Hay que ver el montón de cosas que vamos perdiendo conforme cumplimos años, ¿eh? Sí, porque ahora te pones a hablar con un crío, y te das cuenta de que es muy fácil hacerlo porque no tienes que andar con pies de plomo, ni estar a la defensiva, buscando la doble intención a cada frase, como tenemos que estar el resto del tiempo. Pero los niños aún no gastan de eso. Suelen ser muy inteligentes, sí, pero la maldad todavía no ha surgido en ellos. Viven en un mundo ideal, sin presiones, sin malos rollos, sin movidas... Y nosotros ya hemos olvidado todo eso.
Cuando crecemos, y se supone que maduramos, nos cuadriculamos de tal manera que no somos capaces de ver la simpleza de las cosas. Todo lo complicamos de una forma sistemática, y le damos tantísimas vueltas a todo, que ya somos incapaces de encontrar una solución válida. Y seguramente, la solución es la cosa más sencilla que nos podamos imaginar. Pero eso ya no nos sirve. Quizás por orgullo, por cabezonería, o simplemente, por no quedar mal con el resto de la humanidad.
Los niños para eso tienen una lógica aplastante. Sí, porque ven las cosas tal y como son, sin mayores historias, y de esta manera, hablan, argumentan y preguntan. Pero siempre con la lógica del que tiene la mente clara y lúcida, sin borrones ni manchas, como si conocieran todas las verdades universales.
La sinceridad de cuando somos niños (una de las mejores cosas que tenemos en la infancia) tb la vamos perdiendo y se torna en diplomacia. O quizás, en sentido común (gracias, Wiza). Aunque está claro que, a veces, los críos tienen más sentido común que la mayoría de la gente. Y evidentemente, no es que ya no digamos lo que pensamos, es que ahora lo "suavizamos" y procuramos decirlo de manera que no genere conflictos, haga daño o pueda provocarnos algún problema. O lo que es peor: No lo decimos porque nos da vergüenza que alguien sepa lo que pensamos o lo que sentimos. Los críos no sienten vergüenza nunca de decir las cosas, de preguntar, de afirmar... Son ellos mismos siempre, naturales y sin prejuicios.
Y creo que a todos nos pasa igual siempre. Si miramos a un niño a los ojos, somos capaces de vernos reflejados en ellos, y conforme ese niño va creciendo, va perdiendo ese brillo tan característico. Va dejando atrás la inocencia, la ingenuidad, esa chispa de naturalidad y de espontaneidad. Se olvida de la sinceridad, y deja de decir siempre lo que piensa. Y es que, en este mundo en que vivimos, no se puede decir siempre lo que se piensa, y aparece la hipocresía. Aparece el orgullo... Es triste, pero es así. Son muchas cosas las que perdemos por el mero hecho de crecer. Pero porque tenemos que aprender a vivir en "el mundo real", con sus diferentes reglas y motivaciones...
Y lo primero que se pierde siempre es la inocencia. Y eso ocurre el día que recibimos el primer "palo" doloroso de verdad. El día en el que se nos cae el mundo al suelo y nos damos cuenta de que no todo es tan bonito ni toda la gente tan buena... Ése es el día en el que "crecemos", y en el que nuestra alma empieza a mancharse y emborronarse. Sí, al igual que con el retrato de Dorian Gray. Y lo peor es que ya no hay marcha atrás...
Puedo recordar perfectamente la fecha en la que yo me hice mayor y perdí mi inocencia. No se me olvidará nunca aquel 19 de mayo de 1993 (otro 19 de mayo nefasto). Porque es cierto que antes de eso yo era más optimista, más alegre, más confiada, menos susceptible, no tenía problemas con mi conciencia ni conflictos emocionales, y tampoco tenía por qué pensar que nadie iba a venir a hacerme daño. Vamos, que era feliz, vaya. Pero después de aquel día, empecé a "prestar más atención", a desconfiar, a ser más intolerante, más exigente, más rencorosa, más insegura, más borde... Aquel día dejé de ser yo y todavía no he conseguido olvidarlo. Así es...
Y, a partir de ahí, nos pasamos la vida intentando volver a recuperar nuestra alma de niño. Cosa imposible de conseguir, dicho sea de paso.
Frasecilla célebre del día: "He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: Un niño" (J.H.)
4 comentarios:
Preciosa tu entrada, la que más me ha gustado junto a la de la evolución del hombre jeje!.
Me paso los días rodeada de niños unos más grandes otros más pequeños, y cada día me enseñan algo. Por eso elegí ser maestra para estar cerca de los crios, que tienen esa inocencia, esa energía, esas ganas, optimismo.
Me encanta hablar con ellos, hacerles preguntas, y vaya respuestas que te dan con tan solo cuatro años.
Gracias my friend, te has superado.
P.D: Los colores son más intensos vistos desde lo ojos de un niño.
Gracias a ti. Ha sido una entrada inspirada ciertamente en la seño Nidia.. jaja... Y sí, pensaba poner tu frasecilla, pero me parecía plagio, así que me alegro de que la hayas puesto tú y hayas ilustrado con ella mi blog..
Un beso.
pos aunque se que te vas a enfadar, te dire que yo te he visto crecer en este mal sentido que describes... tu eres wena pa las fechas y recordaras el dia en que empezaste a "mercedarte"
no le puedo echar a "ellos" toda la culpa, algun "merito" tendre yo con mi mal ejemplo y to se pega menos lo bonico
y aunque sea una cerdada que te den la patá* porque no hay dineros yo me alegro de que te liberes en cuerpo y alma de este circulo viciado, porque asi hay mas posibilidades de que caigas en otro que espero sea mejor
y no le des mas vueltas a este comentario, que no las tiene ni las merece
*uno de los raros acentos que veo necesarios pa que me entiendas
No me puedo enfadar porque tienes toda la razón. Me estoy haciendo peor persona, sí, pero es porque hay que "sobrevivir" y si para hacerlo hay que amoldarse a lo que hay... Triste es que tengamos que cambiar nuestras maneras para conseguirlo, sí, pero, qué le hacemos?
Además, tú siempre me has dicho cómo son ahí las cosas,(aunque yo haya empezado a verlas por mi misma... Ya sabes, Santo Tomás...) así que siempre será algo que tendré que agradecerte.
Asias por tu coment.
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