martes, 29 de septiembre de 2009

Sembrando vientos...

Pues, bueno, aunque no lo parezca, llevo un par de semanas que me hierve la sangre. Y eso me pasa cuando me la envenenan con buenas caras y malas intenciones. Trato de que no se me note mucho, y sobretodo, con gente que no tiene ná que ver, pero a veces todo sale y no lo consigo...
Y hoy que quizás estoy algo más tranquila, quería escribirlo.

Es que me revienta el higadillo cuando la gente utiliza la amistad para conseguir cosas o para ver qué favores les puedes hacer. Y muchas veces las cosas que hacen no te gustan, o no te parecen del todo correctas, pero por no liarla siempre, pues aguantas y las vas dejando pasar.

Vamos, que yo me puedo hacer la tonta cuando yo quiera, pero que me tomen por una pues, mira, no. Y eso ha pasado ahora, que pensaban que tragaríamos como lo habíamos hecho siempre... Pero no. Ya no.

Porque, a ver, hace más de 25 años que nos conocemos, que somos amigos y vecinos, que mis padres han salido con ellos; que sus hijos han jugado con nosotros... Y claro, deben pensar que se pueden aprovechar de eso.
El bajo del bloque donde nosotros vivimos es suyo. Y desde que lo compraron, lo han utilizado de parking para todos los vecinos de la calle. Así se sacan unas pelas.
Vale, no está declarado y el Ayuntamiento no sabe que ahí se meten coches (porque si no, cobrarían algún impuesto), pero a nosotros no nos importa. Bueno, hacen ruido, arman escándalo (sobretó cuando alguien viene de fiesta a las cuatro de la mañana, y parece que no sabe abrir un portón sin dar un portazo), y si hubiera algún percance, el piso en el que vivimos, saltaría por los aires. Pero, bueno, casi casi nos hemos acostumbrado a tener ahí un garaje, así que...
He dicho casi, ¿eh?

Vale, pues ahora han ido más allá. Llevan más de una semana de obras ahí en el bajo, con el consiguiente ruido que arman los obreros antes de las ocho de la mañana.
Y es que a los dueños-vecinos-pseudoamigos se les ha ocurrido la genial idea de hacer dos cuadras para meter los caballos del hijo, que están en un picadero y por el que pagan no sé cuántos euros al mes. De esta manera, se ahorran los cuidados del picadero.
Pero, ala, así, sin preguntar a los vecinos y sin decir más nada. Porque resulta que las cuadras están a un par de metros de las ventanas de nuestros dormitorios. Y digo yo que algo tendremos que decir las criaturicas que vamos a tener que apechugar con eso, ¿no? Pues por lo visto, eso es lo de menos, está claro.

Bueno, a mi padre le dijeron lo que iban a hacer, pero no le preguntaron si estábamos de acuerdo o no. Claro, como ellos no viven aquí, que viven a 500 metros, no van a tener que aguantar el olor, las moscas, las putas garrapatas, el ruido...

Y mi padre que sabe lo que es eso, que lleva toda la vida trabajando con caballos, que sabe del cuidado que necesitan a diario, de lo que huelen, pues les dijo que el bajo no era sitio para meter a esos animales.
Y con toda su cara, el tío (supuesto amigo) le dijo que él tenía todos los papeles y todos los permisos en regla, que se estaba gastando un pastizal en la obra, y que además, nosotros también teníamos a la Frida...
¿Tendrá poca vergüenza? Comparar a mi Frida, que no da un ruido, con un caballo... ¡¡Hombrecoñoya!!

Mi madre y yo nos encontramos a la dueña-vecina-pseudoamiga (a partir de ahora, llamada Farruquita, porque se puso muy farruca) el sábado en el mercadona. Y eso nos dijo, toda exaltá: que el bajo era suyo, que allí podían hacer lo que les diese la gana, y que tenían todos los permisos.
Y yo pensando (porque si yo hablo la liamos del tó):-"Bueno... Podréis hacer lo que os dé la gana sin molestar a nadie, ¿no? ¿O es que aquí cada uno hace lo que le sale de los cojones sin contar con los demás?"-. Ahí ya me di cuenta de que la amistad se iba cuesta abajo y sin frenos, y se iba a estampar contra un muro.

Pues eso, que antes de armarla ya, mi padre estuvo el lunes (ayer) a primera hora en el Ayuntamiento, para hablar con el concejal de urbanismo y medio ambiente. Y este hombre le dijo:-"Pues permiso de obra tendrá, pero permiso de actividad no, porque ese permiso no se da, y menos, para meter animales de esa índole en el núcleo urbano. Pero, a ver, si estamos intentando sacar todos los animales a las afueras..."-.
Pues mira, eso díselo a ellos, que siguen tan felices con su obra...

Vamos, que está claro que nos engañaron con toda su jeta. Que nos dijeron que lo tenían todo en regla, a ver si nosotros nos conformábamos y lo dejábamos estar.
Pues eso, debe ser que nos toman por tontos o yo qué sé... Y seguramente será porque la mayoría de las cosas las hemos ido dejando pasar, confiando en una amistad que quizás no ha existido nunca. Después de 25 años, es triste, pero es así...

Pues ya veremos cómo acaba esto. Porque si ellos pasan por encima del Ayuntamiento, está claro que un huracán se cierne sobre nuestras cabezas y yo me veo en los tribunales liándola parda, vaya...
Ya lo contaré...
:)

sábado, 26 de septiembre de 2009

En época de crisis...

Pues ná, que en época de crisis nos aconsejan muy mucho lo de apretarnos el cinturón. Y sí, eso hacemos. O por lo menos, lo intentamos.

Y yo lo noto los sábados por la mañana, que me toca ejercer de chófer para la jefa (o sea, mi madre), y que me hace llevarla toda la mañana de súper en súper para hacer la compra semanal...Y es que, tiene un arte...

De primeras, al Mercadona. Ella lleva su listita y yo detrás con el puto carro que se me va para un lado y para otro, sin poder controlarlo. Algún día de estos me llevaré a alguien por delante y verás tú la gracia... Sí, porque ya me he llevado alguna vez torres de latas de tomate frito o de aceitunas; pero imagino que si me llevo a alguien, será peor, y seguro que me retiran el carné de carro de supermercado durante tres meses y un día, y entonces, ¿qué hago yo los sábados por la mañana, a ver?... Qué aburrimiento, ¿no?

Vale, el caso es que, cuando ya hemos dado toooooodas las vueltas que tenemos que dar por toooooodos los pasillos del Mercadona, y ella ha ido echando al carro (lista en mano, ya digo) toooooodo lo que se supone que tenía que echar, dice mirando su listita:-"Bueno, ahora vamos al DIA, que allí están más baratos los pimientos"-.

Pues nada, ¡fiesta, fiesta, despiporre ! Vámonos al DIA. Que ya que estamos allí, la jefa aprovecha y coge más cosillas que le hacen falta y que, además, tienen descuento en los cupones...

Mira tú qué bien...
Y después de otro rato dando vueltas y buscando los productos que ella quiere (pero los que ella quiere, no vayas a decirle que éste es mejor que aquél, porque ella sabe lo que es mejor. Además, que sí, sin lugar a dudas. Siempre acierta, oye. Es que nunca se equivoca...); bueno, pues después de eso, al ir a pagar, cuando estamos en la caja, va y me dice:-"Y ahora, nos acercamos al súper del Enrique, que allí las cervezas para tu padre están de oferta"-.

Me encanta esta mujer, vaya...
Y además, de verdad. Porque imagino que durante la semana la jefa (la mía y todas las demás jefas del mundo mundial) se dedica a comparar precios y a hacer cuentas para que la compra salga lo más económica posible, ¿eh? Así tengamos que recorrernos todos los supermercados de Graná un sábado por la mañana, vamos...

Y no me queda ná que aprender en la vida, vaya...
:)
"Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles,
y otras desconocidas gigantes,
que no hay libro que las aguante".

Mujeres, Silvio Rodríguez.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Quien me ha visto...

Si es que hoy tenía un disgusto muy grande. Y claro, al final he acabado con estrés y todo.
Me suele pasar en los cambios de estación... ¿A quién se le ocurre tentar la suerte siempre en las mismas fechas?
Y es que todos los años es lo mismo. Sobretodo, de unos años para acá. No sé cómo me las apaño...
Llega el final del verano y no tengo más remedio que ver si las cosas siguen igual o han cambiado. Y no, no, qué va. ¿Qué van a seguir igual ni ná? Pero ni por asomo, vaya. Y claro que han cambiado...
¡Que no me gustan los cambios, joé! ¿Que no lo sabía nadie? Pos eso, ¡que no me gustan! Ay, Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto...? ¡Ofú!

Porque sí, porque llega el final del verano, y necesito ver si entro en la ropa del invierno pasado. Más que ná, para saber a qué atenerme... ¡Y no entro! ¡Que no entro! ¡QUE NO!
Vamos, que entre camisetas y pantalones, dejé vacíos dos cajones y dos perchas del armario. Concretamente lo hice ayer, que fue el día elegido para la comprobación anual del armario en vigor.
Que siempre suelo hacerlo cuando estoy de buen humor, porque si encima estoy cabreá, pa qué queremos más... Ya bastante me cabreo cuando empiezo a probarme cosas...

Claro, si yo lo entiendo. Es que la Lou está en la edad de crecer... ¡a lo ancho! Que ya no tiene 20 años. Que es normal... Pero es que tampoco es plan de que los molletillos de la cintura (también llamados lorzas) intenten salir por las costuras de la ropa, ¿no? ¡Ea!
Y si sólo fuera eso... Joé, que había ropa que no me entraba ni haciendo mil y un ejercicios de contorsionismo. Ni mirando el pantalón de frente y diciéndole:-"Anda, bonico, vamos a llevarnos bien, ¿vale?"-. Pos no. No se apiadó de mí el hijo de su madre. Pero ni de coña, vaya. Yo creo que se estaba descojonando de mí en toda mi cara...

Aunque, bueno, también tengo que decir en mi favor que todavía había ropa que me la compré cuando tenía 25 años, y las hechuras pues ya no son las mismas y han cambiado, evidentemente. Así que, está claro que los años no pasan en balde. ¡Qué coraje, oye!

Además, que es que a mí no me gusta nada ir de compras. Y menos, cuando se trata de ropa. Nunca me ha gustado, y es que, por si fuera poco, lo de ir a la moda como que me la suda un poco. Vamos, que si puedo aprovechar las cosas de un año para otro, pues mira qué bien. Eso que me ahorro.
Claro que debe ser que ya eran muchos años haciéndolo, y la ropa también quería jubilarse, porque ya digo que este año he tenido que vaciar el armario para encontrar algo que me valiese...

Total, que esta tarde no he tenido más remedio que salir a comprarme algo de ropa. Menos mal que tampoco es que me dedique a ir a los sitios más caros de Granada, que si no... Vaya, que para comprarme un par de camisetas, una chaqueta y unos vaqueros, no hace falta que me funda este cacho de sueldo que cobro (sarcasmo).

Eso sí, como nunca me había comprado tanta ropa de una vez, he salido de las tiendas como atontá y con un estrés del copón... Porque es que no es normal (nada normal) que yo llevase cuatro bolsas en las manos...

¡Quien me ha visto y quien me ve!
:)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Plus de peligrosidad

Y como no deja de sorprenderme el tema, pues ná, que quería comentarlo.
Vamos, que eso de que los alumnos les hayan perdido el respeto a los profes es una cuestión de la que ya no hay lugar a dudas. Que les hablan fatal, que les tiran con tó lo que pillan, y que incluso llegan a agredirlos físicamente... Y todo el mundo se pregunta dónde está la raíz del problema.

Sí, puede que los críos sean unos incontrolados y que estén asilvestraos, pero lo que nadie me va a negar es que, si no tienen educación en su casa, difícilmente podrán salir a la calle a respetar a nadie.

Y lo que ya me parece de vergüenza es que sea el padre de una criatura el que agreda a un profesor, delante de su hijo y demás chiquillos, como si fuera la cosa más normal del mundo. Pues menudo ejemplo, vaya.

¿Así pensamos que los críos van a hacer las cosas mejor que sus padres? Desde luego, de esta manera, no. Y claro, luego esos chiquillos se suben a la parra de una manera tan escandalosa que ya no hay forma de bajarlos de ahí.

Lo que es cierto es que las cosas han cambiado y mucho en los últimos años; y que los profes cada vez tienen más problemas para ejercer una profesión, que la mayoría de las veces, suele ser vocacional. Y entiendo que es muy difícil hacerse respetar cuando ni los mismos padres de los alumnos muestran un mínimo de respeto a la autoridad que se supone tiene el profesor.
Vamos, que cualquier día de estos, los contratos a los docentes los harán ya con un plus de peligrosidad y todo.

martes, 15 de septiembre de 2009

The Time of My Life

Pues vaya... Otro que se nos ha ido este año también.
Patrick Swayze ha muerto hoy a los 57 años de edad.
En fin... Otro ídolo de mi infancia que desaparece...

sábado, 12 de septiembre de 2009

El verbo más bello

... Y bueno, no hace mucho me han preguntado si sé lo que es amar. Y la cuestión es que no, que seguramente pues no lo sé.

Lo que tengo claro hasta yo, a pesar de todo, es que amar es el verbo más bello. Y que no todo va a ser naufragar por haberlo creído, ¿no?

"... porque vivir era un vértigo y no una carrera...
... porque vivir era búsqueda y no una guarida...
... porque vivir era más que unas reglas en juego..."


lunes, 7 de septiembre de 2009

Meme nostálgico

Bueno, pues después de que mis alumnillos (incluído el Míster) me hayan dado la alegría del día, llamándome para contarme que han aprobado sus asignaturas pendientes, me he acordado de que en mayo yo también me dejé algo pendiente. Fue un meme nostálgico o de la infancia o algo así. Lo cierto es que no me acuerdo muy bien. Así que, tendré que ver si yo también lo apruebo ahora en septiembre, que dejarse las cosas colgás no es ni sano, ¿no? Menudo ejemplo les doy a mis chiquillos, vamos...

Vale. Pues me nominó mi Juancar, que el hombre no es mucho de memes, pero luego me nomina a mí porque sabe que a mí tampoco me van. Simpático que es el muchacho, ¿qué le hacemos? :)
Pero claro, como no lo hice al momento, dio tiempo a que me volvieran a nominar. Y sí, mi Adrisol también me lo mandó. Seguramente para hacer fuerza con Juancar... Y porque son más apañaos que un jarrillo de lata los dos, que si no...
Así que hoy es tan buen día como cualquier otro para responder a las preguntas.
Y como yo paso de las normas, simplemente las contesto y ya está. :)
Vamos a ver...

1.- ¿Cuál es tu primer recuerdo?
Pues el colegio al que iba a los 4 años. Me acuerdo, por ejemplo, de que no había recreo en el que no me sangrara la nariz al darme el sol en el patio...

2.- Nombra alguno de tus juguetes preferidos.
Sobretodo, los clicks de playmobil. Pero también el Exin Castillos, las piezas del Tente o las Barriguitas.

3.- Alguna travesura de cuando eras niñ@.
Bueno, yo, más que traviesa, era muy "peleanta". Tenía a todo el parvulario revolucionado. Ningún niño se quería sentar a mi lado, porque al final, siempre acababan recibiendo... Algún guantazo, se entiende.

4.- Tu comida preferida de aquellos años.
Las migas que hacía mi abuelo en la lumbre. Desde por la mañana temprano se sentaba el hombre enfrente de la chimenea, a preparar el fuego y ponerlo en condiciones.

5.- Tus dibujos preferidos de la caja tonta.
Pues "SúperRatón", "Candy-Candy", "Pixi y Dixi", "Tom y Jerry"... Y luego ya nos refinamos: "Los Caballeros del Zodíaco", "Oliver y Benji"...

6.- Tu primera colección de cromos.
La del Mundial 82. Pero también llenamos el álbum de Willy Fogg.

7.- Tu mejor amig@ y por qué.
Me parece que no tenía mejor amigo por aquellos entonces. Ya digo que me peleaba mucho. El único que me aguantaba era mi hermano, pero porque la criatura no tenía más remedio, claro. :)

8.- El primer libro que leíste.
"Corazón", de Edmundo D'Amicis. Me lo regalaron a los 8 años y fue mi primer libro de verdad. Antes de eso, habían sido cuentos, tebeos...

9.- Aquella canción que, cuando la escuchas, siempre viajas a tu pasado.
"Don Diablo" de Miguel Bosé. Vamos, que estaba yo enamorá del Bosé cuando tenía 6 años. Más precoz la Lou... A mi padre no le gustaba nada, y me dijo que me iba a desheredar... ;)

10.- Aquel maestr@ que todavía hoy lo recuerdas con cariño y por qué.
Bueno, en realidad, a mí no se me ha olvidado ninguno de los maestr@s y profes que tuve en mis años de estudiante, la verdad. Y a todos les tengo mucho cariño.
Pero si tengo que decir uno, sería mi seño Mª Trini de 3º de EGB, cuando yo tenía 8 años. No hace mucho que encontré su teléfono en una agenda, y la llamé. Jo, todavía se acordaba de mí, y eso que habían pasado más de 20 años. Se emocionó y tó al saber que yo también me acordaba de ella.

11.- Una película que jamás olvidarás porque te recuerda a tu infancia o juventud.
"La Historia Interminable"... Sí, primero el libro, y luego la peli.

12.- Aquellos tebeos que leías con avidez cuando eras pequeñ@.
"Zipi y Zape", "Mortadelo y Filemón", "Pepe Gotera y Otilio Chapuzas", "El Jabato", "Don Miki"...

13.- Una mascota que tuviste de pequeñ@.
Una podenquilla de caza que se llamaba "Chica". Pero entre las tortugas, los pollos de colores, mi hermano... Vamos, que sí, que tuve una hartá de mascotas...

14.- El primer coche que tuviste cuando te sacaste el carnet de conducir.
¿Y esto qué tendrá que ver con mi infancia? Porque yo, el primer vehículo que tuve (y sin carnet) fue un triciclo amarillo y negro, con los manillares rojos y las ruedas muy grandes, que después heredó mi hermano. Y luego, mi primo.
Pero después de sacarme el carné, sigo con el trasto del patrimonio familiar. El Seat Panda de mi padre... Ahí continúa aguantando como puede el jodío coche los envites a los que lo someto... Vamos, que de tanto echarlo a andar con el freno de mano puesto, pues ya ni le sirve, claro.

15.- Un viaje o excursión que hiciste con los compañeros de clase.
Seguramente, la primera vez que fuimos todos a la Alhambra. Creo que estábamos en 7º o en 8º de EGB. Claro, que lo que más recuerdo son las canciones que cantábamos en el autobús... "La cabra, la cabra, la p..* de la cabra, la madre que la parió..."

16.- Aquel juego que tanto te gustaba jugar de pequeñ@.
Me gustaba jugar a las canicas, al churro, al quema... Sí, sí, con todos los niños jugaba yo. Saltar a la comba no me gustaba nada. Eso sí, cada época del año, tenía unos juegos concretos. Aunque lo que más me moló siempre el fútbol o el balonmano con los equipos del colegio.

17.- ¿Qué programa de televisión de aquellos años era el que más te gustaba?
"Los payasos de la tele", "Barrio Sésamo"... Pero "El Hombre y la Tierra" me encantaba. Sobretodo, la sintonía de cabecera.

18.- Un regalo que te hicieron tus padres que jamás olvidarás.
Mi máquina de escribir... Que tenía yo una obsesión con tener una que pa qué... Y que conste que aún la tengo, ¿eh? Por lo menos tiene 25 años mi olivetti ya.

19.- ¿Hay algún olor que te transporta a tu infancia? ¿Cuál y por qué?
Totalmente, el olor a pino. Por la Sierra de Cazorla, más que ná. Cada vez que subo por allí, me viene a la mente cuando era un coco y nos pasábamos los veranos en la sierra...

20.- Un día o un momento de tu infancia que no olvidarás nunca porque fuiste inmensamente feliz.
Bueno, cada sábado por la mañana era una fiesta, porque después de que mi padre estuviera toda la semana fuera trabajando, sólo podíamos verle los fines de semana. Y claro, los sábados por la mañana mi hermano y yo nos metíamos en la cama con él. Yo tendría 5 años.
Los lunes eran peores. Sí, porque mi padre volvía de nuevo a irse hasta el finde siguiente.

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Pues nada, con esto se acaba este meme de la infancia.
Paso de nominar y esas cosas.
Espero haberlo aprobado, que Septiembre es lo que tiene. :)
Y ni que decir tiene que las fotos son mías, claro.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Terapia de grupo

Y eso, que hoy, pues de terapia... Es a lo que yo llamo quedar con las tres compis de curro más allegadas, para comer y poner los puntos sobre las íes.

Sí, porque, ahora que ya no estoy allí (que mi contrato acabó el lunes 31), y que no puedo defenderme de lo que se diga, hay un patán (porque no tiene otro nombre... Bueno, sí, sí que lo tiene: cabrón, hijo de p... Vale, que me enciendo); pues eso, que hay un patán-cabrón-hijo de p*, que se dedica a echarme las culpas de que las cosas no salieran bien cuando yo trabajaba allí.

El patán en cuestión, se supone que es el jefe de fábrica. Y digo se supone, porque está claro que no sabe hacer su trabajo. Y eso lo sabemos absolutamente todos. Lo saben hasta los jefes, dueños de la empresa. Pero ninguno se atreve a hablarle directamente a la cara para darle un bufío. Claro que es muy pelotas y se le da muy bien lamer el culo de quien debe, así que... De hecho, su mote es el bolita, por lo bien que rueda y rueda... Y bota, y bota...
Pues lo peor es que, cuando el tío la caga en fábrica (cosa que suele ser bastante habitual), en vez de comentarlo abiertamente para, entre todos, poder encontrar una solución válida, se calla como un perro. Y la consecuencia de eso es que los demás nos volvemos locos intentando averiguar dónde está el problema. Y eso se suele traducir en trabajo doble para todos, claro.
Hasta mi jefe volvió a fumar el año pasado, después de seis años sin hacerlo, por el estrés que le supuso una movida de éstas, y que el otro se callara y no dijese ná.

Y no es sólo que el patán no diga dónde se ha equivocado. No. Es que, el cabrón, para curarse en salud y antes que todas las miradas vayan a fábrica y lleguen a él, se dedica a echarle la culpa siempre a todos los demás... A los del almacén, a las del laboratorio (donde me incluyo)... Vamos, que siempre nos echa la mierda encima a las criaturicas que estamos allí, intentando cumplir con nuestro trabajo. Y claro, así parece que todo el mundo en la empresa tiene la culpa de los problemas que surgen menos él.

Y esta vez me ha tocado a mí, evidentemente, que pa eso soy el último mono.
El segundo día que estaba yo trabajando, fue a la oficina diciéndole a la jefa en funciones (hermana del jefe), que cuando la Wiza está de vacaciones, la muchacha que se queda allí (o sea, yo), no hace las cosas bien y no salen como deben. Claro, que lo dijo cuando yo no estaba presente y no podía defenderme. Porque, ésa es otra. Cuando viene al lab a charlar conmigo, lo hace con su mejor cara, como si fuera muy amiguito mío. Pero luego el hijo de puta apuñala por la espalda y pisotea a todo el que se le cruza por delante.

Y la cuestión es que yo no me equivoqué. Oye, que sí, que me puedo equivocar un millón de veces, por supuesto. Y cuando eso pasa, lo admito y punto. Pero que el imbécil éste me quiera cargar el muerto de sus cagadas me toca un poco los wevarios. Porque está claro que no sabe hacer su trabajo...

Y es que el lab es lo que tiene: Que dice simplemente lo que hay, los resultados de lo que sale de fábrica... Y si en el lab algo sale mal, es porque de fábrica no venía bien. El lab sólo muestra resultados del trabajo de fábrica. Pero, claro, será la muchacha ésta, la Lou, que sólo lleva 5 años trabajando aquí, y no sabe hacer ná...
Me revienta la gente cobarde, falsa, lameculos, trepa y embustera, que no viene de frente.
Joé! Y no lo echarán de la empresa a éste, no. No caerá esa breva... ¿Pa qué? Si pa eso ya me tienen a mí, que me echan cada dos por tres, cuando ya no les hago falta...

Así que, eso, que hoy he tenido terapia de grupo. Con la Wiza, que ya ha vuelto de sus vacaciones, y con la muchacha de laboral y la de contabilidad, que sí estuvieron presentes en la oficina el famoso día "D". Y claro, ellas me lo han contado. Y también me han comentado que es bastante evidente que los jefes tampoco se fían mucho de él...

Me consuela saber que, a pesar de todo, aquí la gente sabe de qué pie cojeamos todos. Y está claro que hasta yo inspiro más fiabilidad y confianza que el endiosao ése, que se cree alguien en la empresa y no vale una mierda.

Ale, ya me he descargao... ;)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De obras

Pues ná, que mi calle no se ha librado y también está sufriendo la fiebre de las obras veraniegas. Ésas que seguro estáis sufriendo muchos de vosotros también.
Y eso, que aquí seguimos. Porque por lo visto no se acaban con el final del mes de agosto, no, y hay que seguir con ellas hasta terminarlas, claro. :)
A hacer fotos desde mi balcón que me he dedicado esta mañana, vamos. Porque sí, porque no tengo yo otra cosa mejor que hacer.

Y es que, en la calle donde vivo, han decidido ensanchar las aceras (que ahora mismo son mini-aceras) y hacer la calle de sentido único. Aún no tenemos claro si será pa'rriba o pa'bajo, pero sospechamos que será pa'rriba. Ya hemos hecho una porra los vecinos, a ver quién la gana.

Bueno, el caso es que ya llevan tres semanas trabajando, que empezaron por la punta arriba de la calle, levantando la acera con la excavadora y llevándose los escombros a una velocidad que nadie se esperaba. Que sí, que a las siete de la mañana ya están dando voces los albañiles por la calle, pero, bueno, ¿qué le hacemos?

Todo el día la calle cortada al tráfico hasta que dan las seis de la tarde y se van, que entonces lo dejan todo tan apañadito, que los coches y el autobús, pueden volver a pasar sin problemas. Y los vecinos, aunque no tengamos acera, no nos importa, porque para salir de casa, nos han puesto unas tablas muy monas en cada puerta.

Además, que estos obreros no sólo se dedican a destrozar suelo, si no que hay otra cuadrilla de criaturicas, que se dedica a poner las baldosas en la acera nueva. Claro que estos van más lentos. Pero vaya, que también llevan un ritmo muy apañao. De todas formas, está claro que siempre será más fácil destruir que construir. Y mucho más rápido, ¿dónde va a parar?
Bueno, pues la historia es que yo, que vivo casi al final de la calle, en la punta abajo, he visto cómo, día a día, se iba acercando la obra y el momento en el que nos tocase tener la excavadora debajo del balcón, arrancando suelo. Y sí, hoy ha sido ese día.

Pues ya veréis, porque ahora me diréis si no es de juzgado de guardia lo que nos pasa siempre. Y es que, no sé por qué, pero joé, todo nos pasa a nosotros.
A ver... No ha habido ningún problema en toda la calle, ¿vale? Desde que empezaron la obra hasta ahora, han ido abriendo el suelo sin mayores historias, y sin crear conflicto alguno con los vecinos. Todo rápido y bien. Con las molestias típicas, pero sin grandes problemas.

Pues ná. Llegan a la puerta de mi casa, empiezan a abrir el suelo, y ¡zas!, se cargan, con la puta excavadora, la tubería de agua que llega al piso. Vamos, que no les ha pasado con nadie en ningún momento, y ha tenido que ser justo en mi puerta...
¿Consecuencia? Pues nosotros, los únicos de toda la calle que no teníamos agua. Hay que joerse...

Toca un obrero al telefonillo para que bajemos, y nos cuenta que la tubería estaba muy mal, y que sólo con caerle una piedrecilla encima (palabras textuales), se había roto. Y yo pensando:-"Ya.. Tó lo que tú quieras, pero, ¿cuándo coño la vais a arreglar?"-.
Y es que casi eran las dos de la tarde, y ellos paraban para comer en ese momento. Pues vale, ahora cuando digamos de comer nosotros, nos lavamos las manos en el cacharro del agua de la Frida, ¿os parece bien?
En fin, paciencia.

Total, que a eso de las cinco y media, vuelve a sonar el telefonillo. -"Señora, que ya está esto arreglao. Ya tienen ustedes agua"-. Si tú lo dices...
Me voy a la cocina a comprobar, que no me fío yo un pelo ni de mi sombra, y ná, ni gota por el grifo. Y claro, bajamos a la calle a verle la cara al hombre.
Y él:-"Que yo le aseguro que he hecho bien el arreglo, de verdad"-. Y lo ha mirado todo cuarenta veces, pero no daba con el problema. Vamos, que se ha puesto de todos los colores, el angelico.
Y cuando le iba a dar ya una especie de ataque de nervios (también llamado jamacuco), un compañero de la cuadrilla de más arriba lo ha llamado por teléfono para decirle que, por si algún vecino le preguntaba, que habían tenido que cortar el agua en toda la calle, para poner no sé qué tubería...

Vamos, que he estado a punto de quitarle el móvil al hombre para hablar con el otro:-"Por Dios, esto no lo volváis a hacer, joé. Que esta criatura estaba aquí, que le iba a dar un chungo porque no sabía qué pasaba y por qué no había agua... Avisad antes de cortarla, coño..."-.

Pues eso, que no ha llegado la sangre al río.
Bueno, lo que sí han llegado han sido los churretes de barro a lo alto de la puerta del piso, que es de madera, y que estaba recién barnizaíta de hace un mes. No sé qué leche habrán hecho para poner la puerta como la han puesto, joé.
Ay, Señor, si es que no tienen cuidao... Si es que parecen Manolo y Benito, de la serie "Manos a la Obra"...