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miércoles, 27 de marzo de 2019

Desevolución

Estaba pensando en el instinto asesino que me entra cada vez que salgo del trabajo y tengo que cruzar la calle San Antón a una hora punta.
Y es que, desde que los móviles nos han invadido, es imposible ir por la calle sin llevarte más de un 'restregón'.
Joé, es que la gente no tiene miramientos con nadie, ¿eh? Van a su bola, contestando mensajes, viendo vídeos o vete a saber, y tú tienes que ir sorteando obstáculos como si de una gimkana se tratase.

Y chocas con alguien y encima te mira mal. ¡Coñ*o, tira el móvil! Porque es que van delante de ti haciendo 'eses' como si hubieran bebido, y de pronto, se paran en seco. Y claro, que te los llevas por delante sin poder evitarlo.

En serio. Las ganas que me dan de arrancar de las manos de su dueño uno de esos put*os móviles, estamparlo contra el suelo y salir corriendo son tremendas. Bueno, en realidad me dan ganas de guardárselo en un sitio que no es precisamente el bolsillo, pero eso sería un poco 'heavy', ahí, en mitad de la calle, claro.

Me doy cuenta de que ya no disfrutamos de nada porque siempre tenemos la cara metida en el dichoso móvil. Que es para ver ahora un concierto, donde absolutamente nadie está disfrutando de él porque todo el mundo está intentando hacer una foto o grabar un trocito de una canción, para luego subirla y que la gente sepa que has estado allí.



Y ¿qué queréis que os diga? Será que con los años tolero menos las tonterías y las faltas de respeto de la gente. Porque ésa es otra. Que el otro día estuvo a punto de atropellarme una niñata en bicicleta que iba por la acera más estrecha de tó Graná, y tuve que saltar a la calle para que no me pasase por encima, la jodía petarda. 
Tía, si estás en la acera, ¿por qué no vas a pie y llevas la bicicleta 'de la mano'? 
Y ten mucho cuidaíco cómo la miras, que es una 'biciclista' y a esos hay que saber respetarlos porque son los más vulnerables.
Ya... (Qué hostia te daba, nena...).



Pero vamos, que da igual. Que la otra tarde fui a cruzar un paso de cebra de dos carriles, y el coche del carril más cercano a mí se paró para dejarme pasar. -"Gracias, apañao"-. Pero el que  venía por el otro carril (que iba entretenido CON EL PUTO MÓVIL), cuando me vio, ya se había atravesado delante del paso de cebra y de mí. 
Y es que lo estaba viendo venir y yo me paré en medio de la calle por si acaso. 
Cuchi, ¿pos no me miró encima el tío 'enrabietao' porque tuvo que frenar y todo?
Qué paciencia, coñio.

No sé. Será que cada vez soporto menos a la gente. Porque es que también me he dado cuenta de que ya no me gusta pasar mi tiempo con cualquiera. De hecho, cada vez son menos las personas con las que me gusta pasar el rato. Y que para estar con alguien que no me va a aportar nada, prefiero estar yo sola.

Debe ser verdad también eso de que con los años nos volvemos más selectivos.

Y también debe ser verdad eso de que evolucionamos en técnica y tecnología a pasos agigantados, pero de la misma manera y con los mismos pasos agigantados, desevolucionamos como sociedad en valores y principios.





lunes, 12 de junio de 2017

Cuando te hinchan la vena

Me pregunto por qué hay profesores malafollás que les dicen a sus alumnos que no van a aprobar su asignatura ni en un millón de años. O que les dicen que nunca van a llegar a nada en la vida. Que minan su confianza y que les hacen sentirse unos inútiles, y que nada vale la pena.

Será que hay profesores muy subiditos que no tienen otra manera de conseguir que los chiquillos aprueben. Digo yo. O será que están hasta las narices de su profesión y dejan salir la frustración a raudales y de esa manera tan ruin y tan cruel.

No sé. Yo sólo sé que demasiadas veces he tenido clase con una de mis criaturas, de 16 ó 17 años, que se ha echado a llorar delante de mí porque su profe le ha suspendido un examen en junio y le ha dicho (antes de la recuperación, dicho sea de paso), que no le va a aprobar la asignatura. 

Y yo, que he visto a esa criaturica esforzándose durante todo el curso, estudiando, haciendo ejercicios, poniendo todo el interés del mundo, y aprobando sus exámenes parciales, me pregunto cómo se le puede decir una cosa así porque haya suspendido el examen global. Está claro que para animarle, desde luego, no. 

Es que me indigno, coñio.

Te dan ganas de ir a ostiar al profesorzucho de turno y decirle:-"¿Eres tonto o bailas con la música del telediario? Tú no eres profe ni eres ná. Bueno, un truño es lo que eres"-. 
Porque sí, porque yo me paso el curso entero diciéndoles a los críos que el esfuerzo siempre vale la pena. Que lo van a conseguir mientras sigan ahí, intentándolo a muerte. Que pueden hacer cualquier cosa que se propongan. Que no se rindan, que yo sé que pueden... Vamos, lo que viene siendo el efecto Pigmalión bien entendido.

Y me mata que un/una imbécil eche por tierra todo eso que yo les digo, soltándoles una lapidaria frase que no hace nada más que hundirlos cuando más falta hace que los animen. 

No lo entiendo. No lo entenderé nunca y me revienta el higadillo tener que verlo tantas veces.

Está claro que el Señor Miyagi tenía razón.


lunes, 29 de mayo de 2017

Os cuento la última...

San Antón es una calle emblemática de Graná, llena de bares, de tiendas y de vida a todas horas... 
Sube desde el río Genil hasta la calle Recogidas, que por cierto, es otra de las más emblemáticas de la ciudad.


En la calle San Antón hay un hotel que ya está cerrado, y que fue el lugar que elegimos para celebrar nuestra Cena Fin de Carrera cuando acabamos. Han pasado ya unos cuantos años, sí.


Y en la calle San Antón lo mismo te encuentras a Lucas Alcaraz entrando a comprar chuches a unos chinos, como te encuentras a un pajillero muy entretenido a las tres de la tarde, dale que te pego al manubrio. 

Sí, gente sí, hay un pajillero en la ciudad. Por lo que he oído, no es nuevo para la policía porque ésta tiene constancia de su existencia. Pero eso, que yo no lo sabía. Yo me he enterado en el último mes, que lo he visto ocho o diez veces. Siempre en el mismo sitio, siempre a las mismas horas. Es lo que tiene que yo tenga que pasar por esa calle todos los días.

Se pone en una galería de las que atraviesan San Antón a Acera del Darro o en el portal de algún piso, con un jersey de cuello alto tapándole la boca y unas gafas de sol tapándole los ojos. Se saca la "cosita" y allí está, esperando a que pase la gente y le mire escandalizá, para que él pueda darse un homenaje.

Cuando yo paso, lo hago olímpicamente. Quiero decir que no le miro. Que sé que está ahí, pero eso, que no le doy el gustillo de mirarle. El tío lo intenta. Hace ruido con una bolsa o carraspea, buscando que le mire. Pero eso, que no.
Me planteo que a esas horas salen los críos del colegio de más abajo, y pasan por allí para volver a sus casas. Se ve que al tío asqueroso eso le da igual.

La semana pasada me pilló con el día cabreao. Fue la última vez que le he visto, también es verdad. Así que, algo es algo. 
Sí, porque cuando pasé por la calle, allí estaba el tío en la acera de enfrente, con su jersey negro de siempre tapándole media cara, y con su pilililla de siempre en la mano. 
No pude evitarlo y le hice el gesto.


No. No le sentó bien. De hecho, salió del portal con tó el pellejillo colgando sin esconderlo ni ná, y se fue por la acera calle abajo para adelantarme y meterse en otra galería a seguir con su tarea. Y ya le tuve que decir:-"Pos a lo mejor llamo a la policía. ¿Te apetece, picha-corta?"-.

No. Se ve que tampoco le apeteció, porque enseguida desapareció de allí. Y eso, que ya no le he visto desde entonces. Igual en un arrebato salvaje, se quedó con la minga en la mano y ya no puede jugar con ella como lo hacía antes. Yo qué sé... Ahora que ya voy con el móvil preparado para hacerle una foto y gritarle:-"¡Te van a conocer en todos los rincones de la tierra, jomío! ¡Hasta tu madre te va a ver en el feisbu y/o/u mi blog!"-...

Desde luego, menuda fauna. Estamos rodeados de descerebrados y de gente tocá de la aceituna, ¿eh? Porque es que, muy normal esto no es. 
O mira, quizás sea la primavera, quién sabe...
:)



lunes, 10 de octubre de 2016

A long, long time ago...

Cuando yo tenía 12 o 13 años, nos llegó al colegio en el que yo estudiaba un programa de esos para cartearnos en inglés con gente de otros países. No sé si eso se sigue haciendo porque ahora los chiquillos tienen más posibilidades de pillar la puerta e irse una semana a Londres a aprender el idioma, por ejemplo. Y vamos, que lo de escribir cartas como que está una mijilla obsoleto para ellos, así que...

Pero nosotros acabábamos de empezar a dar inglés (porque por aquel entonces, se incluía la asignatura por primera vez en 6º de EGB), y era una forma de interesarnos en el lenguaje de Chéspir.
Además, que eso de tener un penfriend internacional molaba y mucho. O, al menos, a mí me molaba mucho.



Se trataba de escribirnos cartas en inglés con la criaturica de otro país que nos hubiera tocado. Y si tenías suerte y te contestaba, era todo un acontecimiento.

A mí me tocó una chica alemana de un pueblecito cercano a la frontera con Luxemburgo. Yvonne, que así se llamaba la muchacha, tenía exactamente mi edad y fue la primera en escribir. Ya os digo que fue todo un acontecimiento que me llegara su primera carta. De hecho, el profe de inglés la leyó en voz alta en clase aquel día.

Le contesté y ése fue el comienzo de la historia. Estuvimos años enteros escribiéndonos de todos los temas habidos y por haber: Estudios, aficiones, vacaciones, fotos, cumpleaños, navidades, compañeros de clase, los primeros novios... 
Nos mandábamos hasta regalitos en las cartas, (que podían ser pegatinas, chapas, tarjetas...) y nos contábamos cada movida que pa qué.
Un día, cuando yo ya estaba estudiando la Carrera, en el año 94, ya no me llegó ninguna carta más. Le volví a escribir, pero nada. Y eso, que la cosa se terminó allí.



... Hasta ahora. 

Haciendo limpieza me encontré todas sus cartas en un cajón. No había vuelto a pensar en ella, pero entonces me dio el picotazo y me fui al "feisbu" del tirón. Que digo yo que para eso está el "feisbu", ¿no? 
Encontré una chica con su mismo nombre y apellido. No tenía ni idea de si las mujeres alemanas pierden su apellido cuando se casan o qué, pero eso, que encontré el nombre que yo conocía y decidí escribirle un privado. Ahí, a la aventura. A ver qué pasa...

Pues eso, que lo que pasa es que... me ha contestado. Y sí, es la misma muchacha. Y no, no está casada ni tiene niños. Y trabaja en una empresa multinacional. Y hace running habitualmente. Y ha aceptado mi solicitud de amistad. :)

Como ella misma me ha dicho:-"Thanks to modern technology"-.
Pues eso.


lunes, 5 de septiembre de 2016

El viejo verde del autobús

No sé si lo sabéis ya, pero por si acaso os lo digo yo, que cuando el día va de leches, hasta las hormigas se ordeñan, ¿no?
Vale, pues sí, eso me pasó el otro día.

Subo a la parada a coger el autobús y allí me entero de que ese día la calle estaba cortada por una avería y no pasaba por sus paradas correspondientes. 
Con el cabreo del siglo, me voy a la primera parada de la ruta y espero al siguiente. Ea, si el que yo iba a coger ya lo había perdido, ¿qué iba a hacer?

Media hora después, llega el siguiente, me subo, elijo un sitio en el que daba la sombra y nos vamos. Vale, dos paradas más adelante, se sube un viejo que llegaba corriendo y asfixiado porque él también se había enterado tarde del cambio de paradas.
Bueno, pues el autobús medio vacío y el tío vino a sentarse a mi lado.
-"Aquí da la sombra, ¿no?"-.
Y yo pensando:-"Y ahí delante también"-. 

Y es que, ¿qué queréis que os diga? Nada más verlo, ya me dio mala impresión. Me mola porque luego pude comprobar que no he perdido el don con la intuición hacia la gente. Así que, aunque el tío quiso iniciar una conversación, no estuve yo muy por la labor aquella mañana.

Total, que se sienta el tío a mi lado y lo primero que me llega es el tufo a sudor revenido. Vamos, no el tufo de un día, no. De esos olores a sudor impregnados en la ropa durante dos, tres, o vete a saber cuántos días.

Me pongo a mirar por la ventanilla, a mi bola, intentando no pensar, y entonces noto que el tío se echa encima. Como si no tuviera suficiente espacio con su asiento y necesitase también del mío. Su brazo, su codo, su hombro... Todo él invadiendo mi espacio vital. Además, que el tío me empujaba con su cuerpo a cada rato, haciendo que yo me tuviera que apoyar en la ventanilla.

Y yo pensando:-"¿A que gomito* y damos el espectáculo?"-.

Y enseguida, su pierna pegada a la mía, y poniendo su mano entre las dos. Vamos, con mucho disimulo, sí, pero muy descarado. 
A punto de cortarle de un hachazo el puto dedo meñique, no os digo más.
Y todo eso sin dejar de echarse encima y empujar con su cuerpo. Y la peste a sudor... Y yo pensando:-"¿Por qué tengo que aguantar al tío asqueroso éste ni un segundo más?"-.

Noté cómo me subía una ira incontrolable por tó el cuerpo, y cuando ya no pude más, me volví hacia él, me quité las gafas de sol y le dije en voz baja, con los dientes apretados y mirándole directamente como para fundirlo:-"¿Quiere usted hacer el favor de no empujarme más y echarse hacia allá?"-.

Pienso que he madurado. Sí, porque en cualquier otro momento de mi vida le habría dado tal bufío que el tío se hubiera puesto encendido y se habría cambiado hasta de asiento. Pero no. Lo hice tan tranquila y tan serena, que sólo conseguí que se quedara quieto y no volviera a moverse más. De hecho, pude comprobar que cabía perfectamente en su asiento. Vamos, que no le hacía falta venirse al mío.

Llegar al final del viaje y que el tío se levantase como impulsado por un resorte para bajarse deprisa sin molestar, y yo respirar a pleno pulmón, fue todo uno.

Y entonces, llegué al lugar de la cita. Yo, que pensaba echar el día, primero desayunando, luego de tapas y por último, de paseo, resultó que no. A mi amiga la habían llamado por teléfono cuando venía a encontrarse conmigo. Se habían llevado a su tía al hospital en una ambulancia porque le había dado un ictus. Así que, sólo pudimos tomarnos un café y ponernos al día un momentillo, porque no nos habíamos visto en todo el verano. Pero claro, ella quería ir al hospital a ver cómo estaba todo. El reencuentro típico de septiembre tuvo que ser mini-reencuentro.

Os puedo decir que la tía de mi amiga está bien, cosa que me alegra un montón, porque yo también conozco a la mujer y es un encanto.

Ah, por cierto, la muchacha me trajo un "chuminir" de sus vacaciones gallegas. 
Ya le hemos puesto nombre: Peregrina Molona. Aunque si le hubiéramos puesto Peregrina Cebada tampoco habríamos ido muy desencaminadas.



Total, que sí, que está claro que es verdad que cuando el día va de leches...
:)

*Gomito: Del verbo gomitar. Dícese del momento escabroso que te hace echar fuera hasta la primera papilla.



sábado, 20 de agosto de 2016

Esos 'marditos roeores'

Pues eso, que la gente sigue ahí, con sus cacerías de pokemones, y el verano transcurre tranquilo y caluroso. Como debe ser un verano, ¿no? Pero ea, que yo he tenido que dedicarme a cazar otra clase de bichos.

Sí, gente, sí. Tengo una plaga de ratones con alas mú feos en casa. Bueno, en realidad, siempre hemos tenido algún bichejo de estos por ahí pululando, porque hacen los nidos en el hueco de las persianas. De hecho, tuvimos que poner mosquiteras en las ventanas porque a veces se colaban dentro de las habitaciones en sus vuelos rasantes. Pero lo de este año es mortal de necesidad.

Estábamos un día en el balcón, y de la ventana del salón que da a la calle, empezaron a salir murciélagos a eso de las nueve y algo de la tarde. Su hora de irse de picos pardos, es verdad.

Vale, pues cuando llegamos a contar ciento cincuenta y tres (153), dijimos:-"Esto va a ser una put*a plaga, ¿no? Tendríamos que hacer algo"-.
Pues eso. Al día siguiente, esperamos a la hora bruja, estuvimos viendo salir pilotos kamikaces un rato, y cuando ya supusimos que no quedaba ninguno en el hueco de la persiana, colocamos un trozo de corcho de esos de embalar.


Arreglo de andar por casa

Vale, pues tres horas después, noche cerrada ya, me volví a asomar al balcón y no sabéis la que había organizada en la ventana.

Claro, después de su primer vuelo sin motor dándose una vuelta por los alrededores, los murciélagos vinieron a descansar un rato a su casa, y se encontraron con la puerta cerrada a cal y canto.
Había una nube oscura revoloteando alrededor. Topetazos contra la persiana, bichos enganchados del corcho, bichos intentando colarse por debajo del corcho...



Y vosotros me diréis:-"Qué mala gente sois, joé. Pobrecicos los animalicos"-. Y yo os daré la razón, pero es que no os imagináis cómo olía de mal la habitación de esta ventana, y la escandalera que se traían con los chillidos cuando estaban todos dentro.

Así que claro, la única opción era echarlos y que se buscasen otro sitio. Lo de eliminarlos para siempre jamás estaba totalmente descartado. Eso lo teníamos claro.

Vale, pues resulta que al día siguiente, a eso de las nueve y algo, entraron en casa cuatro de ellos. Dos revoloteando por los pasillos, uno en el comedor, otro en la cocina...

Y yo:-"¡Má! ¡Que los hijos de su madre vienen a intimidarnos por haberlos echado de su casa! ¿Serán mafiosos?"-.

No. Qué va. Lo que pasó fue que los que pudieron atravesar la barrera de corcho blanco la noche anterior y meterse en su nido por algún agujero, luego no encontraron la salida hacia la calle. Pero eso, que la encontraron hacia dentro del salón y se nos colaron en el piso.

No veas el chou. Abriendo ventanas, abriendo puertas e intentando echarlos hacia la calle... -"¡Veros de aquí, coñ*o!"-.

Sí. Sí. Y se fueron... 
¿Que a dónde? Pues a los huecos de las persianas de las habitaciones de atrás, donde dormimos. ¡Zas, en toda la boca! 
Vamos, que los seguimos teniendo de inquilinos okupas y que a las siete de la mañana cuando quieren volver a casa porque empieza a amanecer, de la escandalera que montan cuando quieren entrar y se estorban los unos a los otros, nos despiertan a todos.

O sea que ya os digo yo que pokemones no habré cazado, pero tampoco me he aburrido mucho. Eso sí, adoptar, no pienso adoptar ninguno.
Así que, gente, la lucha continúa.


Vosotros diréis lo que queráis, pero es feo de cojon*es

sábado, 30 de abril de 2016

Se ve cada cosa...

Pos no voy el otro día andando con mi madre por la calle, después de desayunar en un sitio donde la muchacha nos trata mú rebien e intenta dibujarme (y lo consigue) cosicas en el café...


Se ve la manzana, ¿no? :)

Vale, pues eso. ¿Y no llegamos a la esquina conflictiva del barrio donde, por primera vez y sin que sirva de precedente, había dos policías municipales así como vigilando, y de pronto se oye un porrazo calle arriba?
¿Y no miramos todos hacia allí y vemos una moto en el suelo y una pareja (hombre-mujer, nada de niñato-niñata) haciendo la croqueta también sobre el pavimento?

¿Y no resulta que nos quedamos todos quietos, y los policías con su parsimonia habitual, porque tampoco es que se dieran mucha prisa, echan a andar a cámara lenta hacia ellos y hacia todo el desparrame de trozos de moto, bolsas de la compra y personas varias?

¿Y no nos quedamos todos a cuadros cuando el hombre (ahora ya sí niñato), se levanta corriendo, coge la moto, y se va dejando a la mujer en el suelo, que no podía levantarse?


WTF?!!

Yo, inocente de mí, pensé que el tío iba a quitar la moto de en medio, aparcarla bien y volver. Que aunque la cosa estaba claro que no era grave, pues qué menos que hacer lo que se supone que tienes que hacer, ¿no?
Pero, ¡qué va! El tío aprovechó que los policías tampoco se mataban por llegar deprisa, y se fue del tó. Desapareció, éste sí que sí, a toda velocidad. 

Claro que sí. Ahí, eludiendo a la autoridad competente, y evitando su responsabilidad, su falta de casco obligatorio, y seguramente también, su falta de seguro y papeles de la moto.

Sí, es lo que pasa cuando alguien tiene más miedo que vergüenza.



jueves, 14 de abril de 2016

Otro curso más...

Pues parece que no, pero este curso se está acabando. Sobre todo, para mis chiquillos de 2º de Bachillerato, a los que el tercer trimestre se les pasa supersónico.
Y sí, ya me están contagiando a mí esos nervios del final de curso, de la dichosa selectividad y del no saber qué hacer el año que viene.

La verdad es que este curso no me puedo quejar. Tengo muchos chiquillos y además, muy apañaícos todos. Incluso sus padres, sus hermanos y sus mascotas también lo son. Sí, porque cuando yo entro a una casa para ayudar a un crío con las matemáticas, la química o lo que sea, la familia entera se vuelca con el tema. Ya digo que lo hacen hasta sus perrillos, que en cuanto toco al timbre y entro, son los primeros en recibirme y me hacen unas fiestas que para qué.
-"¿Qué pasa, 'Chispas'? ¿Cómo estamos?"-. Y ahí tengo todos los días a 'Chispas', bailando alrededor de mis pies.

Siempre he pensado que cuando los padres se implican en el tema de los estudios de sus hijos, y se preocupan por todo lo referente a eso, la cosa suele ir mejor. Y está claro que sí, que va.

Además, los de 2º que tengo este año son gente como a mí me gusta: sana, deportista, con actividades extraescolares... Sí, porque el que no juega al fútbol y entrena un par de veces por semana, está en la escuela de música y toca la flauta travesera en la banda, o el clarinete, o va al gimnasio, o todo a la vez, o vete a saber. Tienen tiempo para todo estos chiquillos. Hasta para estudiar y sacar buenas notas.

Al contrario que los de la ESO, que no tienen tiempo para nada, aunque no tengan ninguna actividad fuera del horario de clases.
Es que tengo una petardilla de 14 años que cuando me ve entrar por la puerta, pone su mejor cara de asco, y me suelta:-"¿Pa qué vienes?"-. 



Que yo creo que lo hace para "minar la moral de la tropa", claro. Lo que pasa es que yo ya no me dejo. 
Yo siempre contesto:-"Pues mira, vengo a darte por saco un rato. ¿O qué pensabas? ¿Estar toda la tarde delante del ordenador? Si tu madre me paga sólo y exclusivamente para que yo venga a molestarte tó lo que pueda..."-.
Y la criaja:-"Pos si hoy no tengo ná que hacer. ¿Por qué no te vas a tu casa?"-.
Y yo:-"Sí, claro. Ahora que estoy aquí... Anda, ya verás como encontramos algo que hacer, que siempre hay cosas"-.

Y a regañadientes consigo que demos algo. Pero vaya, tampoco os creáis que vemos mucho, porque se tira tooooooda la clase mirando la hora en el móvil y diciéndome cuánto falta para que me vaya. -"Te faltan quince minutos... Te faltan diez minutos"-.
Además, que si le quitan el teléfono durante esa hora, se la pasa toda entera llorando. Y así es complicao, sí.

Pero vaya, que el día que le dieron las notas del segundo trimestre, el argumento que le dio a la madre fue para enmarcarlo.
-"Mamá, es que deberías estar contenta porque este trimestre sólo me han quedado cinco..."-. ¡CINCO!
Y claro, ya que estaba, aprovechó para pedirle un móvil nuevo, porque sólo le habían quedado cinco.
Hombre, teniendo en cuenta que en el primer trimestre (que yo todavía no la conocía) le quedaron nueve, pues casi que cinco es ná y menos, ¿no?

A ratos, de verdad que alucino con estos críos.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Vota a quien quieras, pero vota

Vale, pues yo ya he votado. 



Sí, a pesar de oír decir a mucha gente de mi alrededor que los votamos somos tontos. Sí, esa gente que se dedica a criticarlo todo sin dar nunca soluciones. Ésa.
Pero ea, que los que intentamos hacer algo yendo a las urnas (aunque luego tengamos la jodida sensación de que no sirva para nada), pues somos tontos, simplemente.

Me revienta esa gente porculera, oyes.

Porque bueno, sí es verdad que yo he tenido un problema emocional al no saber con seguridad ciega a quién iba a votar. Tenía muy claro a quién no, eso sí. Pero la verdad es que me ha costado mucho decidirme.

De lo que sí estaba convencida es de que iba a ir a votar, sí o sí. Es mi derecho y es una obligación moral. Es un deber. Además, qué co*ño, que a mí me gusta ir a votar. 

Que yo entro en la sala, saludo a todos los componentes de la mesa y no me callo ni debajo de agua mientras me llega el turno.
Que cuando cogen mi DNI y leen en voz alta mis apellidos, yo siempre digo riendo:-"¡Cuchi! ¡Son polacos!"-. (Es que más castellanos no pueden ser: Pérez, Martínez, Rodríguez, González, Fernández, García, López... Entre los más comunes están los míos).
Que cuando echo los sobrecitos en las urnas, siempre hay alguno de los vocales que me dice:-"Ah, ¿ya has votado? Pues no me he dado cuenta"-.
Y yo:-"Vale, a ver... He votado con 'v'. ¿Quieres que también vote con 'b'?"-. 
Y sí, también boto con 'b'.

Y es que siempre pienso:-"Vamos a intentar tomárnoslo con paciencia y filosofía, ¿no? Ellos, porque tienen que estar allí todo el día. Yo, porque... soy yo"-.
:)


viernes, 13 de noviembre de 2015

-"¿Tú te crees...?"-

Y la historia de hoy ha sido tal que así...

Me llama por teléfono la madre de una alumnilla mía y me suelta, así, sin anestesia ni ná:
-"Mira, no vengas esta tarde porque mi hija se ha ido de mi casa"-.

Y yo, que por un momento me he quedado a cuadros, porque era lo último que me podía imaginar, no he podido articular una palabra coherente:-"¿Q... Cóm... QUÉ!!!?"-. 
...

Pues eso, que la churumbela, a sus 16 años mú bien llevaos, se ha ido a vivir con un tío. Que sea gitano o no es lo de menos, porque en el fondo, pues ya eso es lo de menos. Pero que él le saque a ella un puñao de años, que ella haya dejado el instituto, y que no se plantee su vida a partir de eso, pues... 
¡Vaya tela!

Y ahí estaba yo, escuchando llorar a la madre mientras me lo contaba:
-"Ya se dará cuenta, pero ¿tú te crees lo que nos ha hecho la niñaca a su padre y a mí?"-.

Pues no, señora, realmente no me lo puedo creer.

Y pienso. Pienso que sí, que es una edad muy mala, pero que no hemos avanzado nada; que las cabezas siguen igual de locas; que a las crías se las engatusa con cualquier cosa y hacen cualquier locura; que no respetan a nadie, que no piensan en nadie, que actúan por impulsos sin pararse a pensar en las consecuencias... 

No sé. Al menos ésa es la impresión que a mí me da. 
Y es muy triste.


viernes, 9 de octubre de 2015

La Tregua

Y justo cuando en la sala sonaba el Nessun dorma de Puccini, lo vi. Quizás (no estoy segura) me llamó.

Allí estaba, en medio de una estantería repleta de libros, apilados sin ningún orden ni concierto. Pero sí, lo vi. Como si hubiese sido un faro enorme en medio de la oscuridad. Como si hubiese sido el fogonazo de un relámpago que, en mitad de la noche, sólo iluminara un pedacito de cielo.

Lo que pasa es que, después de estar buscándolo algo más de un año, al final creo que no fui yo quien lo encontró a él. En realidad, y estoy convencida de ello, fue él el que me encontró a mí.



jueves, 3 de septiembre de 2015

Conversaciones materno-filiales I

Pos ná, que ayer le sentó la comida regular a mi mami y tuvimos una conversación trascendental a media tarde, mientras yo estaba en la cocina y ella en el comedor viendo algo en la tele. Quizás el veterinario al rescate ése, que más que veterinario es un actor de cine. O los gemelos esos que destrozan casas y luego las hacen enteras... No sé, algo de eso estaba viendo ella. O igual era a Juan y Medio al que estaba viendo, yo qué sé.

Bueno, pues eso. Que yo estaba en la cocina, ella en la sala de estar, y la cosa fue exactamente así, sin adornos ni florituras:
Yo, intentando hacerme oír por encima del veterinario (o de lo que fuera) de las narices:-"Má, ¿te preparo una manzanilla?"-.
Ella, después de pensarlo un rato:-"Vale... Pero ponle dos bolsitas al agua"-.
Yo, en un arranque de generosidad:-"Le pongo limón también, ¿no?"-.
Ella, sin prestarme mucha atención:-"Sí, sí, ponle limón"-.
Yo, mirando por todas partes dentro del frigo:-"¿Dónde lo tienes?"-.
Ella, sin inmutarse si quiera:-"¡En los huevos!"-.
...

Y vosotros pensaréis:-"Ofú con la mami de la Lou, cómo se las gasta la muchacha, ¿no? Debe ser la hija, que la tiene hasta los... las narices"-.
Y yo os diré:-"Pues mira, podría ser pero no, porque la criatura, en el fondo, tenía toda su razón de ser"-.

Que sí, que también es cierto que yo podía haber preguntado dónde está, pero ella también podía haber respondido donde los huevos, o al lado de los huevos. Pero ¿qué le hacemos si a ella le salió en los huevos?


Jugando al despiste ;)

:)


martes, 21 de julio de 2015

Cuando lo tienes claro

Pues resulta que una antigua alumnilla mía (ahora tiene 20 años) lleva 1 año saliendo con un muchacho. El otro día quedamos ella y yo a tomarnos unas tapichuelas, y ya me contó su historia de amós y cariño.

Pero eso, que el problema es que a los padres de ella, pues no les gusta el muchacho. Imagino que es lo normal. A ningún padre le gusta el maromo que se acerca a su niña.

Lo que pasa es que cuando las argumentaciones que dan, no cuadran, pues eso, no cuadran.

Yo, que siempre he pensado que lo importante para un padre debería ser que la otra persona tratase bien a su niña; que fuera cariñoso y atento; que ella estuviese a gusto con él... Pues resulta que no, que ahora no. Ahora lo importante es que el muchacho tenga estudios. Y después, que tenga dinero. Y no necesariamente en ese orden.
El hecho de que el muchacho esté trabajando, pero dé el dinero en su casa donde lo están pasando mal (con embargo de piso incluido) pues eso no es un punto a favor para los suegros.

Y que conste que al principio, la pega que le ponían los padres era la edad de él, que tiene 8 años más que ella. O el físico, porque tampoco les gustaba el físico del muchacho. Ahora hay que ser un cacho de modelo-sex-simbol para poder tener pareja, ¿no te fastidia?

Y yo pensando en voz alta con ella:-"Pero, si a tus padres no les tiene que gustar. Con que te guste a ti..."-.
Y ella:-"Pero es que me preguntan si es con él con el que me quiero casar. Joé, que tengo 20 años, que yo no pienso en eso"-.

Porque si el muchacho fuera mala persona, fuera un delincuente o un quinqui, pues bueno, lo entenderíamos. Pero es que no es nada de eso. Yo lo conozco desde hace muchos años, y sé a ciencia cierta que es muy buena persona, trabajador... Vamos, un encanto de niño.
Que fue casualidad porque ella me hablaba de él pero yo no sabía quién era. Y cuando ya por fin, me enteré, dije:-"Anda, pero si a este niño lo conozco yo. Hemos sido vecinos muchos años"-. Ea, que el mundo es un pañuelo.

Total, que al final y a pesar de todas las comeduras de cabeza que ella tenía en casa y de todo el chantaje emocional que le hacían allí, pues la muchacha se lió la manta a la cabeza y siguió para adelante. 
Y claro, los padres no han tenido más remedio que resignarse y aceptar que ella ya no tiene 4 años, que tiene derecho a vivir su vida, y que incluso tiene derecho a equivocarse si quiere.
Porque digo yo que, al final, se trata de eso, ¿no? De luchar por lo que quieres.

Y es como dice ella:-"Yo no sé hasta cuándo durará esto. Pero ahora estoy aquí, estoy con él, soy feliz y punto final"-.

Pues eso, punto final y ole por ti, niña.
:)



domingo, 14 de junio de 2015

De viaje astral...

Una vez leí que la música tiene un poder especial en nosotros. Supongo que todos sabéis que la música calma la ansiedad o el estrés, produce efectos beneficiosos en nuestro ánimo, ayuda a desconectar, es terapia en algunas enfermedades, amansa a las fieras... :)
Pero ea, a veces, la música también sirve para despertarnos recuerdos que creíamos dormidos. O incluso, puede ir más allá y puede servirnos para abrir la mente de tal forma, que podemos tener visiones de mundos pasados o de mundos futuros.

(Sí, ya lo sé. Leo cosas muy raras. No me lo digáis que yo ya lo sé).

Pero, ¿qué queréis que os diga? Debe ser cierto porque a ratos me pasan unas cosas de raras...

A ver, cuando me voy a dormir, (no soy de esas personas que está un rato leyendo en la cama, porque para leer prefiero la luz natural, allí en la terraza, tomando el sol); bueno, pues eso, que cuando me voy a dormir me pongo un rato los cascos para escuchar música. El mp3 lo tengo lleno con tanta variedad de música que ya ni sé lo que hay ahí. Cuando lo enciendo y pongo el aleatorio, es una auténtica sorpresa lo que puede sonar. Pero vaya, que a mí me ayuda a relajarme y dormir mú rebien.

Y es que, el momento ése que existe entre la vigilia y el sueño, cuando la mente consigue quedarse en blanco, el cerebro divaga de una manera especial y está absolutamente abierto a todo.


Vale. Pues resulta que la otra noche sonó una canción que, yo no sé por qué, me hizo irme de viaje astral o algo. 
Lo digo porque yo estaba despierta y por eso sé que no estaba soñando, pero los recuerdos que me aparecieron en la mente pues yo no los tengo. Nunca he estado en Nueva York, por ejemplo, y sin embargo, me vi caminando por las calles de Manhattan, sabiendo dónde estaba y adónde iba. Y eso fue raro raro de narices.

Y podréis decir que estamos tan sugestionados por las películas y por el montón de imágenes que vemos en televisión, que parece que conocemos los lugares en los que nunca hemos estado. Y quizás eso es cierto.
Pero es que ya digo que yo no estaba soñando. Y más que verme y recordarme andando por la acera entre rascacielos enormes, cruzándome con gente; y más que el recuerdo de haber paseado por esas calles, fue la sensación de haber estado allí ya antes. En (sonará raro, lo sé) otra vida. 
No sé, fue una percepción bastante extraña que me hizo sentirme allí, aún sabiendo que yo no he pisado esa ciudad ni ninguna otra a ese lado del "charco". Pero la imagen fue tan real, que me hizo sobresaltarme y todo.

Después de esa noche, he vuelto a intentarlo. Pero ya no lo he conseguido. No he conseguido dejar la mente en blanco mientras suena la música. Y es que claro, estoy ahí, como esperando el momento y, forzado, pues el momento no llega.

¿Que qué canción era? Ah, sí. Muy importante. Aquí os la dejo.
Desde luego, el vídeo que trae la canción no tiene desperdicio. Trae su propio viaje astral en imágenes y todo.
:)




jueves, 16 de abril de 2015

Mi hijo adolescente ☺

Bueno, pues lo prometido es deuda. 

La verdad es que me suelo llevar muy bien con los chiquillos a los que doy clase. Normalmente, empiezo las clases con ellos a sus 14 ó 15 años, cuando las cosas ya empiezan a torcérseles.
Y luego suelo seguir con ellos cada curso hasta que acaban la Selectividad. Evidentemente, eso hace que sean varios años los que nos vamos viendo y conociendo. Y si encima les di clase anteriormente a sus hermanos mayores, entonces la confianza que se genera es mayor.

Lo cierto es que consigo crear un vínculo con ellos que yo considero bastante especial. Algo que no se acaba cuando empiezan la universidad. No, porque muchos de ellos me siguen llamando después para contarme sus cosillas. Y con alguno también quedo a tomar café o de tapas porque la relación ha llegado más lejos y nos hemos hecho amigos.

Pues sí, efectivamente, éste es el caso que nos ocupa.

El muchacho en cuestión va camino de los 24 años, y lo conocí cuando tenía 14. Lo cierto es que es más rebonico que tó las cosas y siempre va hecho un pincel. Por algo fue Míster de las fiestas de su pueblo, digo yo. (Entrada AQUÍ :)
Le di matemáticas durante todos sus años de instituto y desde que terminó conmigo, no hemos perdido el contacto. Hablamos habitualmente, nos vemos, y eso, que también quedamos de vez en cuando.


Pos el otro día estuvimos dando una vuelta por Granada. Nosotros siempre quedamos para una tapa, una charla y unas risas. Además, que es una persona con muchas inquietudes desde muy joven, y con la que puedes mantener una conversación de coña o de esas trascendentales en cualquier momento.
Aquel día él tenía que comprar un regalo, así que dijo de bajar a El Corte Inglés. Quería comprar una colonia de las importantes. Vamos, de esas que cuestan un ojillo de la cara y parte del otro. Pues sí, de ésas.



Vale, pues allí teníamos a dos dependientas de perfumería detrás de nosotros todo el rato. Yo me quedé al margen, más en segundo plano, porque era un tema de él y lo dejé a su aire que probara, oliera, volviera a probar... Total, él sabe lo que busca y él sabe lo que quiere. Si me preguntaba a mí entonces sí le daba mi opinión. Pero vaya, que él estaba más que entretenido con una de las dependientas, que no dejaba de enseñarle colonias, darle a oler fragancias... 

Entonces la otra se vino a mi lado, a charlar, a comentar, a referir:
-"Hay que ver estos niños, ¿eh? Que quieren ir al instituto todo arreglados, vestidos de marca, cada uno oliendo a su colonia personal..."-.
Ay, qué lástima, que se cree que está en el insti... 
-"Huy, sí. A éste le pasa eso. Va al instituto hecho un pincel. Y todos sus compañeros, igual"-.
La otra dependienta que se acerca con él mirando otra colonia:
-"Pruébate ésta en la muñeca y deja que se seque... Aunque claro, como ya te has probado unas cuantas, tendrás una mezcla de olores que no te dejará distinguir nada"-. Y mirándome a mí, amenazándome con el frasco de colonia, salta la tía:-"Pues mira, que se la ponga tu madre, y así luego compruebas qué olor deja"-.
Y yo, sin inmutarme y alargando el brazo:-"Claro, échamela a mí y ya que él elija la que más le guste"-.

En ese momento, a él le cambió la cara, tó descompuesto. 
Y yo, que sigo:-"Además, que yo no se la voy a comprar, que para eso él tiene sus ahorros y los ha traído de casa. Yo no le pienso dar un duro, que esto es una cosa suya..."-. Y dirigiéndome a él, en tono maternal:-"Has matado al cerdito, ¿no?"-.

Bueno, para qué os voy a contar la cara que tenía mi amigo. Era todo un poema, vaya. Y cuando nos alejamos de allí, yo, partida de risa, salta él, tó rebotao:-"¡Claro! Como tengo esta cara de chiquillo que tengo..."-.
Y yo, sin poder dejarlo estar, digo:-"Pero míralo por el lado bueno, hombre: Tienes una mami jovencísima. Eso sí, la próxima vez que quedemos, déjate crecer la barba, anda, a ver si hay más suerte..."-.
Menos mal que la carcajada ya fue unánime de los dos.

Total, que desde ese día él tiene dos mamis y yo tengo un hijo adolescente. Y me mola. Me mola, porque si el chiquillo es tan guapo y a mí me confunden con su madre, pues... ¡Blanco y en botella! ;)

Y yastá. La próxima vez que nos toca quedar es ya mismo, porque hay que ir a darse una vuelta por la Feria del Libro de Graná. Que eso, para nosotros, es ya una tradición.
:)





viernes, 10 de abril de 2015

Te has hecho mayor cuando...

He descubierto que el día en el que, cuando vas a salir a la calle, decides llevarte el paraguas "por si llueve", es justo el día en el que es evidente que te has hecho mayor.
Porque tú siempre habías sido de la Liga Antiparaguas, y habías estado pendiente de ver si dejaba de llover en el mismo momento de salir a la calle para que no te obligaran a llevártelo. 
-"Coge el paraguas, que está lloviendo"-. 
-"No, mamá. Ahora no llueve"-.
-"Pero va a seguir lloviendo"-.
-"Sí, pero ahora mismo no llueve, así que no me lo llevo"-.
Y evidentemente, te ponías chorreando, porque era salir de tu casa y que cayera el diluvio universal sin remisión. Y tú, pues sin paraguas.

Ahora ya no tienes edad de calarte hasta los huesos, y prefieres acarrear el paraguas aún sabiendo que igual ni llueve. Pero ea, tú por tu cuenta y riesgo entras en el mundo del "más vale prevenir". Cuando tienes 20 años eso ni se te pasa por la cabeza.
...

Y te has hecho mayor cuando en la calle, te para un crío y te dice, con toda la educación del mundo, las cosas como son:-"Señora, ¿tiene usted hora?"-. 
Y tú, con la cara desencajá:-"¡¿¿Señora??! Pero, ¿qué coñ*o...?"-.

Uff, sí. La primera vez que alguien desconocido pero claramente más joven que tú te habla de usted se te hiela la sangre. Y de esa primera vez te cuesta reponerte lo que no está en los escritos. Luego ya como que te vas acostumbrando, ¿verdad?
...

Pero sobretodo sobretodo te has hecho mayor ya, sin más vuelta de hoja, cuando a uno de tus ex-alumnillos, pues lo confunden con tu hijo adolescente. Que la criatura esté rozando el cuarto de siglo, por lo visto les da igual al resto del mundo. 
Lo cual me lleva a otra cuestión sin duda más preocupante: 
¿Es él el que parece muy joven o soy yo la que parece muy mayor?

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...


sábado, 14 de marzo de 2015

Saliendo airosa de la trampa

He ido esta mañana a la farmacia.
Y yo, que trato por todos los medios de no sucumbir a la llamada de la báscula, porque la jodía me llama siempre desde su esquina particular, y que decidí hace ya tiempo no volver a tentar la suerte (explicación AQUÍ), resulta que ha sido mi madre la que me suelta así, sin anestesia ni ná:-"¿A que no le echas un par para pesarte hoy?"-.

No estaba entre mis planes pero todos sabemos que el a que no le echas un par o directamente el a que no hay webos es la mejor manera de que te hagan caer en la trampa. Yo lo sé. Vosotros lo sabéis. Mi madre lo sabe... Y también sabe mi aversión a las básculas. Pero eso...

Pues sí. Me he pesado. Con el vozarrón que tiene la báscula, que te pega un berrío que pa qué, y que personalmente me pone de una mala leche... -"Permanezca quieto y erguido. Calculando su peso. Calculando su estatura..."-. Ainsss.

Al menos esta vez no me ha quitado 25 centímetros al medirme. Y además, he perdido 5 kilos desde la última vez que me pesé, allá por octubre del año pasado. (Porque sí, porque aunque en 2012 decidí no volver a pesarme, a ratos, pos vuelvo a caer. Tropiezo con la misma báscula un par de veces al año).

Y vosotros me diréis:-"Pues vaya un asco. 5 kilos en medio año"-.
Y yo os diré:-"Pues sí. Pero son perdidos y no ganados, así que... ¡Bien por mí!"-.

Sí, gente sí. Me puse las pilas porque, conforme van pasando los años, las cosas se descontrolan y luego es más difícil arreglar los desaguisaos. Así que es mejor no llegar al punto de "no-retorno".

Dejé de hincharme de cenar, que yo era de cenar chuletas de cerdo todas las noches.
Dejé de beber refrescos con gas a todas horas y no probar el agua, porque cuando tenía una mijilla de sed, me pimplaba media botella de refresco de limón.
Y dejé de hacer deporte de vez en cuando, y sólo cuando me apetecía. O sea, raras veces.

Ahora, ceno un yogur con un trozo de queso o algo así.
Bebo agua y sólo agua en todo el día. Ya caen más de dos litros cada día.
Y hago como mínimo una hora de ejercicio diario. Y aunque alguien diga que no tiene tiempo, sí que se puede sacar. Siempre se puede si se quiere, claro. Algún rato, en vez de estar viendo la tele, se puede dedicar a hacer algo de ejercicio.

La gente normalmente va al gimnasio, y así se obliga a ir. Hombre, ya que lo paga... Pero ea, yo no tengo dinero para costearme uno, así que intento hacerlo todo en casa, porque os recuerdo que bici estática sí que tengo. Y si hace buen día, me doy una vuelta por la Vega de Graná, paseando a una velocidad razonable, un par de horas.
Además, he descubierto al morenazo éste, que me quita el aliento y me hace sudar a mares en apenas media hora. Ná, por si a alguien le sirve de algo saber esto...
:)




Pues ya os digo. Por lo que se ve, las nuevas rutinas diarias que me impuse hacen su trabajo poquito a poco. Porque eso es otra cosa y nos pasa a todos: Cuando no vemos resultados a corto plazo, nos rendimos. Pero con el paso del tiempo, ya os digo yo que se ve el efecto. Así que, gente, si os decidís, no lo dejéis.
^_^