu!!! Es que no estoy resacosa ni ná, oye.
Debe ser el tazón de cola-cao que me ha preparado la Wiza esta mañana en su casa. Yo creo que me ha puesto las pilas para el resto de mi vida o algo, vaya.
:)

viernes, 18 de diciembre de 2009

Pasados por agua

Pues el día de lluvia pa nosotros se queda. Que una intenta ir una miaja mona a su comida de empresa, pero ya la lluvia se encarga de ponérselo bastante dificilillo. Menudo pelo erizao que tenía todo el mundo hoy. Y la ropa chorreando... Y los piececillos empapaos... Y es que si sólo hubiese sido eso...

Porque el día en sí ha sido un completo desastre. Que ya dije una vez que cuando el día va de leches, hasta las hormigas se ordeñan, ¿no?... ¡Pos eso! Que cuanto menos tiempo tienes, más problemas surgen. Que cuanto más pronto necesitas acabar, más tarde se te hace... Vamos, que seguro que os suena...

Y ya, para colmo de males, la inspectora de sanidad. Que la mujer viene de vez en cuando a darse una vuelta por la empresa para comprobar que los planes de higiene y la trazabilidad se cumplen. Pues no ha tenido otro día para aparecer por allí ná más que hoy. Y así, sin avisar ni nada.
Que mi compañera la Wiza, que es la que lleva el tema de sanidad, se pone atacá de los nervios, el angelico, cuando la ve aparecer.

Y claro, mientras la inspectora ha dado su vuelta de rigor por la empresa viendo las instalaciones, ha escrito el informe de incidencias, y se ha ido o no, pues nos han dado las uvas en el lab.

Y como no ha dejado de diluviar en todo el día, el atasco de coches por la carretera era monumental. Vaya, que nosotras hemos llegado tarde al restaurante donde era la comida. Una hora y pico tarde... ¡Casi ná!
Ya estaban todos los demás allí, sentados a la mesa, con mis jefes de anfitriones. De hecho, nada más entrar al local, sin saber en qué sala estaban y sin necesidad de subir al comedor, se lo he dicho a ella:-"Nena, no tienen pérdida. Sigue el vozarrón de tu jefe, que se le oye por ahí arriba"-.
Y claro, al verlos a todos ya sentados, salto:-"Anda que nos esperáis, ¿eh? ¡Qué mala gente!"-. Si es que no me callo ni debajo del agua, joé...
Pero sí que nos estaban esperando, porque aún no habían pedido la comida, y mi jefe tenía el móvil en la mano porque nos estaba llamando en ese momento. Vamos, que encima me han montado un pollo por chincharles más de la cuenta...
-"Vaaaaale, no os pongáis así, que lo he dicho en broooooma"-.

Lo cierto es que no ha estado mal el rato allí. Por lo menos, para intentar olvidar otras cosas. Y además, como es que soy un bicho, les he amenazado con subir las fotos al "feis". Que se han puesto todos más suaves que un guante cuando se lo he dicho, vamos.

¿Lo peor de la comida? Pues que después hay que volver a la empresa a seguir trabajando. Bueno, a hacer como que seguimos trabajando, que tampoco nos vamos a agobiar, ¿no? Pero, claro, como los jefes son los primeros que se levantan para volver, ¿qué vamos a hacer las demás criaturicas? Pos remolonear un rato y volver también... ¡Qué remedio!

Bueno, y aquí, la mejor foto de toda la comida. Un compañero, al que la cámara de fotos le ha complicado la vida más de la cuenta, por lo visto. O quizás, que para él era toda una novedad ver agua en una copa...
¡Uy, qué mala soy!
:)

sábado, 20 de diciembre de 2008

La Comida de Empresa

Pues sí, ayer fue la comida de empresa. Uno de esos compromisos ineludibles que mencionaba el otro día y que tenemos que intentar superar sin muchos agobios y sin muchos problemas.
A ver, que salir del trabajo y hacer algo fuera de la rutina, aunque sea con los compañeros del curro, siempre debería ser motivo de alegría, ¿no? Pero tb es verdad que, a ratos, desearíamos que ese día no llegara nunca. O que ya hubiera pasado...
Pues eso: Que hoy ya ha pasado.

Lo cierto es que no estuvo mal.
Es el día en el que podemos darnos cuenta de que hasta los jefes son personas. Que hablan, que se ríen y que se lo pasan bien... -"Anda, si comen y todo. Si son humanos, y no de mármol como pudiera parecer..."-.
Y que conste que yo con mi jefe no me llevo mal. Total, para el rato que estoy allí dentro en el trabajo, no lo voy a tener de enemigo, ¿no?
Además, como mi forma de ser raya los límites del descaro, en mitad del lab puedo cogerle por los hombros y soltarle:-"¿Qué pasa, Antonio? Que me han dicho que estás un poco jodiíllo..."-. Cosa que es cierta, porque el hombre estuvo la semana pasada ingresado una noche en urgencias, con una úlcera diodenar.
Y después de que él me lo haya contado, le digo:-"Y seguimos fumando, ¿no? Hay que ver..."-. Cuanto menos, sirve para que le toque una miaja la moral...

Será que siempre he tenido muy poca vergüenza. O será que siempre he dicho lo que he pensado, sin pulir ni una sola de las palabras... Lo suelto tal y como me viene a la cabeza. Me pasaba en el instituto, me pasaba en la facultad, y me pasa ahora en el curro tb.
Será que ya saben cómo soy y no se irritan. Aunque, bueno, el hermano menor de mi jefe, que por lazo consanguíneo es mi jefe tb, dice que tengo mucho morro... ¡Pos mira, sí!

Total, que ayer era el día elegido y nos fuimos a comer.
Reservaron mesa en un sitio genial. Sí, porque por los ventanales del torreón donde nosotros estábamos, en el segundo piso del restaurante, se podía disfrutar de toda la Vega de Granada por un lado y de Sierra Nevada repleta de nieve por otro. Vamos, unas vistas inmejorables. Y unos platos inmejorables tb. Que sí, que sí, que estuvimos en la gloria, nunca mejor dicho.

El camarero, que ya se dio cuenta de mi descaro nada más llegar yo (¿por qué sería?), me presentaba a mí cada uno de los platos, diciendo en voz alta lo que traía cada vez, al tiempo que lo soltaba en la mesa, delante de mí:-"Solomillo relleno de frutas de otoño y patata con queso gratinado"-, o -"Gazpacho de buey y queso parmesano"-, o -"Mousse de yogur con frutas rojas"-. Y ya que el hombre se tomaba la molestia de presentármelos personalmente, pues yo decía en voz alta y muy solemnemente, obligando a que todo el comedor me escuchase:-"Encantada (de conocerte)"-.

No estuvo mal, es cierto. Pero ya llega un momento en el que la cosa empieza a degenerar a unos niveles alarmantes, claro. Además, que yo tampoco tengo confianza con todos los compañeros. A alguno lo conocí ayer incluso, o sea que...
Eso sí, teniendo en cuenta que trabajo en una empresa tremendamente masculina, donde hay casi 50 empleados, y donde sólo 6 somos mujeres (las niñas de la ofi y las niñas del lab), el tono machista de los comentarios es evidente. Y de los chistes, para qué hablar.
Aunque, si bien es cierto que a la comida sólo vamos 20 personas, porque el resto de trabajadores de la empresa no pueden (o no quieren o no los invitan), no dejamos de estar en minoría.

Yo, que siempre hago la guerra por mi cuenta, tuve la genial idea de hacer eso, la cuenta:-"Wiza, tocamos a tres tíos y pico por cada una de nosotras. Pero empieza eligiendo tú, que a mí me da la risa"-.
Y es que era deprimente empezar mirando la mesa por un extremo y llegar al otro, pensando:-"Ay, Dios mío, si es que no se salva ni uno"-.

En fin... Pues la gente empezó a moverse a las cinco y media. Sí, porque no lo he dicho, pero después de la comida, hay que volver al trabajo. Con lo a gustito que estaríamos allí hasta que nos diera la gana, o buscando un sitio diferente para seguir un rato más de juerga, con las copas y los bailes... Pero no.
Y eso de volver, tras una comida tan abundante y alguna que otra copilla para bajarla, cuesta un mundo hacerlo. Más que ná, porque hay quien vuelve tambaleándose más de la cuenta.

Yo no tendría que volver, porque mi jornada acaba a las tres, pero lo hago tb y terminamos las cosas que se han quedado sin acabar al mediodía. No es cuestión de dejarlo todo empantanao y por medio, claro.
Y ya de paso, pues recojo mi cesta de Navidad tb, no vaya a ser que alguien se lleve dos. :)

A decir verdad, no me puedo quejar mucho, que nosotros hemos tenido comida y cesta de navidad. Que seguro que no todo el mundo puede decir lo mismo, ¿eh?

sábado, 13 de diciembre de 2008

Y la vida sigue...

No me apetece mucho escribir últimamente, la verdad. Es que no tengo ganas, vaya. Como si estuviera muy muy cansada...
Pero como la vida sigue y es cierto que no se para, ni por mí ni por nadie, pues hoy me he ido a comer con los amigos de una amiga. Sí, la típica comida navideña entre amigos.

Soy yo muy dada al famoso lema de "los amigos de mis amigos son mis amigos". Y más, si la gente con la que me encuentro es gente sana, sin complejos, y vale tanto la pena. Porque quizás yo no los conozca, pero enseguida entablo conversación. Claro que tb es cierto que no tengo ni pizca de vergüenza y no me cuesta ningún trabajo hablar con todo el mundo, así que supongo que es más fácil.

Sí es cierto que al principio me he tenido que mosquear, porque la que se supone que era mi amiga en cuestión (!) me ha tenido media hora esperando en La Caleta, con un frío del copón.
Que digo yo, que me podía haber avisado, y me hubiera ido a dar una vuelta por ahí para ver si así entraba en calor... Pero no. La "joía" estaba muy ocupada de tiendas...
Definitivamente, la última vez que quedo con ella, hombre ya, que ya está bien con la tontería... A partir de ahora quedaré sólo con sus amigos...

Bueno, pues hemos traspuesto al Zaidín (típico barrio granaíno), donde ya nos esperaban sus amigos. Por supuesto, es que hemos llegado tarde al italiano en el que íbamos a comer, claro, y ya estaban ellos allí.
He tardado como un rato en entrar en calor (angelica yo), y eso que en el local la calefacción amenazaba con derretir los azulejos de la pared. Pero es que hoy ha hecho mucho frío. Eso sí, al empezar a comer, se me ha quitado toda la pena. Sí, porque nos hemos puesto tibios a base de pizzas, lasañas y todo lo que se nos ha ido antojando.
Y allí hemos estado hasta las cinco de la tarde, sin dejar de reír. Eso que no falte, claro.
Tanto, que casi nos echan del restaurante... hoy tb.

Lo cierto es que eso es algo habitual. Vamos "causando sensación" por todos los sitios por donde pasamos. No por nada, simplemente, porque no dejamos de armar escándalo. Un escándalo sano, es verdad, pero escándalo al fin y al cabo. Es que tenemos a todo el mundo pendiente de nuestras conversaciones, de nuestras historias...
Nuestras carcajadas se oyen en todo el salón, y a veces, es evidente la cara que suele poner el camarero de turno cuando nos mira. -"¿Qué pasa, tío? Que estamos muy agusto aquí, y por eso nos reímos..."-.

Nos hemos ido antes de los postres porque a una de las amigas de mi amiga se le ha ocurrido la genial idea de hacer una "chocolatada" esta tarde. Así que hemos ido al "Bar Fútbol", famoso en toda Granada por su chocolate, y por supuesto, por sus churros.

De hecho, al entrar, no he podido evitar recordar que en mi Cena Fin de Carrera de 2002, terminamos en este bar a las siete de la mañana. ¡Cachis en la mar, cómo pasa el tiempo!

Pues nada, que allí, tanto de lo mismo, con los "puntos" y las historias. Y sobretodo, sin dejar de reír. Y es que hay gente a la que le encanta mojar el churro en el chocolate de los demás. Y eso, cuando no eres invitado a hacerlo, puede ser una ofensa muy grave.
Sí, tb nos iban a echar de este local cuando a todos nos ha dado la paranoya.

Siempre he dicho que la risa es la mejor medicina y el sentido del humor el mejor traje que se puede vestir cuando salimos al mundo (menos cuando me hacen esperar media hora con la que estaba cayendo, porque entonces me paso el sentido del humor por el forro, claro).
De todas formas y a pesar de todo, hoy lo he vuelto a comprobar. Me encanta la gente así, sana y sin mayores complicaciones. Cariñosa, simpática y siempre de buen rollo.

Y teniendo en cuenta que todos eran abogados menos yo, que soy de ciencias, pues me hubiera podido plantear que igual no íbamos a conectar tan bien o que podríamos no tener nada de qué hablar... Pero, qué va...
Debe ser que la risa es un idioma universal, seas de letras o seas de ciencias, ¿no?
Es una terapia para el alma...
Es un contagio para el corazón...

Con dolor de barriga que he terminado yo. Y con eso lo digo todo...

Frasecilla célebre del día: "La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano" (Víctor Hugo).