martes, 12 de septiembre de 2017

Lo mejor de sí mismos

Este verano ha sido un tanto regulero. Es curioso cómo el tiempo puede pasar tan deprisa y tan despacio a la vez, dependiendo de lo que esté ocurriendo a tu alrededor en cada momento.
Mes y medio de incertidumbre, de espera, y 20 días enclaustrados.

Y en ese tiempo me he dado cuenta de que las cosas funcionan porque son las personas las que las hacen funcionar. 
Igual no tienen todos los recursos que debieran a su alcance; o igual, no existe todo el personal que demanda el resto, pero si el trabajo sale adelante, si todos los que hay se implican de esa manera tan excepcional, la cosa funciona siempre.

Con la que se lió en Granada hace un año con el traslado de especialidades y pacientes al nuevo hospital que habían construido "en el culo del mundo", allá en el Parque Tecnológico de la Salud. Nadie sabía dónde ir, ni qué hacer, ni cómo llegar... Ni siquiera el mismo personal del hospital sabía moverse por allí. Mucho menos, con pacientes a los que atender. 
El año pasado fue un descontrol, a pesar de lo moderno que lo habían construido, que estaba a la vanguardia de los hospitales españoles. 



Pero este verano, un año después y por circunstancias de la vida, he tenido que "vivir" allí casi tres semanas. He tenido la suerte de conocer a muchísimos profesionales que daba gusto ver trabajar. Y no sólo menciono lo bien que conocían su profesión, no. Es que de cada uno de ellos me llevo, además, el cariño y la cercanía que mostraban a diario; la atención, el respeto y el cuidado con el que nos trataban a cada instante; el apoyo, el aliento y el ánimo que nos dedicaban en los momentos regulares. Porque haberlos, momentos regulares, los ha habido.

El buen hacer, las buenas palabras, las buenas caras... Cada persona que entraba por la puerta, con la sonrisa pintada en la cara, preguntando qué tal la noche o cómo estaba, será digno de recordar para siempre. Y eso que imagino que ellos también tendrían sus problemas y sus historias en sus casas, con sus familias, con sus jefes... Pero allí estaban, dando lo mejor de ellos mismos.

Y no, no olvidaré a ninguno de los profesionales de la 4ª planta, en el "tercer dedo" del hospital Campus de la Salud de Granada. Médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadoras, celadores... .

Lola, Andrés, Javi, Inma, Cristina, Conchi, Paqui, Carlos, Silvia, Rita, Mª Carmen, Mª Jesús... Personas a las que no conocía de nada, pero que acabaron convirtiéndose en parte de mi vida y de mi familia, al convivir con ellos durante casi tres semanas, las 24 horas del día.




8 comentarios:

Miguel dijo...

La verdad es que hay mucha buena gente por el mundo. LO que pasa es que los que más ruido hacen son los otros, los malos. Yo también estuve un tiempo acompañando a mi madre en el hospital este verano y me pasa lo que a ti, que solo tengo agradecimientos para el personal del hospital.

Un beso.

guille dijo...

Es bueno reconocer el buen trabajo de los buenos profesionales.

Asi todo acaba bien y los buenos contentos.

¿Tres semanas? Parece mucho

Noelplebeyo dijo...

Esperemos que todo haya ido bien

La sanidad lo mejor del país, a pesar de las agresiones que recibe

Besos

Lourdes dijo...

MIGUEL, ah, veo que entonces me entiendes perfectamente. ;)
Besos!!




GUILLE, fueron tres semanas por complicaciones a última hora, pero ya salimos de allí. jejeje
Un beso!!




PLEBEYO, es verdad. Tenemos una de las mejores sanidades del mundo, y a ratos pienso que se la están cargando.
Besos para ti!

amelche dijo...

Espero que estés bien, un abrazo. Hay que defender la sanidad pública.

Un abrazo.

Lourdes dijo...

AMELCHE, sí, gracias, ahí seguimos. Un beso para ti!

Naranjito dijo...

Quilla, granaína, pero ¿ya estas mejorcita? ¿no? Es que hace mucho que no me paso por aquí. Espero que el próximo año sea una mijilla mejor
Un beso.

Lourdes dijo...

NARANJITO, sí, ya estamos mejorcillas, sí. jejej Gracias, apañao.
Unb eso grande para ti!