Cuatro y media de la tarde.
Aledaños de la Plaza del Realejo, en Graná.
![]() |
| Barrio del Realejo - Fotillo de la Lou |
Delante de mí, andando por la calle, una madre con sus dos hijos (niño y niña), de unos once o doce años.
La mujer que se encuentra con un amigo, un hombre entrajetao, más o menos de la misma edad que ella, o quizás algo mayor.
Se saludan y se paran a charlar en la acera. Que si qué tal va todo, que si cómo está tu mujer, que si cómo va el trabajo, que si a ver si llamo a tu marido y quedamos un día a tomarnos algo, que si son estos tus niños, que si tal, que si cual...
El crío, tó impertinente, saltando en mitad de la conversación:
-"Mamá, ¿quién es? ¿Quién es? Mamá... Mamá..."-.
(Ahí, primera vez en la que mi madre, una madre de verdad, me habría mandado callar de manera contundente, alegando que estaban hablando los mayores y que les tuviera un respeto).
Pero sin venir a cuento, y sin más historias, el puto crío da un grito que ha resonado en toda la calle, dirigiéndose al hombre:
-"¡Caraculo!"-.
(Ahí, segunda y última vez en la que mi madre, sin decir más nada, me habría dado un hostión y me habría estampado contra una pared, siguiendo con la típica amenaza de:-"Y espérate a que lleguemos a casa"-.).
Pero no. Este criajo ha tenido suerte. Sólo he oído a la madre decir:-"Pero bueno..."-, pero sin tomárselo muy allá tampoco.
Y es que debe ser que el crío hace o dice cosas peores... O debe ser que ésta no ha sido de las más malas que ella haya tenido que oir... O debe ser que ella ya sabe que sus críos no tienen ni chispa de educación con la gente, pero por lo visto no le parece que sea algo que importe mucho en la vida diaria de su progenie. Sí, porque si no, algún remedio habría puesto ya la doña, digo yo...
Vamos, a mí me ha dado hasta vergüenza ajena. Porque esa educación que se debe adquirir en las casas y desde pequeños, brilla por su ausencia la mayoría de las veces.
Está claro que les han ido pasando la mano año tras año, igual que ocurre con los cursos de la ESO, y la cosa ya no la arregla ni la Supernanny, ni el Hermano Mayor, ni nadie...













